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Otra vez lunes

La lucha contra la alienación del sistema y la rutina
Muy buenos trabajos actorales. Foto: Alternativa Teatral
Aunque el tiempo pase, las modas cambien y los usos y costumbres se renueven, hay algo que parece no alterarse: el hombre en sociedad se escabulle, se ensimisma y finalmente pierde totalmente su identidad. Al menos por un rato. Ese rato que implica relacionarse con una masa alienada. Entre la timidez y la turbación, invadido por la cantidad de estímulos que llegan desde el exterior, este hombre no puede más que replegarse hacia sí mismo. Así lo veía Poe en su hombre de la multitud: gentes que viajan sin pensar en el otro, sin advertir siquiera al mundo que los circunda, y así los (nos) ve también Pablo Bellocchio y Cecilia Grüner en su obra Otra vez lunes.

¿Qué mayor símbolo de alienación que el propio “lunes”? Ese que representa la tediosa rutina, el comienzo de una semana que será igual, pesadamente igual, a la anterior y que la próxima y así al infinito. Un inicio de semana que da cuenta de unos días que lo precedieron, días de “completa libertad” y de unos días venideros que, parece, este hombre rechaza por su falta de gracia, en la amplia acepción del término.

Aquí la historia se centrará en un hombre, uno de los tantos que integran aquella multitud homogénea, uno solitario, desesperado en su añoranza por un pasado que perdió (seguramente por una abulia incapacitante también). Es que alguna vez tuvo cuadros, una panera, sobremesas, alguna vez fue de un lugar. Sí, pero ahora ya no. Está claro. En su gesto hay tristeza que con el tiempo se convertirá en desgano y ese desgano en inercia que lo llevará irremediablemente a confundirse con el otro y perderse por completo.

Él no quiere, rechaza fuertemente convertirse en un esclavo feliz, no quiere estar alienado. Quiere conservar su distinción, sus gustos, sus recuerdos, sus nostalgias. Pero como si la sociedad de consumo fuera un monstruo gigante al que este hombre es incapaz de enfrentar, el sistema lo va cooptando hasta hacerlo perderse por completo. Se vuelve autómata y repite el discurso establecido.

Para marcar la fuerza arrolladora de la rutina, Bellocchio se vale de procedimientos puramente teatrales: la danza para marcar la coreografía de la rutina, los movimientos que se repiten a diario, como si de alguna manera la abulia tuviera su propio baile; la duplicación ya que por momentos lo que se ve en escena también es narrado para lograr el efecto de extrañamiento de estos rituales que solemos repetir a diario y que cotidianamente nos resultan gestos normales, comunes. ¿Es que acaso está bien viajar apiñados, agolpados con extraños y, en medio de esa marea humana, pretender responder a preguntas personales si a un conocido nos cruzamos?

El arte aún sigue siendo el lugar de resistencia pero sobre todo el lugar para diferenciarnos. Aparece Cortázar, la danza, el teatro puro y la música para mostrarnos la salida. Y sí, un lunes se puede ver teatro.

Jazmín Carbonell para LA NACION
DOMINGO 16 DE ABRIL DE 2017

Otra vez lunes / Dramaturgia y dirección: Pablo Bellocchio y Cecilia Grüner / Dirección: Martín Joab / Intérpretes: Marianela Avalos, Fernando del Gener, Nicolás Dezzotti, Florencia Lama, Omar Morón, Delfina Oyuela, Josefina Rotman, David Subi, Mariví Yanno / Música original: Jerónimo Duarte / Vestuario: Gina Michienzi / Iluminación: Pablo Calmet / Audiovisuales: Mara Rojas / Asistencia de escena y dirección: Paula Cortona / Sala: Nün Teatro, J. Ramírez de Velazco 419 / Funciones: lunes, a las 21 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena

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