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Prevén demoler el legendario techado de 1ª Junta

Un Tassara de la línea 1 aguarda al pasaje (c. 1960)
¿Qué se les ocurrió a los especulativos cerebros del Ministerio de Ambiente y Espacio Público? Nada menos que demoler el centenario templete que provee techado al acceso al “subte A” en la plaza Primera Junta y reemplazarlo por una jaula vidriada, una especie de invernadero de dudosa funcionalidad y mucho más dudoso gusto. Por Mario Bellocchio
El techado como se ve actualmente

En épocas de vacas flacas en las que el presupuesto se retacea a cosas elementales como el mantenimiento de establecimientos educativos y de hospitales y su consecuente provisión de insumos indispensables, cuesta soportar el dispendio en obras innecesarias o, cuando menos –y con benevolencia–, postergables. Claro que con el fin de sostener slogans como “Estamos cambiando la ciudad” –¡y vaya si la están cambiando!– la comunidad de “Los amigos del poder” –auspiciados y sostenidos por el poder– es capaz de correr el Obelisco, de ser necesario para el “curro” licitatorio y/o el tachín electoral.

Y hablando del Obelisco, hasta los “conservas” de los años 30’s tenían otro criterio para la obra pública: priorizaban la necesidad social o la proyección de futuro –la Gral. Paz es un claro ejemplo– y no retrocedían en el tiempo con monumentales obras como la vuelta a la Corrientes angosta vía una caprichosa concepción de la peatonalidad que prioriza al andante en plenitud de su vitalidad que puede desplazarse cuadras enteras sin auxilio de transporte y que, frecuentemente, desdeña con su discutible concepción de la “puesta en valor” el diseño original de lugares con valor patrimonial: caso Plaza de Mayo.

Vista interior del actual techado

Fuera de la discusión obras como los viaductos ferroviarios o un par de “metrobuses” que han demostrado su efectividad aunque se realizaron de la forma más cara posible –como el carril de circulación exclusiva de autobuses de la 9 de Julio, pomposamente denominado Metrobús (*)–, bueno, ahora, año electoral de 2019, los misiles apuntan a los sitios urbanos de gran exposición para que la intervención tenga la mayor notoriedad posible. ¿Y qué se les ocurrió a los especulativos cerebros del Ministerio de Ambiente y Espacio Público? Nada menos que demoler el centenario templete que provee techado al acceso al subte A en la plaza Primera Junta y reemplazarlo por una jaula vidriada, una especie de invernadero de dudosa funcionalidad y mucho más dudoso gusto.

El centenario techado fue construido en los años 20’s por la Compañía Anglo Argentina para ser utilizada como parada de tranvías. El subte, cuya estación Primera Junta –entonces y hasta hace poco tiempo, terminal de la línea– se habilitó en 1914, mantenía un servicio que emergía por la rampa de Emilio Mitre circulando a nivel sobre Rivadavia hasta Lacarra, que luego se reemplazó por el trasbordo al tranvía 1. El techado en cuestión se realizó para brindar cobijo al pasaje que utilizara ese servicio. Y a estar de su historia, funcionalidad y diseño, podría seguir cumpliendo su labor de protección del acceso a los andenes del subte, con segura ventaja estética e histórica –y ni hablar económica incluyendo el costo de una lavada de cara de la construcción– sobre el mamarracho funcional con que se pretende reemplazarlo.

Render del techado del proyecto

Pero ¿cómo no agregar un dispendioso e inútil gasto a las obras de “mejora” del entorno que se completarán con el ensanche de la avenida Rivadavia entre Nicolás Repetto y Federico García Lorca a expensas del achicamiento de la rampa que comunica la línea A con la superficie? Obra ésta que reviste un cierto grado de razonabilidad ya que agregará un necesario carril a la angosta Rivadavia que circula hacia el oeste entre esas dos arterias –y la alternativa de giro por Cachimayo hasta ahora vedada– con expresa reserva en su licitación, ya lanzada en enero de este año, de los valores patrimoniales de los muretes y verjas de la citada rampa. Esa preocupación, sin embargo, no parece regir para el techado que se prevé demoler.

Suena a capricho especulativo y, ahondando un poco más, a un modus operandi larretiano de desprecio de los valores patrimoniales en favor de los amigos y favorecidos de la obra pública adjudicada.

 

 

(*) Ver al pie el editorial que publicó DESDE BOEDO al respecto en su Nº 128 de marzo de 2013.

 

 

EDITORIAL (Nº 128 marzo 2013)

El “metrobús” que no fue
Ilustración DESDE BOEDO del proyecto del Arq. Livingston

Haciendo la generosa suposición de necesidad del “metrobús” en la avenida 9 de Julio en desmedro de una más práctica decisión de incrementar los servicios del subte C, las soluciones del trazado de este engendro fueron, entre las múltiples opciones, las más costosas e imprácticas que pudieron adoptarse.

Pese a que las organizaciones patrimonialistas y ambientalistas se han movilizado prestamente, la topadora macrista, con abierta PROpensión a derribar antes de consultar legislaciones e impactos en el medio, avanza con sus carriles exclusivos en la 9 de Julio. Porque, convengamos: la pretensión de denominar “metrobús” a esta “pista” por donde circulan nuestros habituales colectivos no resulta graciosa, sólo porque es trágica, a juzgar por sus consecuencias. La medida cautelar los inhibe momentáneamente de tocar nada verde, pero como ya voltearon al voleo pueden seguir trabajando a ritmo sostenido en los lugares donde no dejaron ni un trébol en pie. La descabellada calzada de unos tres mil metros de recorrido entre Arroyo y la avenida San Juan ¿unirá? dos puntos antinodales –no son nodos de concentración como Constitución o Retiro a los que abarca el subte C– a partir de los cuales los buses deberán retornar a su circulación habitual. Que los colectivos recorrerán las 26 cuadras muchísimo más rápido que actualmente –como afirman–, no cabe duda. La pregunta es si es necesario a esta altura volver a recorrer el milenario análisis de si “el fin justifica los medios”. Porque, de no tratarse de un negocio de 166 millones de pesos (según lo presupuestado al efecto por el Gobierno de la Ciudad) y la exposición mediática que significa la obra faraónica, seguramente este proyecto, cuyo esquema acompaña estas líneas, basado en manifestaciones del arquitecto Rodolfo Livingston –la idea inicial es la de inversión de la circulación vehicular de Carlos Pellegrini / Bernardo de Irigoyen y Cerrito / Lima para transformarlas en arterias de circulación exclusiva–, habría tenido mayor razonabilidad evitando todo el deterioro paisajístico y –lo relevante– un presupuesto sensiblemente inferior para su realización, con la ventaja adicional –a las muchas que presenta su sencillez– de una propuesta complementaria que incluye a los taxímetros y la circulación zonal (garages) y turística.

 

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