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La Miguel Cané

Escribe: Mario Bellocchio
El 11 de noviembre la biblioteca Miguel Cané cumple noventa y un años. El jueves 9, luego de un cierre de más de seis meses por reformas, fue reabierta al público su sede de Carlos Calvo 4319 donde Borges fue bibliotecario durante nueve años.
1935. La casa doble de los años fundacionales de la sede de Carlos Calvo

En 1935 Boedo aún conserva, en brochazos, algunas parcelas de las quintas originarias. Avenida La Plata, San Juan e Independencia hasta Castro Barros tienen su plazoleta central que divide ambas manos en las que se sigue circulando —a la inglesa— por la izquierda. San Lorenzo luce orgulloso su primer título profesional conquistado un par de años antes y en Carlos Calvo al 4300 —a metros de avenida La Plata— un palco emperifollado con los símbolos patrios aguarda la llegada de las autoridades. Se ha cortado el tránsito, hasta el tranvía 48 debe dar un rodeo para no interrumpir la celebración que atrae una notable cantidad de público. Es el atardecer del viernes 6 de diciembre y se está por producir la inauguración de las modernas instalaciones a las que se ha trasladado la primera biblioteca pública municipal. Ocho años antes, el 11 de noviembre de 1927, en Independencia y Castro Barros, se había dado apertura a esta institución bautizada Miguel Cané en honor al autor de la celebrada “Juvenilia”.
En esos pocos años las dimensiones del primitivo local resultaron escasas para la numerosa concurrencia y la doble casona de Carlos Calvo 4319 resultó el lugar elegido para la mudanza. Allí se podrán brindar los mayores adelantos conocidos para este tipo de establecimientos: comodidad, amplitud, pupitres diseñados a imagen de los de la Biblioteca Nacional de Amberes y una instalación lumínica similar a la de la Biblioteca de Michigan, asistiendo al lector que podrá orientar su búsqueda de material en un completo fichero multitemático. La amplitud admitirá tres anexos: hemeroteca —la primera en su género— con más de tres mil diarios y revistas mundiales; biblioteca infantil, que incluye una sección de pasatiempos, y la biblioteca circulante que, por medio de la asociación gratuita, va a permitir el préstamo, con plazo de devolución, a los lectores que lo requieran.
La Banda Municipal entrega la melodía del Himno Nacional. El intendente —Mariano de Vedia y Mitre— corta la tradicional cinta inaugural. Lo acompañan el ministro del Interior, un numeroso grupo de autoridades municipales y de instituciones vecinales que, junto a la concurrencia, visitan por primera vez lo que se constituiría con los años en un destacado hogar barrial de la cultura.

Esta apertura se transformó en uno de los hitos más importantes para el giro que las asociaciones barriales habían comenzado a tomar en la ciudad como valor agregado a las inquietudes edilicias: la preocupación cultural. Quedaba ya lejano el Primer Congreso de Bibliotecas Argentinas celebrado en 1908, el proyecto de Carlos M. Coll de bibliotecas populares municipales en las distintas parroquias —1912— y la ordenanza municipal de 1921 para la instalación “de armarios o escaparates en las plazas públicas y parques de esta Capital, conteniendo un selecto número de libros de los que podrán hacer uso directamente y sin contralor alguno, los concurrentes”.

El éxito de este último emprendimiento generó la inquietud municipal de creación de bibliotecas tales como las de Artes Industriales, especiales para obreros, al estilo de las parisinas, proyectadas en 1925. Un año más tarde la ordenanza N° 1656 reglamentó el funcionamiento de las llamadas “Bibliotecas públicas municipales” y creó una Comisión honoraria integrada por Alberto D. Justo, Juan Farini, Alvaro Melián Lafinur, Ismael Bucich Escobar y Ricardo Güiraldes, cuya primera misión se concretó con la fundación de la primitiva Miguel Cané de Independencia y Castro Barros.

El remozado espacio Borges

Lo cierto es que el nuevo edificio de dos frentes (17 metros), dos plantas y susbsuelo, da comienzo a la época de mayor actividad. La hemeroteca promedia una asistencia de 120 lectores diarios mientras que la biblioteca infantil recibe 140 consultas y la circulante 35 requisitorias cada jornada. Todas ellas en el marco de una concurrencia anual que en 1939 reune 97.200 visitantes. El establecimiento cuenta con sala de investigaciones, taller de restauración y encuadernación, oficina de bibliografía y traducciones y es sede de la Comisión Protectora de Bibliotecas Municipales.
A partir de 1937 el elenco de bibliotecarios suma como tal a quien, con el tiempo, se transformaría en uno de los máximos referentes de nuestra literatura, Jorge Luis Borges. Francisco Luis Bernárdez sugiere esa incorporación que prestigia a la institución durante nueve años hasta que en 1946, la desubicación política de algún funcionario traslada a Borges a la humillante “inspección de aves de corral”. Ahí quedan aún, en el espacio Borges de la actual biblioteca —inaugurado en 1997— algunos de los muebles y enseres que utilizó el escritor, como testimonio de su paso.

