¡Que capos los navarrone!

La columna de Tito Vaccaro

Daniel, el gomía experto en tangos, está sentado junto a la ventana. El flaco llega de buen humor, separa una silla, le hace la seña al mozo para que le traiga el café, y, mientras se sienta, dice a modo de saludo: “calor de nido vengo a buscar, estoy rendido de tanto amar”.

La respuesta de Daniel es inmediata:

–No te hagás el Navarrine.

–¿Qué?

–Claro, me olvidé que no sabés nada. Te hacés el canchero cantando una estrofa de “Barrio reo” y no sabés quién es el autor…

El retruque es una mentira:

–Me agarraste de sorpresa…

–No me digas. Si seguís pasando de largo delante de las placas…  Leélas que no muerden… Ahí, en Carlos Cavo, a metros de la avenida, está esa que dice bien clarito. “Julio Navarrine-1889-1966 – Alfredo Navarrine- 1894-1979- Se emparentaron con otros nombres que forman parte del Olimpo tanguero, auténticos representantes de Boedo – Homenaje de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo – 11 de diciembre de 2004”.

–Ah, bueno… Ya sé… Ahora vas a empezar a tirarme datos históricos…

–Si no querés no te cuento.

–Dale nomás. Hoy prefiero eso a que empieces a hablar de política. Dale, dale.

–Tendrías que hacerte menos el cantor y leer a tipos como Ferrer, Gobello, Lopa, García Blaya, que te van a poner al tanto…

–Contá de una vez…

–Los Navarrine eran auténticos artistas. Por la década del 20 fundaron un conjunto criollo dirigido por Alfredo –guitarrista y cantor– llamado “Los de la raza”. Y no sólo actuaron acá, sino que hicieron giras por varios países de Europa. Por ejemplo, en España se presentaron en el Palacio Real invitados por Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia.

–Parece que eran capos nomás…

–No sólo se destacaban como músicos, también crearon la compañía “Los hermanos Navarrine”, que presentaba obras vinculadas con la vida de la gente simple. Siempre se dedicaron a temáticas populares, y al palpitar del barrio, como en el tango que escribieron con música de Rafael Rossi: Sos de Chiclana.

–¿Esa la sabés?

–Claro. Dice: “Sos de Chiclana, no hay nada que hacer, tu pedrigree es del más puro arrabal… Pero hay algo en vos, bajo tu gran tren, que grita ¡Chiclana! En cuanto te ven”.

–¿Y Tenés alguno más?

–Seguro. Varios que les grabó Gardel. Joyitas como Oiga amigo, Tango Amargo, La luz del candil…

–Ese hasta lo sé yo.  “¿Me da su permiso señor comisario?, disculpe si vengo tan mal entrazado… No soy un borracho ni soy un cuatrero; ¡Señor comisario…, yo soy criminal!    Arrésteme, sargento, y póngame cadenas, si soy un delincuente que me perdone Dios”

–¿Te das cuenta por qué estos tipos tienen que figurar entre los grandes? Cantamos de memoria infinidad de temas que no sabemos quién los escribió. Así pasa con muchas letras… Fijate ésta de Alfredo Navarrine que sabemos todos: “Procurando que el mundo no la vea, ahí va la pobre fea camino del taller; y a su paso, cual todas las mañanas, las burlas inhumanas la hieren por doquier.”

–Y, si… La grabó Gardel…

–Fueron muy amigos del morocho. Pero a los Navarrine también le grabaron otros cantores: Corsini, Rosita Quiroga, Irusta… Los mejores solistas de la época…

–¿Y orquestas?

–Ahí van… Canaro, Maffia, Lomuto, Donato, D’Arienzo… A mí me gustan mucho las versiones de Pugliese de Galleguita, con Chanel; y A la luz del Candil, cantado por Alberto Arenas.

–Realmente eran muy grosos.

–No tengas dudas. Fueron auténticos difusores de la cultura popular. A mediados de la década del 30 dirigieron el programa Cuadros Argentinos que salía por la mitológica radio Stentor. Era un radioteatro con historias de gente común, muy entretenido, con música folclórica, especialmente milongas, estilos y diferentes expresiones camperas. Se dramatizaban situaciones muy entretenidas. Con tanto éxito que llevó a sus elencos a presentarse en teatros de los barrios y hasta en salas de provincias. Para completarla te doy un dato especial. De ese programa, entre otras figuras, surgió Nelly Omar. ¿Te alcanza?

–Está bien, me ganaste… ¡Aguanten los Navarrine! La próxima vez que doble por Carlos Calvo hago una reverencia frente a la placa y rezo un par de oraciones…

–No estaría mal. Tomá el café que se te enfría.


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