EditorialPrimera plana

Arrorró mi niño

Por Mario Bellocchio

El impresentable sheriff investido de juez de la Nación –que parecería representar al diario homónimo, no al Estado nacional– observa que, como los libros de Eudeba, las Qunitas deben ser alcanzadas por la depuradora llama de “la justicia”.

Allá por julio del año pasado, la entonces presidenta Cristina Fernández, presentaba Qunita. Se trataba de un nuevo “Programa Nacional de Acompañamiento para la madre y el recién nacido que se entrega solamente en maternidades seguras”, según explicaba la mandataria, señalando que el envío se realizaba de manera directa desde el depósito a cada una de las maternidades del país y que la recepción se producía en los hospitales públicos por personal autorizado. La entrega del Kit Qunita se verificaba a través de un registro vinculado a la titular de la Asignación Universal por Embarazo utilizando el Sistema integrado de Información Sanitaria. Pero además, debía realizarse un control del embarazo para acceder al beneficio.

Dicho de otra manera: se ponían en juego todas las garantías para que el beneficio recayera en manos necesitadas.

El informe social de padeceres de las clases más sumergidas  revelaba la calamitosa horfandad que padecían los bebés –y se ha incrementado– en sus primeros escalones de crianza donde, horrorosamente, la mayor proporción de mortandad la proporcionan –sobre todo en época invernal– la sofocación producida por los propios padres al compartir el lecho con la precaria necesidad de proporcionar un poco de calor que la electricidad impagable o el gas inalcanzable le niegan a sus bebés. Ergo: una cunita y una bolsita de dormir son un elemental reaseguro de vida.

De qué se trata el kit: el conjunto consiste en una cuna de fibrofácil (madera aglomerada); además se entrega una serie de productos y vestimentas indispensables para los primeros meses de crianza de bebés; entre los artículos se encuentran: un colchón; un juego de sábanas; un acolchado; un juego de toallas; dos enteritos de manga larga; dos enteritos de manga corta; dos pantalones tipo osito; dos pares de medias; un abrigo; un par de escarpines; dos sacos de dormir; un babero; un porta-bebé; un cambiador portátil; un bolso materno; un camisón; una bata de mangas largas; un par de pantuflas; una frazada; un neceser; un chupete; un mordillo; un termómetro digital; un sonajero; un cunero móvil; un paquete de algodón hidrófilo; un paquete protector mamario descartable; una crema hidratante; y una crema caléndula. Las beneficiarias son aquellas embarazadas que reciben la Asignación por Embarazo (AUE) otorgada por la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES).

En octubre del año pasado y a raíz de las objeciones y señalamientos que se le realizaban, el gobierno de Cristina Kirchner ordenó al INTI que realizara una evaluación del kit materno-infantil con el objeto de aventar cualquier duda que pudiera presentarse al respecto. El informe del Instituto Nacional de Tecnología Industrial señaló algunos aspectos objetables de la cunita en sí que determinaron la suspensión de las entregas a partir de octubre con la finalidad de zanjar las objeciones y corregirlas. Las circunstancias posteriores que determinaron el cambio de Gobierno, y el abierto desinterés de las nuevas autoridades por solucionar los problemas encontrados en esta obra-símbolo del Gobierno anterior  –más bien se revela el directo propósito de hacerla desaparecer, como ahora se evidencia–, pasaron al Qunita a un indefinido estado de latencia permanente, tratando de lograr el olvido.

Decía Sandra ruso en Página 12: “El sueño que cumplía el Qunita era básico, módico, nítidamente popular: estaba dirigido a que cada embarazo en los sectores más desprotegidos viniera acompañado por la certeza de que esa mujer embarazada, estuviera o no en pareja, no estaría a solas con su bebé cuando naciera. Habría un ajuar esperando el nacimiento. Un ajuar simple, provisorio e inaugural, casi un gesto agradable del mundo, a través del Estado, al nuevo ser que llegara. Estamos viendo muchos gestos y acciones que van en el sentido opuesto a ése. Este Estado de derecha, maltratador e impudoroso con sus propios bajos instintos, a través de una decisión judicial caprichosa, da malvenidas, no bienvenidas. En una nueva y nuclear contradicción, los purgadores de la república conciben el fuego en el que arderán miles de cunas mientras miles de niños carecen de alguna y ruedan en el hacinamiento que muchas veces pone en peligro sus vidas, encimadas a otros cuerpos familiares. Esas Qunitas fueron concebidas como el primer ‘lugar seguro’ del bebé, como suaves burbujas de amor para que allí duerman en paz. Leyendo mal informes del INTI y de la Sociedad Argentina de Pediatría, un juez propone nuevamente el fuego que cada tanto enciende nuestra historia. Hablemos ahora de inseguridad, si quieren. O del amor por los niños, si se animan”.

Ahora el impresentable sheriff investido de juez de la Nación –que parecería representar al diario homónimo, no al Estado nacional– observa que, como los libros de Eudeba, las Qunitas deben ser alcanzadas por la depuradora llama de “la justicia”. No vaya a ser que un pequeño sobreviviente de esta nueva versión de la fiebre amarilla pueda declarar que Cristina lo arropó cuando transitaba la gélida miseria.

 

 

 

 

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