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Carta abierta a Alberto Fernández

Por Roberto “Tito” Cossa. Buenos Aires, 21 de noviembre de 2019
Señor presidente electo:
Pertenezco a los millones de argentinos que desde hace casi cuatro años vivimos una pesadilla. Mi vía crucis no es económico; es ideológico y cultural. No soporto a esta pandilla de truhanes, soberbios e ignorantes que nos dicen que el futuro depende del esfuerzo personal, lo mismo para un chico que nace en la miseria que para otro que se educa en el Cardenal Newman. Gobernaron cuatro años y dejaron un país destruido.
Señor presidente: Todos sabemos que no va a ser fácil salir de este desastre. Dejan tierra arrasada pero mantienen todo el poder y lo van a utilizar para que su gobierno afronte serias dificultades.
Es ahí cuando empiezan los temores. Nunca más el neoliberalismo. ¿Nunca más?
Lamentablemente buena parte de los pueblos carecen de cultura política. En Brasil, después de Lula, votaron a Bolsonaro. En la década del 30 del siglo pasado el mundo creía que los alemanes, tan civilizados ellos, escuchaban a Beethoven y leían a Goethe.
Hace tiempo que pienso que solo una palabra salvará a la humanidad. Usted lo dijo, lo pronunció Cristina, la vociferó Axel:
SO–LI–DA–RI–DAD.
Afortunadamente nuestro país conserva reservas solidarias. Queda claro en estos tiempos de comedores comunitarios y movimientos sociales. Siempre recuerdo cuando, en 2013, diez mil jóvenes acudieron a prestar ayuda a los vecinos de La Plata. Ese día, me dije, avanzamos hacia un país civilizado.
Pero llegó el macrismo.
Se me ocurre que los solidarios tenemos que organizarnos, aunque no ocurra una catástrofe. ¿Sería posible abrir un padrón donde los que queremos colaborar nos anotemos consignando nuestra especialidad y el tiempo de que disponemos? ¿Una hora por semana? Está bien, porque lo que vale es la ayuda. Y todos podemos ser útiles, desde charlar con un viejo que está solo hasta cuidarle los críos a una mujer que tiene que ir a trabajar. Alfabetizar, aportarles conocimientos básicos de oficios que les interesen; desde ya, médicos y enfermeras músicos y pintores y hasta entrenadores de futbol. Ese padrón se le entregaría a los movimientos sociales, a los curas villeros, a todos los que conocen las necesidades de cada vecino.
Además de la ayuda concreta, nos veríamos las caras unos a otros. Ellos comprobarían que hay satisfechos que los tienen en cuenta, que están dispuestos a ayudarlos, a aliviarles –aunque sea en parte– sus padecimientos. Nosotros, tomaríamos contacto con una realidad que desconocemos. Sería un verdadero aprendizaje.
La utopía socialista fracasó. ¿Vamos hacia la piedad?
Lo saluda con un fuerte abrazo esperanzador,
Roberto “Tito” Cossa.
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