YRIGOYEN Y PERÓN
Raúl Scalabrini Ortiz
Ed. de la Biblioteca Nacional
La labor de Horacio González al frente de la Biblioteca Nacional, merecerá del permanente reconocimiento por posicionarse firme en la gramsciana batalla cultural, expresión hoy bastardeada por el máximo gestor de la destrucción del Estado. A confesión de parte: “el presidente más sionista de la historia universal” y el aliado de Trump todo terreno. Entre los aportes de la gestión de González cabe destacar la reedición de la conferencia pronunciada por Raúl Scalabrini Ortiz en el “Instituto Hipólito Yrigoyen” de Mercedes, el 3 de julio de 1948: “Yrigoyen y Perón”, hoy en circulación. En menos de 100 páginas, habladas como se escribe y volcadas al papel como se habla, es decir sin retórica sofista y en vez dando a luz cuestiones de fundamento con la mejor mayéutica socrática, está presente y de cuerpo entero, con la madurez de los 50 años de edad que contaba para aquel 1948, el Scalabrini Ortiz profético y convocante, a quien Macedonio Fernández le auguró: “Cuando los jóvenes lo conozcan no lo van a soltar”. También el severo investigador que inició en 1920 su bibliografía con un trabajo matemático: “Errores que afectan a la taquimetría”. El trabajador “pro pane lucrando” que, en tanto agrimensor graduado en la Facultad de Ingeniería, supo hacer Patria recorriendo con un teodolito nuestro interior profundo. Y finalmente el escritor de raza, partícipe en su hora del grupo Martín Fierro, que portando vivo en su ADN cierto gen del padre paleontólogo Pedro Scalabrini, definió el 17 de octubre de 1945, gesta popular en la que participó: “El subsuelo de la Patria sublevado. El cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto.” Empero las adscripciones políticas que entendió como posibles vías de escape a la dependencia y que lo asieron a carismáticos liderazgos, no le bajaron su guardia de boxeador frente al país siempre a riesgo de los embates del capitalismo internacional. Y de ese modo el viejo cofundador de FORJA en 1935, que aplaudió en la conferencia de Mercedes el período gubernativo de 1916-1922 por el neutralismo en la Gran Guerra, el plantarse a los Estados Unidos, la lucha por los ferrocarriles nacionales: “punto nuclear de la dominación extranjera” y la voluntad del presidente radical de “enaltecer, mejorar y educar a las grandes masas proletarias”, criticó a Yrigoyen por no haber roto con la oligarquía. Condescendencia o imposibilidad política que, sin duda, aunque Scalabrini Ortíz no lo mencione, permitió que sectores reaccionarios del oficialismo en el poder respondieran a los reclamos sociales con represión durante la Semana Trágica de 1919 y las matanzas de peones rurales en la Patagonia en 1921 y 1922. Uno infiere de sus razonamientos que el yrigoyenismo fue un paso, aunque solo uno, agotador por los estorbos hallados, contra la dominación económica. Con respecto a Perón y su movimiento; a dos años de instalarse en el poder, el patriota creía –y quería- ver entreabrirse el Sol de Mayo que soñó Moreno, entre los seculares nublados regiminosos que marcaron nuestro pasado neocolonial. Esperanza en vías de concretarse por entonces mediante las realizaciones de Justicia Social y Soberanía Económica de que era testigo. “No se olvide de los trencitos”, le reclamó al General. Hasta aplaudir su nacionalización ocurrida el 1º de marzo de 1948. (Carlos María Romero Sosa).
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