Cultura

¿Cambia Radio Del Plata?

Cuando aún se escuchaban los “chinchines” del brindis por haberse acreditado el Premio Éter a la mejor programación, la empresa Electroingeniería, titular de Radio del Plata, le sacó tarjeta roja a la dupla de directores artísticos –Claudio Villarruel y Bernarda Llorente– y de manera intempestiva  les prohibió el ingreso a la emisora en clara señal de que el desacuerdo había llegado hasta el tuétano.

 

Parece ser que el detonante fue la imposición de Daniel Tognetti –recién desvinculado de Duro de domar– para ocupar la segunda mañana de Del Plata en lugar –nada menos– que de Mónica y César y su década de exitosa trayectoria en ese segmento de la emisora.

Lo de Mónica Cahen D’Anvers y César Mascetti –que serían reubicados en un programa semanal de la grilla de los sábados– no se puede precisar si responde a un desplazamiento o a un convenio de mutuo entendimiento para alivianar la saturación de la pareja obligada a un incómodo traslado diario desde su residencia en San Pedro. El tiempo y los propios implicados, seguramente, aclararán los pormenores.

Y decíamos el detonante, porque los desacuerdos que se vienen arrastrando comenzaron con lo relativo a “360 TV”, de idéntica tutela propietaria y artística, a la que los dueños no proveyeron en tiempo y forma para acceder a la adecuación digital por lo que artísticamente se debió recurrir al subterfugio de transmitir por televisión en vivo parte de la programación radial de Del Plata. Y Villarruel proveyó en alquiler –que nunca le pagaron, según manifiesta– una casa de su propiedad para alojar las oficinas de la emisora. “Me contaron que hay empresas ‘muy’ importantes que se dedican a usurpar casas. ¿Será así? @RadioDelPlata”, twitteó el expulsado minutos después de abandonar el “campo de juego”. El punto de no retorno llegó en vísperas de Navidad como regalito no solicitado a Papá Noel.

Cierto es que la dupla de conducción artística tiene su mérito para la votación popular mediante la que se otorgan los premios Éter y el notable crecimiento del rating de la emisora.

El “target” de Del Plata apuntó sus cañones matutinos a la mezcla populachera a la que se prestó graciosamente el “Gato” Sylvestre con sus berridos –que obstinadamente llama canto– aplaudidos por la barra “pami” proclive a la sordera. La mesa desordenada donde todos opinan de todo al unísono. Las publinotas –pagas– para tirar centros a los políticos invitados. La incorporación de un sujeto de verba inaguantable, al que sus propios compañeros apodan “metralleta”, dedicado al puterío artístico y a los picos de rating de Ibope, donde Sifema sólo tiene, al pie, un breve espacio comparativo. El programa se completa con las valiosas intervenciones de un imitador de excepción como Walter López y las inefables llamadas de los oyentes, casi totalmente circunscriptas a las libaciones de calcetines a cambio de la inclusión en el “sorteo por un asadito”. Ese segmento inicial de la mañana disparó el minuto a minuto de la emisora con el dudoso camino –ya trajinado por Villarruel– de concesiones a la por él definida como “buena onda”, una suerte de emulsión lograda sacudiendo gusto popular y circo en las proporciones adecuadas. Y un Gustavo Sylvestre que se muestra muy proclive –contrariamente a su sobriedad en televisión– a “casar enanos” en cuanto se lo propusieran.

Parece que el verano va a sedimentar con cambios en la 1030, con un ex director artístico en abierta guerra con sus ex patrones al punto de twittear: “Pregunta: ¿Puede ser que haya empresas que no hagan los aportes previsionales y de salud de sus trabajadores? @RadioDelPlata” –y vos que lo acabás de descubrir ¿No, Villarruel?. No sería la primera vez que uno de estos ubicuos productores que aparentan firmes convicciones formulen como Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.”

 

 

 

 

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