TIEMPOSMODERNOS@COM

ActualidadLa columna de José MuchnikNoticia importante

Paseando mis viejos años por calles de mi infancia resonaba el dicho “No es el tiempo que pasa, somos nosotros que pasamos en el tiempo”, muchos lo atribuyen a Einstein, aunque filósofos griegos ya lo habían afirmado mucho antes. Así es, transcurrimos sin cesar en este tiempo fluido que nos va aflojando huesos y sesos. Difícil entender nuestro recorrido, leer el mundo, nombrarlo, poner palabras a cambios que nos dejan perplejos. Le contaba a mi nieto que cuando cursaba la escuela primaria no existía el teléfono celular, ni las computadoras individuales, ni…. Tendrían que ver su mirada incrédula. Los acontecimientos se suceden a gran velocidad, se repiten guerras nuevas con viejos aromas de muerte, innovaciones tecnológicas desafían nuestra imaginación, inteligencia artificial en pocos años abrió tentáculos, el pulpo aprieta, modifica nuestra vida cotidiana… Fuego, escritura, rueda, máquina de vapor, electricidad, telefonía, computadoras… ¡El hombre descubriendo, siempre descubriendo! Por supuesto que es legítimo preguntarse si de una cierta manera “todo cambia, pero nada cambia” ¿Cuáles son las constantes que nos llevan a repetir tragedias en la historia de nuestra especie, llamada humana? La marejada de cambios tecnológicos nos trae el mismo interrogante ¿Tecnologías al servicio de la gente o gente al servicio de las tecnologías? Por algo nos habían prohibido la manzana del conocimiento, Adán pecó y nos echaron a todos del paraíso. De cualquier manera, es tarde para arrepentirse, la bola ya está rodando, vaya a saber cómo caerá. ¿Qué contarles a los habitantes del futuro? ¿Hablarles de los restaurants robotizados en Seúl? ¿De los taxis sin chofer en Los Ángeles? ¿De los drones último modelo que vigilarán los cielos del próximo mundial de fútbol?… Gracias a Dios hay cosas que se respetan, pese a todo lo que estamos viviendo el campeonato comenzará, como estaba previsto, el mes de junio próximo en USA, Canadá y México. Entonces tendré qué contar, por ahora, si es para agregar confusión a la confusión prefiero callarme.

Ese era mi estado de “pensamiento tremens” mientras caminaba por las calles de Boedo, de golpe me topo con ese chico llorando a moco tendido, cabeza entre las rodillas, espalda contra un enorme conteiner de basura, emitía quejidos entrecortados, la motoneta para reparto rápido de comida tirada a un costado. Me senté en un umbral a prudente distancia. Esto sí es moderno, merece ser contado, en este instante, un ejército de repartidores, en Calcuta o New York, en el Cairo o París, recorren las calles del mundo, entregando comidas, correos, encomiendas…, dirigidos desde una plataforma con algoritmo en el corazón… Sorpresivamente sale otro joven del container. Como si luego de bucear entre la basura emergiera a la superficie ¡¿Qué te pasa?! ¿Por qué hacés esos ruidos? Pensé que eran ratas, por eso salí. Lo miró, se sentó a su lado… ¡Dejame tranquilo chabón, dejame tranquilo! Siguieron hablando, pero no escuchaba bien. Cuando le puso el brazo en el hombro me emocioné, miren estos dos, la humanidad existe, pese a todo la humanidad existe.

