El obelisco: Un Nonno de 90 años

La ciudadNoticia importante

El Obelisco –que de él hablamos– acaba de cumplir 90 “pirulos”, ya que fue inaugurado el 23 de mayo de 1936 conmemorando los 400 años de la llamada “primera fundación de Buenos Aires” por Pedro de Mendoza en 1536.
Y ahí donde se lo ve ineludible como emblema de la Ciudad tuvo tanta contra en los comienzos de su existencia que debió afrontar su demolición por “Ordenanza N.º 10.251, (23 votos contra tres)”, aduciendo razones económicas, estéticas y de seguridad pública. Pero la ordenanza fue vetada por el intendente Goyeneche (que no era “el Polaco”), y no prosperaron otras tentativas por derribarlo.
En la inquina por voltearlo seguramente no deberían estar ausentes las 33 manzanas que se derribaron para construir la 9 Julio donde cayeron impiadosamente, entre otros edificios históricos, la iglesia de San Nicolás de Bari –lugar que hoy ocupa la Plaza de la República donde está emplazado el obelisco–, el templo en cuya torre se izó por primera vez la bandera argentina en 1812. Hoy esa circunstancia se reduce al recuerdo a través de una leyenda ubicada sobre el flanco norte del monumento.
La avenida 9 de Julio, “la más ancha del mundo” –según el mito porteño– ha logrado superar con holgura la fama destructiva original, cuyo único sobreviviente resultó el edificio del actual Ministerio de Salud, por entonces Ministerio de Obras Públicas (el que muestra los murales de Evita) que se decidió preservar por los costos que demandaba su demolición.
Sin embargo, no caben dudas de que el odio popular al “engendro” –así lo bautizó la calle en aquellos tiempos– se agregó el “qué habría pasado si”… cuando en la noche del 20 al 21 de junio de 1938, al día siguiente de haberse realizado en el lugar un acto público, se produjeron algunos desprendimientos del revestimiento de piedra que destruyeron las gradas donde el día anterior se reunían los abanderados de colegios primarios y secundarios de la Ciudad durante el acto por el “Día de la bandera”. Para terminar con el riesgo de que nuevas placas de piedra pudieran caerse, fueron reemplazadas por revoque de cemento en el que se imitó el dibujo de las lajas.
La obra es autoría del arquitecto argentino Alberto Prebisch y la construcción demandó 60 días de labor ininterrumpida.
Dijo el autor de su obra: “Se adoptó esta simple y honesta forma geométrica porque es la forma de los obeliscos tradicionales… Se le llamó Obelisco porque había que llamarlo de alguna manera. Yo reivindico para mí el derecho de llamarle de un modo más general y genérico «Monumento»”. Luego abandonó la polémica para dedicarse a la construcción del Gran Rex, inaugurado en 1937.
Tengo para mi recuerdo algunas anécdotas vinculadas al singular monumento: mi hijo Pablo sostuvo hasta sus ocho o nueve años que se trataba de un “obedisco” –vaya a saberse si porque lo vinculaba con la “obediencia” o con algún “disco” de su preferencia.
Y con Teleonce donde trabajé durante treinta años desde los 20. Allí, por los 70’s, en pleno reinado del “gallego” García participé como “cameraman” de la primera transmisión de televisión desde sus ventanas, cuando todavía no existían las portátiles –y se usaban las pesadas cámaras de estudio, subidas a pulso de sogas y roldana con aparejo– sin el actual ascensor, por escalera marinera con jaula externa en cuatro tramos.
El, en sus comienzos, controvertido monumento, pasó por todos los matices de la picaresca porteña, hasta considerárselo el pene de la ciudad erecto por el estímulo del roce del subte B en su base. Pero allá por 2005, para el “Día Mundial de la Lucha contra el Sida”, le colocaron un gigantesco preservativo corroborando aquel porno-aserto.
O también el fantasioso vuelo lírico de la famosa pizzería “Los Inmortales” en cuya ilustración-registrada aparece Gardel sobre la Avenida Corrientes como fondo, con el obelisco, a pesar de que cuando se inauguró el monumento ya estaba por conmemorarse el primer aniversario del desastre de Medellín que le costó la vida al ídolo.
Claro que la gran mayoría de los hechos que se produjeron al pie están vinculados con las grandes manifestaciones populares, entre ellas: los cierres de campaña de Alfonsín y Luder en 1983 o los festejos de los campeonatos mundiales de fútbol, cerca de un millón de argentinos reunidos festejando.
Sólo un monumento considerado símbolo puede reunir tanta concurrencia a su alrededor.


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