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Lo oculto se hizo visible

Hace hoy, 27 de octubre, siete años, fallecía imprevistamente el ex presidente Néstor Kirchner. Del vacío de entonces y el gran despliegue popular en su velatorio hablaba en esta nota María Virginia Ameztoy.

Cuando algunos –por interés especulativo o por simple desconocimiento– afirmaban hasta hace muy poco que la “clase media” no apoyaba al gobierno nacional sino que integraba las filas de la oposición, ignoraban lo que estaba a punto de suceder. La inmensa multitud que asistió al velatorio de Néstor Kirchner estaba compuesta por diferentes sectores sociales, desde los más humildes, pero, fundamentalmente, por una gran mayoría de sectores medios de nuestra sociedad.
En el presente, el concepto “clase social” ha variado mucho respecto al que se tenía en el siglo XIX. Hoy ya no resulta posible referirse a las clases como grupos sociales cristalizados, con todos sus indicadores –tipo de vivienda, ingresos, nivel educativo, entre otros– en pareja analogía, ya que se dan casos en los que existen grandes desigualdades entre esos indicadores, como agentes sociales con un alto nivel académico y bajo nivel de ingresos. Y viceversa.
Volviendo al análisis del velatorio del expresidente, a los cientos de miles que poblaron la Plaza de Mayo y otras plazas y espacios públicos del país, deben sumarse los que siguieron todos los acontecimientos a través de la difusión realizada por los canales de televisión o Internet.
Los asistentes acudieron, algunos, encolumnados en diferentes tipos de organizaciones sociales. Otros, y en gran cantidad, fueron espontáneamente, solos, en grupos familiares, con sus amigos…
Un hecho relevante es el promedio de edad de los que desfilaron incesantemente durante los tres días de congoja y luto popular; podríamos aventurarnos a afirmar que la media no sobrepasaba los 35 años.

La magnitud de la manifestación popular evidenció hechos sociales persistentemente ocultados y escamoteados por los medios hegemónicos y hegemonizantes del poder económico, a partir de la utilización de los canales que propagan su discurso.

Más allá del duelo y la congoja, o partiendo precisamente de ellos, asistimos a un considerable fenómeno: el pueblo revalorizando a la institución presidencial en manos de quienes tiene un plan de gobierno con un diseño de proyecto de país, en lugar de anteriores meros ocupamientos institucionales del cargo, vacíos de contenido político-ideológico y siguiendo el surco de lo pautado por intereses ajenos a los nuestros. A la vez, se manifestó una revalorización de los conceptos de política y nación: política en términos de participación, nación como la expresión de un “nosotros”.
Además de la expresión de dolor por la partida de un enorme líder popular, el fervor y la dimensión de la concurrencia dan cuenta de por lo menos dos tipos de adhesión: por un lado, los que desde siempre apoyaron al gobierno y a todas las medidas llevadas a cabo; por otro, los que acuerdan con alguna o varias de sus políticas de Estado.
La obstinada oposición a todas las medidas puestas en vigencia sólo es explicable cuando quienes la sustentan tienen por objetivo instaurar el retorno de la era neoliberal, de aquel modelo de transferencia de ingresos del pueblo a los grupos económicos concentrados y de éstos a los centros de poder económico mundial.
Al respecto podríamos inferir que la institución presidencial soñada por el establishment sería aquella en la que el presidente fuera un mero gerenciador que cumple la agenda pautada desde afuera por los grupos económicos transnacionales y que es puesta en acto por sus personeros locales…

Con este propósito pretenden detentar el poder. Y aquí es válido el verbo, ya que detentar es apropiarse de algo ajeno. En base a estas reflexiones resultaría interesante analizar qué significa realmente oposición. ¿A qué se opone cierta oposición?

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En contraste con esta realidad que pretenden imponernos, así como en toda comunidad se producen y reproducen bienes materiales, existe la reproducción social de pautas valorativas y actitudes.
A partir del 27 de octubre se hizo visible la participación política de amplios sectores sociales y, por sobre todo, se puso de manifiesto el regreso de la juventud.
María Virginia Ameztoy (14 de noviembre de 2010)

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