¿Me querés decir qué hago ahora? ¿Cómo le digo a mi vieja? No era mucho, pero era la única guita que entraba en casa. Me echaron de la plataforma, como a un sorete, te tiran, y chau. Mirá el mensaje que recibí. “Le informamos que por no respeto de las reglas establecidas, de común acuerdo entre las partes, vuestro contrato con nuestra sociedad queda anulado a partir de la fecha. Le recordamos que los objetos pertenecientes a la empresa deben ser restituidos en un plazo máximo de cuarenta y ocho horas”. No sabés porqué te rajan, ni siquiera hay un patrón en carne y hueso para preguntar. Manda el algoritmo. Hace tres años que tenía este laburo, cuando lo conseguí en casa estaban recontentos, como si me hubiese recibido de doctor. Ahora, de un día para otro te dejan en la calle. Te lo juro, no sé qué hice mal… Bueno, meé en la esquina de aquel bar, es sólo para clientes me gritó cuando estaba por entrar al baño, por favor me estoy meando, estoy todo el día sobre la moto, solo para clientes dije, rajate, no voy a repetirlo. El chorro salió con bronca en la esquina, comenzó a serpentear entre las baldosas hacia la puerta del bar, alcancé a escapar, desde lejos todavía escuchaba las puteadas del dueño. Tal vez me denunció, hijos de puta sobran. Si querés, para salir del paso, podés venir a cartonear conmigo, tampoco es sencillo, capangas hay en todos lados, no tenemos algoritmos, pero te cagan con la balanza para pagarte menos, siempre de alguna manera te cagan.

Aunque no escuchaba seguía mirando la escena, vaya a saber qué le habrá pasado, tal vez tuvo problemas con un cliente, o le afanaron, o se le cayó la conexión internet… Los culpables son siempre los que laburan. Capitalismo digital, el progreso tecnológico al servicio de unos pocos, te usan y te tiran, te usan y te tiran, deshumanización del trabajo, por un lado, robotizan, por otro transforman a los hombres en robots. En ese momento me acordé de la película de Chaplín (1) ¡Genial! El trabajo mercancía, la alienación… ¿Qué cambió? Encima lo presentan como un progreso de la libertad individual. No tienen vacaciones, ni seguro médico, ni indemnización válida en caso de despido…Pero venden “microempresarios” independientes, con un “trabajo flexible”, y “libres” de organizar su tiempo como prefieren. Nada nuevo bajo el sol, manipulación del lenguaje, hecho fundamental que se repite a lo largo de la historia. El lenguaje también es sometido, libertad, flexibilidad, empresario…, palabras con carga simbólica positiva manipuladas por el sistema. La ideología queda a la vista del público, individualismo extremo, terreno fértil para la “nueva extrema derecha”, no quiere saber nada con el Estado, ni con las organizaciones sociales. ¿Para qué tanta burocracia estatal que mantenemos con nuestros impuestos? Algunos individuos “exitosos” les sirven, tú puedes, si yo pude tú también puedes, así la mayoría puede llegar a pensar que alguna vez ellos también serán exitosos.

¿Qué hacen ahí tirados maricones? Un tercero estaciona la motoneta y se acerca. ¡Qué cara que tenés! ¿Estuviste llorando? Dejalo tranquilo, no lo jodas. ¿Y vos quién sos, el delegado sindical? Pará, pará, no te enojes, fue un chiste. Mirá querido, yo de a poco me fui convenciendo, esto no lo vamos a cambiar nosotros, no queda otra que rebuscárselas, me hice “influencer”, ahora saco fotos de las comidas que entrego, pongo un comentario y las posteo en las redes, cada vez anda mejor, si me quieren rajar que me rajen, parece que a todos les conviene, estrategia “win-win”, así le dicen chabón, todos ganan. Vamos, vengan que les pago una birra.

Esperé que se alejen, me levanté y seguí mi camino, trataba de imaginar qué les habrá dicho el que llegó al final. En todo caso ya tengo qué contar a los habitantes del futuro. Josecito lo de “Capitalismo digital” no queda claro. Como decía mi amigo el Negro, mejor no aclaro para que no oscurezca. Llámenlo como quieran, de alguna manera hay que nombrarlo, esto recién empieza. No estoy contra las computadoras, ni contra internet, ni los robots, ni la inteligencia artificial…, pero subrayemos que se trata sólo de herramientas, la cuestión es quién se apropia de esas herramientas, con qué finalidad. Hasta ahora es evidente que fue el sistema capitalista quien se apropió de los cambios originados por la revolución digital. ¿Se puede organizar una reapropiación social del progreso tecnológico? Me parece una pregunta clave, se las dejo picando.

1.“Tiempos Modernos” Largometraje de Charles Chaplin, 1936.


Discover more from DESDE BOEDO

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Deje su comentario...

Share via
Copy link
Powered by Social Snap