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La vigencia de un texto escrito hace casi 20 años

LA REPRESIÓN DE LA MEMORIA

Por María Virginia Ameztoy

Memoria no refiere únicamente a recordar los hechos aberrantes, sino que conduce al rescate de la historia omitida 

Las comunidades constituyen su identidad a partir de pautas y significados compartidos, de procesos socio-históricos dinámicos, de acuerdos y oposiciones; en la cultura de las comunidades están las huellas de las luchas de los diferentes sectores que han ido conformándolas y de los elementos que las componen, algunos aun activos en la dinámica social, otros en continuo proceso de emergencia. Así, la conciencia de una identidad social solo se adquiere en la práctica.

Mantener vigente la memoria de la represión, la persecución, la tortura, el crimen y la desaparición ayuda a recomponer los débiles lazos solidarios existentes, a cohesionar a una sociedad como la nuestra, sometida a un sistemático proceso desintegrador durante la dictadura geno-etnocida instaurado en nuestro país entre marzo de 1976 y diciembre de 1983.

Memoria no refiere únicamente a recordar esos hechos aberrantes, sino que conduce al rescate de la historia omitida, del ataque sistemático ejercido por los dictadores contra nuestra sociedad. Y memoria también refiere a reconstitución, reparación y regeneración de redes sociales desintegradas, y esto por medio de la indagación crítica de los hechos históricos.

Ninguna cohesión social se logra a partir del olvido. Pero el discurso del actual gobierno tiende a instalar en el imaginario social una suerte de cultura política de “la reconciliación” apelando al olvido. Así como para justificar su política económica exclusora exalta al privatismo, demoniza “lo estatal”, promueve el individualismo y proclama epidérmicamente la muerte de las ideologías, todo dentro del objetivo de derechización de la sociedad argentina. Este discurso, que permanentemente desestima toda crítica que cuestione sus preceptos ideológicos, ahora intenta sepultar los crímenes cometidos bajo el sepulcro blanqueado del término reconciliación.

La disolución del pasado apelando al olvido colectivo hecha desde el discurso oficial se instrumenta en lo que Raymond Williams (1980) denominara tradición selectiva, “una versión intencionalmente selectiva de un pasado configurativo y de un presente pre-configurado, poderosamente operativo en el proceso de definición e identificación cultural y social”.

En efecto, se pretende borrar de la memoria colectiva la evocación de los hechos represivos para pre-configurar otra versión de la historia, pre-moldeada por la ideología del poder. Hoy se pretende continuar la obra de aniquilación de toda forma de pensamiento y producción cultural, política e ideológica que se hiciera durante la dictadura, ahora por medio de la apelación al olvido y la reconciliación.

La barbarie represiva de la dictadura está inscripta en la memoria colectiva. Hoy la sociedad reclama que no se entierre bajo el cemento una porción de la historia, que no se narre la versión seleccionada por los dictadores.

 

María Virginia Ameztoy

Socióloga UBA

en Buenos Aires, 18 de febrero de 1998

 

Fotografía de fondo de título: Nazza y Colectivo Manifiesto

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