El paisaje es nuestro espejo
Grupo A.L.E.G.R.I.A
Enigma Ediciones
En lunfardo el término “grupo”, entre otras acepciones, varias vinculadas a lo delictivo como la de “estafador”, significa también “cuento” o “mentira”. Y bien que pueden esos últimos sentidos atribuirse a ciertos espacios literarios en los que más que la vocación por las letras y la difusión de la cultura prima el afán de notoriedad por parte de sus organizadores. Una honrosa excepción a lo dicho es el Grupo A.L.E.G.R.I.A, constituido formalmente en el año 2005 con la coordinación de la escritora Graciela Licciardi. Tuvo por antecedente inmediato un taller literario orientado por la profesora Cristina Pizarro Soldi, al presente puntal esencial de la cofradía de la que en sus orígenes participaron figuras de la talla de los ya fallecidos creadores Héctor Miguel Ángeli o Ernesto Goldar.
La trayectoria de A.L.E.G.R.I.A puede medirse por las realizaciones emprendidas con ahínco por sus participantes en estas más de dos décadas, siendo la última de ellas la edición del volumen de 380 páginas: “El paisaje en nuestro espejo”, una antología de prosas y versos para la que se tomó como objetivo trabajar sobre una unidad temática: el paisaje disparador de impresiones, reflexiones y homenajes; tal cual lo asentado por Cristina Pizarro Soldi en la Introducción: “esta antología exalta la pasión por encontrar explicaciones sobre el mundo que habitamos, con miradas diversas y fascinantes.” Sucede que en gran medida los autores presentes, mejor que simplemente elogiar con palabras almibaradas los paisajes, han sabido testimoniar, en muchos casos de manera vivenciada y no ajena a nostalgias particulares el “afuera” de sí, trasformando cierta vista exterior en signos de vida pasada capaz de entremezclarse con ensueños de porvenir. Y es que en rigor los seres humanos aportamos a la naturaleza nuestra subjetividad. Nada saben de nosotros ríos, pampas, cerros y mares; en cambio sí nosotros de esos panoramas e integrándonos en presencia o imaginación, los modificamos, los enriquecemos y los completamos espiritualizándolos. Entonces el Salado bonaerense, es “El río distante” para Vicente Barbieri, la novela estudiada en la Antología por José Luis Frasinetti. En el Delta nebuloso, Diana Bellisi advirtió que la luz “concentra algo ahí perlado y húmedo/ de antípoda belleza a la del sol ausente”, según el verso -como varios más de la poeta- abarcados por la chispa hermenéutica de Dora González. El viento pampero exhala para Héctor Villanueva “un aliento granítico” y así lo destaca Nuri Escorza en su estudio sobre el poemario “Oro de América” del nombrado representante de la Generación del Cuarenta y diplomático de larga trayectoria. O los bosques de Palermo y el porteño Jardín Botánico impulsan a Vilma Lilia Osella a memorar a su creador, el paisajista francés Carlos Thays, director de Parques y Paseos de la Ciudad de Buenos Aires, después de ganar por concurso el cargo y ser designado en él por el Intendente Francisco Seeber en 1891.
Mucho más debiera decirse sobre este libro de cuidada edición y dividido en cinco secciones encabezadas por un poema de Borges extraído de “Luna de enfrente”. Es justo al menos incorporar nombres que lo integran. Así, al azar y a solo modo de ejemplo, cabe anotar los de Carlos Enrique Berbeglia, Marcelo Bianchi Bustos, Aurelia Rosa Iurili, Lili Muñoz, Zulma Prina, David Antonio Sorbille, Mario Fidel Tolaba, Beatriz Olga Allocatti, Ramona Díaz, Sebastián Jorgi, Teresa Palazzo Conti y las antes nombradas Cristina Pizarro Soldi y Graciela Licciardi. (Carlos María Romero Sosa)
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