la trampa

ActualidadLa columna de Leonardo BusquetPrimera plana

Era otro el país de los argentinos (aún con sus permanentes vicisitudes y contradicciones), otra sociedad. Pero el nuevo esquema, atrapado en los condicionamientos de la tiranía tecnocrática cambió progresivamente las reglas de juego, y ciertas costumbres quedaron perdidas en los tiempos andados.

Recuerda Giuliano da Empoli, en su libro La Hora de los Depredadores, que: “Mientras la competición política se llevaba a cabo en el mundo real, en las plazas públicas y en los medios tradicionales, las costumbres y las reglas de cada país fijaban los límites, pero cuando pasó a ser telemática, el debate público se convirtió en una batalla campal en la que todo está permitido, y cuyas únicas reglas son las de las plataformas. Así, el destino de nuestras democracias se juega cada vez más en una especie de Somalia digital, un Estado fallido a medida planetaria, dominado por la ley de los señores de la guerra digital y sus milicias (…)”. El autor advierte que, “el caos ya no es el arma de los insurgentes, es el sello del poder”. Suena apocalíptico, pero la contundente realidad desbarata cualquier argumento en contrario.

La ciber tiranía impuesta desde los centros del poder real abaratan y hasta destruyen cualquier pretensión humana de superación. La tecnología avanza con total impunidad, mientras la calidad de las personas se degrada hasta tocar el piso más barroso de la mediocridad, el individualismo consumista y la chatura moral. El controvertido ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, pudo observar en el tramo final de su vida (murió a los 100 años en noviembre de 2023), los pasos iniciales de la Inteligencia Artificial (IA). Lo hizo con cierto asombro nutrido de muchos interrogantes y no pocos temores: “el conocimiento humano pierde su carácter personal, los individuos se trasforman en datos y los datos se vuelven preponderantes (…) desarrolla una capacidad que se creía reservada a los seres humanos. Emite juicios estratégicos sobre el futuro”. Giuliano da Empoli agrega: “La IA no es más que un simple acelerador de poder, se trata de una nueva forma de poder, diferente de todas las máquinas inventadas por el hombre hasta ahora. Si la automatización se refería a los medios, la IA se interesa en los fines; establece sus propios objetivos (…)”. Hay, entre varios, un dilema que plantea con crudeza el sociólogo ítalosuizo: la escisión clave entre el ser humano tal cual lo conocimos hasta ahora y la máquina convertida en humanoide, disyuntiva que en política se plantea entre el Estado (como organización política y jurídica de un país y de su población) y el mercado (a través de las leyes que imponen los poderosos).

Interroga el autor: “¿En qué medida nuestras vidas deben someterse a potentes sistemas digitales y en qué condiciones? A fin de cuentas, los individuos y las sociedades deberán decidir qué aspectos de la vida hay que reservar a la inteligencia humana y qué otros han de confiarse a la IA, o a la colaboración entre el hombre y la IA. Y cada vez que elijan privilegiar al humano, en situaciones en las que una IA hubiera podido garantizar resultados más eficaces, habrá que pagar un precio (…)”. Y la pregunta vuelve a acicatear nuestras agobiadas neuronas: ¿Qué sucede si la IA cae en manos equivocadas?

Ya se han visto casos en los cuales la herramienta se ha utilizado para falsear la realidad. La posverdad como prementira. ¿Habrá límites para el despropósito? La ciencia, a medida que logra avances recurre a la epistemología, la rama de la filosofía que cuestiona los alcances y validez del pensamiento científico. ¿Habrá epistemólogos a tiempo para encauzar el torbellino en puerta? El mundo en manos de las tecnocracias; el gobierno de los datos; el reemplazo del conocimiento humano, el ejercicio de la razón y el pensamiento crítico por la “fe” de las máquinas. ¿Los humanoides tomarán decisiones por su cuenta, mientras el caos reine a su antojo manipulado por la ciber tiranía de los algoritmos? ¿Es tan descabellado pensar en un nuevo orden donde gobierne la completa deshumanización? Algunos riesgos ya están a la vista, ¿se podrá resistir el embate? A los tecnólogos y súbditos menores del feudo Silicon Valley no les interesa ni la filosofía ni las lecciones que brinda la historia, sólo entienden el proceso de dominación del nuevo mundo tecnocrático con el que sueñan y del que pretenden ser sus propietarios excluyentes. “No ven dónde está el problema. (…) No se dan cuenta de que su proposición equivale a una vuelta a una época anterior al Siglo de las Luces, a un mundo mágico, incomprensible, regido por la IA a la que rezaremos como a los dioses de la Antigüedad”, concluye Giuliano da Empoli. El control global no discrimina, y somete a las sociedades al cautiverio de la “inteligencia de datos”, la vorágine informativa (Big Data).

Es una guerra artera, despiadada y engañosa. Por su parte, el Papa León XIV advirtió que, “la Inteligencia Artificial puede erosionar las capacidades cognitivas y creativas de los humanos (…) y no puede reemplazar el discernimiento moral, ni establecer relaciones genuinas”. Capítulo aparte merece el brutal desmantelamiento del sistema de ciencia y tecnología que impulsa el gobierno argentino. Mientras –tercamente– nos situemos en la superficie vana de los acontecimientos y nos dejemos arrastrar por nimiedades cuasi obscenas, en un mundo que navega en la relatividad distractiva de lo virtual, algo que parece real, pero que no lo es sucede, y la pavorosa realidad-real nos seguirá arrastrando hacia confines inhóspitos, sitios oscuros e impredecibles alimentados por ciertos coros de sirenas que embisten. Así las cosas, mal nos irá en la faena. En un dislocado mundo de ficciones, gobernado por tecnócratas amorales, se impone la nueva forma de dominación, la del coloniaje digital: la trampa.


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