La muerte del indio Solari

Notas de Edgardo Lois

Agranda el vacío que enturbia. Crece la entidad que devora. Es cuando mil veces maldita la muerte. Fundido a negro. Una herida. Un tajo entre las palabras. La necesidad de bocetar la herida. Toma aire la ausencia. Ha muerto el Indio Solari. No digo nada. En la luz amarreta de la mañana. Profundo el silencio. Estoy solo. Afuera el mundo cruel. Apenas una garúa en los ojos. Enseguida la memoria se brinda al rescate. La presencia del Indio como referente de la cultura. Artista. Testigo. Maestro. En los días en que mi identidad tomaba cuerpo y almas. Un puñado de almas. Una ricotera. Hace poco más de veinticinco años que por única vez asistí a una misa. Soy creyente, ahora, hoy, en la mañana triste que avanza. El estadio como altar de lo desesperadamente humano. “Todo preso es político”. “Ángel de la soledad y la desolación”. “Las más lindas piernas que vi”. “Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón”. “Rara vez esta vida tiene sentido, amor”. “Fue por una lluvia que realmente moje”. “Vivir solo cuesta vida”. El día continúa. Parte de una novela eterna.


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