Con el correr de los años el desfile de visitas ilustres ha provisto mojones destacados. Se recuerda la del escritor mexicano Juan Villoro –2008–, quien señaló que “los libros, que son la mejor forma de viajar, me trajeron a este sitio donde Borges descubrió el mapa oculto del universo” a su paso, hace diez años, por la biblioteca donde también concurrió Mario Vargas Llosa por la misma época. “Esta biblioteca, cuya existencia conocía como todos sus admiradores, fue prestigiada por los nueve años que Borges pasó aquí”, manifestó el escritor.
Julian Barnes lo había precedido un mes antes. El autor de “El loro de Flaubert” ironizó —en una placa manuscrita que se atesora— sobre la autenticidad de una talla de loro que se exhibe, como la posibilidad de que ese sea el auténtico de Flaubert.

El simple e inexorable transcurso del tiempo fue señalando cambios sociales que determinaron la baja en la requisitoria pública sobre las bibliotecas. Mayor acceso al libro propio de los estudiantes y bibliófilos, nuevos medios de comunicación —a los que se sumaron la computación y con ella Internet— modificaron sustancialmente el perfil del visitante de los claustros del libro; el cierre de la hemeroteca —voluminosa requisitoria de espacio— derivada a la Legislatura; el traslado de la Dirección General de Bibliotecas cuyo asiento era la Cané, generaron, en 1981, una reestructuración que se tradujo en la reducción de la propiedad a sólo una de las dos casonas que la componían, la de Carlos Calvo 4319.

El “Espacio Borges”, una recreación de lo que fuera el entorno de trabajo del escritor, conserva entrañables recuerdos de su paso por la biblioteca en tiempos en que el libro era el indiscutido centro de irradiación de cultura. Hoy, la reducida Cané, trata de no aparecer anacrónica incorporando Internet y software de voz para la lectura de los ciegos.

 

La incorporación de la línea de tiempo en el primer piso

Así las cosas, en la tarde del jueves 8 de noviembre pasado, luego de un cierre de más de seis meses por reformas, se llevó a cabo la reapertura de la biblioteca y la reinauguración del Espacio Borges bajo nuevas características. Además de un nuevo lugar dedicado a la literatura infantil en la planta baja, la biblioteca cuenta ahora con cinco salas en el primer piso dedicadas a las distintas facetas del autor más importante de la literatura nacional: la sala de Borges autor, la de Borges lector, diseñada por Iván Moiseeff, una línea de tiempo en la que se ilustra su biografía, una sala audiovisual donde se proyectan entrevistas, y el estudio en el cual se recluía a leer y trabajar en sus textos, durante la época en que trabajaba allí como bibliotecario.

La biblioteca infantil en la planta baja

Participaron del acto el Ministro de Cultura porteño, Enrique Avogadro, el director de Bibliotecas de la Ciudad de Buenos Aires, Javier Martínez, y María Kodama, quien preside la Fundación internacional Jorge Borges y tuvo la gentileza de ceder algunas de las fotos que se exhiben en la exposición permanente del espacio.

Como explicó Javier Martínez, además de  ampliar los espacios de lectura, se incorporaron nuevas lógicas de acceso a la información en general, así como mesas de trabajo compartido que se combinan con los muebles originales de la biblioteca. En palabras de Avogadro, “el Espacio Borges habla de cómo el patrimonio físico está también imbricado por el patrimonio inmaterial, y de la importancia de pensarlo como algo que está vivo, que efectivamente nos conecta y nos permite proyectarnos a futuro”.

María Kodama contó que este fue el lugar donde Borges escribió Las ruinas circulares, y que en una entrevista que le hizo Victoria Ocampo, él confesó que nunca más volvió a escribir nada con la intensidad con la que escribió ese cuento en la terraza de la Biblioteca. Kodama animó a los lectores a no intentar “entender” a Borges en una primera aproximación, ya que lo intelectual es una segunda capa, por debajo del sentir.

La Biblioteca, ubicada en Carlos Calvo 4319, estará abierta de lunes a viernes de 9 a 20 horas. Carlos Calvo 4319; Tel.: 4 922-0020; Línea gratuita: 0800-999-25161; Horarios: lunes a viernes de 9 a 20 hs.      www.buenosaires.gov.ar/cultura/bibliotecas/cané

 

FUENTES CONSULTADAS
* Miranda, Arnaldo Ignacio Adolfo; Las Bibliotecas Públicas Municipales de la Ciudad de Buenos Aires, Cuadernos de Buenos Aires, 62, Buenos Aires, 1996.
* González, Daniel H.; Guía de bibliotecas y centro de documentación de la República Argentina, Sociedad de investigaciones bibliotecológicas, Buenos Aires, 1998.
* Lomba, Aníbal; ¿Muere otro orgullo del patrimonio cultural de Boedo?; www.nuevociclo.com.ar. Bs. As. 2007.

* Informe de GCABA sobre la reapertura de las reformas 2018.

 

 

 

 

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