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Cunietti-Ferrando

Arnaldo José Cunietti-Ferrando (Buenos Aires, 19-3-1936 / Buenos Aires, 3-11-2018)
Escribe: Ángel O. Prignano

Un llamado telefónico me anotició, el pasado 3 de noviembre, de la partida de un gran amigo: Arnaldo J. Cunietti-Ferrando. Aunque tal desenlace ya se veía venir, por un instante quedé apresado en mi propia cáscara. Pero enseguida salté hacia ese amigo a través del recuerdo afectuoso. Porque ya se sabe: los amigos son uno mismo en diferentes envases.

Lo conocí hace más de treinta años en el Museo Histórico y Numismático del Banco de la Nación Argentina, del que fue su impulsor y primer director. Cada vez que lo visitaba lo veía inmerso en sus quehaceres, detrás de su escritorio, frente a una montaña de papeles acumulados, carpetas entrecruzadas, libros con incontables papelitos señalando páginas y páginas, sellos de goma resecos, bolígrafos extenuados y qué sé yo cuántas otras cosas que conformaban lo que él llamaba “la ciénaga”. Allí todo se perdía… “¿Tenés una lapicera?, casi me suplicó por enésima vez mientras probaba las que tenía a mano, una tras otra, sin que ninguna le respondiera. “Pero ya te quedaste con la que te presté la semana pasada”, le reprochaba yo, antes de sucumbir a su pícara sonrisa. Claro, había encontrado ese dato que tanto buscaba y quería anotarlo antes de que se le perdiera de nuevo.

Era un tipo admirable, inteligente y multifacético. Se destacó como escritor, historiador, docente, museólogo y coleccionista. Integró varias instituciones, entre otras la Academia Argentina de Numismática y Medallística, el Centro Numismático Buenos Aires, el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, la Academia de Historia de la Ciudad de Buenos Aires y la Junta de Estudios Históricos de San José de Flores, de la que fue presidente en varios períodos.

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires lo declaró “Historiador Porteño” en 2000, y once años después fue incorporado a la Academia Nacional de la Historia.

Arnaldo fue muy generoso conmigo. Y creo que lo fue con todos sus amigos. Muchas veces coincidíamos en el Archivo General de la Nación, hurgando viejos juicios testamentarios y otras actuaciones notariales. “Ché, encontré algo que a lo mejor te interesa”, me soplaba. Muy generoso, por cierto. Siempre me abrió sus archivos e investigaciones sobre Flores. Sin sus aportes jamás hubiera podido completar mis propias indagaciones sobre el Bajo Flores. Y él me dio el empujoncito final para que publicara el libro. Además fue uno de los que lo presentaron en el Instituto Histórico, a principios de 1992. Después hizo lo propio con la segunda edición, en 2009, en el Flores Club.

El recuerdo me trae las intensas reuniones en el Margot, de Boedo y San Ignacio, junto a Luis Cortese, Fernando Sánchez Zinny y los recordados Carlos Rezzónico y Norberto García Rozada. Cuántas veces nos peleábamos para armar “Historia de la Ciudad. Una revista de Buenos Aires”, que nosotros habíamos creado. Allí también lo ungimos por unanimidad como director de nuestra publicación. Era muy exigente para con los artículos a publicar en la revista. Y un poco tozudo.

Publicó una enorme cantidad de libros, folletos y monografías. En tren de recordar sus libros debo citar los siguientes: Monedas de Buenos Aires. Acuñación de Birmingham. 1821-1825 (1964), La Amonedación Nacional. 1881-1964 (1964), Monedas de la República Argentina desde la época colonial a nuestros días (1965 y reediciones de los años 1972, 1978, 1983 y 1989), Monte Castro. De la chacra al barrio (1972), San José de Flores, el pueblo y el partido. 1580-1880 (1977), Historia de la moneda cordobesa (1983), Historia del papel moneda argentino (1984), Historia de la moneda metálica argentina (1987), San José de Flores. Un pueblo a dos leguas de la ciudad (1989), Monedas y Medallas. 4 Siglos de Historia y Arte (1989), Historia de la Real Casa de Moneda de Potosí durante la dominación hispánica. 1573-1652 (Tomo I, 1995), San José de Flores (1997), El Libro del Abasto (en colaboración, 1998), Personajes de la ribera porteña. Una historia de aguateros, lavanderas, pescadores y bañistas (2008) y San José de Flores. Del reparto de las tierras al barrio actual (2012). Además colaboró en publicaciones especializadas de historia y numismática, y presentó numerosas ponencias en congresos nacionales e internacionales. Y hasta se atrevió a una novela histórica: Las tierras malditas de la presidenta, publicada en 2004.

Deben destacarse, también, sus aportes en la redacción de la “Gran Enciclopedia Omeba” (1965), la “Crónica Histórica Argentina” (1968) y el “Diccionario Histórico de Bolivia”, editado en Sucre en 2002. A su cargo estuvieron varias publicaciones académicas, entre las que se destacan la revista “Cuadernos de Numismática y Ciencias Históricas” y el “Boletín del Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades”.

Pocos días antes de su fallecimiento había sido distinguido en la 2da. Convención Internacional de Historiadores y Numismáticos (Arequipa, Perú) como uno de los más grandes exponentes de la numismática americana, acuñándose una medalla conmemorativa con su imagen.

Su obra póstuma, Las chacaritas de Buenos Aires y sus habitantes. Una historia diferente de nuestra ciudad, le llevó más de dos décadas de investigación y está ponto a salir de imprenta el tomo 1. ¡Las veces que le habré “exigido” que la terminara de una vez! Al final me hiciste caso. ¡Chau Arnaldo!

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