EditorialPrimera plana

Trelew

Hoy, 22 de agosto, se cumplen 44 años de la Masacre de Trelew, el fusilamiento de 1972 que causó la muerte a 16 prisioneros políticos durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, verdadero lanzamiento del terrorismo de Estado que se extendería, a escala masiva, durante el “Proceso” cívico-militar de 1976/83.

En la madrugada de aquel día, 16 jóvenes prisioneros políticos fueron asesinados y otros tres sobrevivieron con graves heridas al fusilamiento seguido por disparos de gracia en la base naval Almirante Zar de Trelew, en lo que la dictadura de entonces pretendió presentar como resultado de un inexistente “intento de fuga”.

El 15 de agosto de 1972, esos 19 jóvenes formaban parte del contingente de guerrilleros presos –entre integrantes del ERP, FAR y Montoneros– que logró escapar de la cárcel U6 de Rawson con el objetivo de salir a Chile en un avión desde el aeropuerto de Trelew, próximo a Rawson, la capital de la provincia de Chubut.

Pero este grupo no llegó a tiempo y el avión despegó con sólo seis evadidos que salieron antes en vehículos desde la cárcel y alcanzaron a abordarlo: Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna (ERP), Roberto Quieto y Marcos Osatinsky (FAR) y Fernando Vaca Narvaja (Montoneros).

Cercados por tropas de la Armada, los otros 19 militantes, que tras superar imprevistos llegaron más tarde al aeropuerto, sólo aceptaron rendirse después de pactar con los jefes navales que serían devueltos a la cárcel de Rawson con todas las garantías, en una negociación presenciada por un juez, abogados y periodistas.

No obstante, el pacto fue incumplido y los presos recapturados fueron conducidos a la base Almirante Zar de la Armada, donde días después, el 22 de agosto pasadas las tres de la madrugada, fueron fusilados.

En esos hechos murieron Carlos Astudillo, Rubén Bonet, Eduardo Capello, Mario Delfino, Carlos Del Rey, Alfredo Kohon, Clarisa Lea Place, Susana Lesgart, José Mena, Miguel Polti, Mariano Pujadas, María Angélica Sabelli, Humberto Suárez, Humberto Toschi, Jorge Ulla y Ana Villarreal de Santucho.

María Antonia Berger, Alberto Camps y Ricardo Reneé Haidar sobrevivieron con graves heridas y dieron su testimonio sobre estos crímenes, en primer lugar, para el libro “La patria fusilada” de Francisco Urondo, mientras los cuatro estaban todavía presos en la cárcel porteña de Villa Devoto. Berger, Camps y Haidar, igual que Urondo, fueron asesinados durante la última dictadura.

Elevada a juicio en el 2009, la causa por la Masacre de Trelew llegó a sentencia cuatro décadas después de consumada, en octubre de 2012, cuando el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia condenó a prisión perpetua a Emilio Del Real, Luis Sosa y Carlos Marandino como “coautores responsables del homicidio con alevosía” de 16 presos políticos y tres tentativas de homicidio.

El Tribunal, para el cual se trató de crímenes de lesa humanidad, absolvió en cambio a Rubén Paccagnini, que era jefe de la base Zar cuando la masacre, y a Jorge Bautista, enviado el mismo 22 de agosto para instruir el sumario que sirvió para armar la versión oficial del falso “intento de fuga”.

En marzo de 2014, la Cámara Federal de Casación Penal anuló las dos absoluciones, dejó firmes las penas de prisión perpetua impuestas en 2012 y calificó a los crímenes como “delitos de lesa humanidad”. En 2016 murieron Sosa y Del Real, por lo que, de los tres condenados como coautores del fusilamiento, sólo está vivo Carlos Marandino y además sigue prófugo Roberto Bravo, otro oficial de la Armada implicado en la Masacre de Trelew, que reside en Estados Unidos y cuya extradición, solicitada desde hace años por la justicia Argentina, fue denegada por jueces estadounidenses. Organismos de derechos humanos pidieron una vez más a Estados Unidos la extradición de Bravo ante la visita que el presidente Barack Obama hizo en marzo de este año a la Argentina, sin respuesta hasta el momento.

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