Las islas Malvinas

CulturaDe libros y lectores

Alfredo L. Palacios
Editorial CLARIDAD

En el definitorio –y no solo para el Viejo Mundo– año de 1939; exactamente el 9 de julio, se hizo realidad en la Argentina una iniciativa patriótica: se conformó la Junta de Recuperación de las Malvinas. La presidió el entonces Senador Nacional por la Capital, doctor Alfredo L. Palacios y entre otros la integraban, su vicepresidente y luego presidente, el magistrado e historiador malvinero doctor Antonio Gómez Langenheim, los doctores Laurentino Olascoaga, Rodolfo Irazusta, Carlos Obligado, Ramón Doll, Santos S. Fare, los señores Juan Carlos Moreno, Juan Bautista Magaldi, el General Juan B. Ithurbide, el Capitán Natalio Mascarello, el Capitán de Fragata Eduardo Videla Dorna y el ingeniero José Cilley Vernet.
Acto de justicia fue que los nombrados acordaran designar a Palacios a cargo de la institución, que entre otros logros organizó un concurso para crear la marcha de las Malvinas, del que fueron ganadores el maestro José Tieri y el poeta y académico Carlos Obligado. Ciertamente ya en 1934 el entonces diputado Palacios alegó en la Cámara Baja lo concerniente a los irrenunciables derechos sobre el archipiélago. Ese mismo año la Editorial Claridad dio a conocer su libro “Las Islas Malvinas, archipiélago argentino”, prologado por el jurista Jorge Cabral Texo; una obra varias veces reeditada. La vasta bibliografía y el archivo del primer legislador socialista de América electo en 1904 dan cuenta de los numerosos estudios y de sus discursos dedicados al tema americanista. Inquietud probada con su vínculo solidario con el nicaragüense Sandino o con el puertorriqueño Pedro Albizu Campos, el que cumplía prisión en Atlanta y para quien solicitó en 1942 al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt un indulto. Es que su socialismo se nutría de nuestras tradiciones y era al tiempo americanista y nacionalista en el mejor sentido del término. De allí su atención puesta a menudo sobre el tema Malvinas, un reclamo territorial y espiritual en especial a valorar en 1934, cuando pocos lo hacían en plena Década Infame, como que nada podría exigir la oligarquía probritánica en el poder a la Inglaterra dueña de los resortes de nuestra economía con su consentimiento. El libro de Palacios de casi 180 páginas reúne y de algún modo agota los antecedentes históricos aportados por Groussac y Gómez Langenheim revelando otros nuevos al tiempo que suma elementos jurídicos para hacer valer nuestros derechos sobre las Islas del Atlántico Sur. Todo ello enriquecido con sus intervenciones en el Congreso sobre la cuestión. Por eso la obra constituye un ejemplar alegato patriótico digno del mayor legislador argentino de nuestra historia parlamentaria. (Carlos María Romero Sosa)


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