La ciudadPrimera plana

Marcelina y Joshua

Arrojada a las vías con su bebé. A 18 años de un salvaje e impune acto de xenofobia
Por Mario Bellocchio

 

“¿No te haría falta un autito? Vos sabés que los ferrocarriles hacen donaciones ¿No?” –Julio Giménez escuchó perplejo el “generoso” ofrecimiento de un par de hombres que se le presentaron como representantes de Trenes Metropolitanos Roca (TMR). “¿Y qué tengo que hacer?” –cuentan que preguntó Julio, entre cándido y azorado. “Mirá…, dejarte de joder con eso de que a la mujer la tiraron del tren; estaba junto a las vías y el tren la arrastró”.

Pero Julio Giménez, un modesto trabajador de, entonces, 42 años, encargado de  una asociación civil que coordinaba un comedor para chicos pobres y una biblioteca en Ezpeleta, tenía su verdad a cuestas. Ya lo había hablado con su mujer que es hija de Bolivianos y por ningún soborno disfrazado de donación él iba a mentir. Ese fatídico 10 de enero del 2001, a Marcelina y a Joshua, su hijito de diez meses, los habían empujado a la muerte. Él había visto toda la escena e iba a contarla así se le atragantara a todos los ferrocarriles del mundo.

Marcelina Meneses era, por aquellos días, una joven boliviana a punto de cumplir los 31, que ya llevaba a cuestas las operaciones de una hija que había nacido con dificultades motrices, trance que la había decidido a venirse a Buenos Aires para intentar sobrellevar la pendiente económica que esas cirugías le imponían, con su hijito Joshua de 10 meses.

Ese caluroso 10 de enero tomó el tren a eso de las 9 de la mañana en Ezpeleta para asistir a una cita médica para Joshua en el Fiorito y debía descender en Avellaneda.

Cuenta Julio que “ella quedó parada, con el bebé en la espalda, y cargada de bolsos, a metros de la puerta que da al espacio que hay entre vagones. Cuando se acercaban a la estación Avellaneda, antes de la curva que pasa frente al estadio de Independiente, ella se acomodó para enfilar a la salida y en ese movimiento rozó, con los bolsos, el hombro de un pasajero de unos 65 años, de saco marrón, que le gritó: ‘¡Boliviana de mierda! ¡No mirás cuando caminás!’”.

–“Che, tengan más cuidado, es una señora con un bebé” –cuenta Julio que intentó interceder. –“Qué defendés vos, si estos bolivianos son los que nos vienen a quitar trabajo. Igual que los paraguayos y los peruanos”. –“Pará la mano, hermano, que eso es lo que venden los políticos. Somos todos latinoamericanos” –rebatió Julio tomando conciencia de que el 22 por ciento de desocupación despertaba las más bajas pasiones xenófobas.

Cuando ya se había formado la fila para descender apareció un guarda que al ver el desorden rápidamente se alejó excusándose en voz alta: “¡Otra vez estos bolivianos haciendo quilombo! ¡Me tienen podrido! ¡Yo me las tomo!”

Según Julio la situación se fue agravando mientras Marcelina con su bebé y sus bártulos trataban de zafar de los empujones. Hubo más insultos y escuchó que uno que estaba con ropa de Grafa le decía a un compañero: “¡Daniel, la puta que te parió, la empujaste!’”.

Casi de inmediato el tren se detuvo. Julio Giménez se arrojó a las vías y llegó corriendo hacia el lugar –unos cien metros hacia atrás– donde yacían Marcelina y Joshua. “…mirá hermano, la mano todavía se le mueve” –desgranó Miguel desde su impotencia. “Le dije a un policía de la Federal que había visto lo que pasó pero él me echó detrás de la valla”.

Nunca la empresa ferroviaria aceptó que madre e hijo fueron arrojados desde el tren sino, por lo contrario, atropellados por circular junto a las vías. En la causa las actuaciones policiales indican que el cuerpo no fue hallado enseguida, como sostiene Giménez quien asegura, en sentido opuesto, que llegó al lugar a tiempo para observar los cuerpos de Marcelina y Josua en sus estertores: “Todavía ese día le dije a un pasajero, mirá hermano, la mano todavía se le mueve”. 

Según el testigo, dos días después de su denuncia en la comisaría 1ª de Avellaneda, de la misma seccional lo llamaron para preguntarle cómo llegar a su casa. Al día siguiente los representantes de TMR le ofrecían el “autito”.

 

El caso tuvo difusión a nivel nacional e internacional. Durante todo un año todos los días 10 de cada mes se realizaron marchas pidiendo justicia para Marcelina y Josua.

La causa lamentablemente se cerró por falta de testimonios ya que solo se presentó un único testigo –Julio Giménez–, que fue descalificado –sin que se haya hecho público por qué razón– por la fiscalía que estaba a cargo del Fiscal Andrés Devoto del departamento Judicial de Lomas de Zamora UFI Nº 1, Provincia de Buenos Aires en la causa Nº 193.444 caratulada como Marcelina Meneses/Averiguación causales de muerte.

En el año 2012 se presentó la ley que firmó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner –Ley 4409– en la que se promulgó el 10 de enero como “Día de la Mujer Migrante” en homenaje a Marcelina Meneses, su bebé y todas las mujeres migrantes.

Marzo de 2018. Los últimos y aleccionadores vestigios de aquella causa ¿perdida? Desde el Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo en Ciudad de Buenos Aires, hacen saber que “Nos reunimos con referentes del Centro Marcelina Meneses de Ezpeleta, provincia de Buenos Aires, para conversar sobre el proyecto que presentamos por el Día de la Mujer Migrante en la Ciudad de Buenos Aires, que fue promulgado en 2013 en homenaje a Marcelina Meneses, la mujer boliviana que fue arrojada el 10 de enero de 2001 del tren junto con su bebé, y falleció, luego de haber sido insultada con frases xenófobas y racistas. También proyectamos la realización de actividades en conjunto para llevar a cabo en el marco del próximo aniversario de su muerte.”

Un escrache a TMR, un centro social antidiscriminatorio en la vieja casa de Marcelina en Ezpeleta y la evocación de la fecha de su asesinato aparecen como un magro saldo de aquel aberrante hecho en tiempos en que el racismo flameaba como bandera victoriosa de la guerra entre pobres azuzada desde aquel caótico comienzo de siglo que parece ominosamente signado por el retorno.

 

El testimonio de Julio Giménez fue extraído del artículo publicado en el suplemento Sociedad del diario Página 12 del sábado 2 de junio de 2001. “Relato de un viaje a la xenofobia”. “Un testigo cuenta como una mujer boliviana fue arrojada del tren”.

 

 

 

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