SOLILOQUIO DEL DESVELO
De Carlos Penelas
Editorial Dunken
En general la de Carlos Penelas, se presenta como una poesía de afecto antes que de angustias y dolores. Por lo mismo no son accidentales los epígrafes incorporados sobre la mayoría de las composiciones, más allá que desde esa torre de atención y homenaje descubra el autor distancias. Imposibilidades de divisar más lejos: “Me azora la lejanía, la voz velera,/ ese hollado pulso de la sombra”. Y las dispersiones propias, como “de un pastor transterrado”. En los versos blancos que componen “Soliloquio del desvelo”, de esmerado lenguaje y preciso ritmo acordes con el fondo y el trasfondo de lirismo que emana el libro, se advierten los cultos laicos del autor. A Borges de quien con captación de buen lector, asimiló el modo preciso de adjetivar y enumerar. Y desde luego la devoción a la Galicia de sus mayores, recurrente fuente inspiradora de su escritura. Fiel a un consumado estilo, aquí no abundan las metáforas a lo Neruda; sobrarían y extraviarían su mundo que rota -valga reiterarlo- sobre un eje de memorias bruñidas hasta alcanzar la luz tenue de las añoranzas. Así cuando al volverse hacia “la única patria del hombre” en la expresión de Rilke, el poeta descubre que “era feliz en ese patio/ envuelto de voces castellanas y gallegas./ Rodeado de reyes, de naves, de corsarios.”
En este “Soliloquio del desvelo”, Carlos Penelas habla desde sí, naturalmente de sí mismo como que toda creación literaria es autobiográfica, pero lejos de avaricias expresivas y cripticismos, no solo lo hace para sí. Algo más que merece celebrarse en “Soliloquio del desvelo”. (Carlos María Romero Sosa)
