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Et ego te absolvo

Por Mario Bellocchio.
Hay una connivencia vecinal con sacarse de encima al delincuente callejero, a como dé lugar, que el presidente apoya sin eufemismos

“Estoy orgulloso de que haya un policía como vos al servicio de los ciudadanos. Hiciste lo que hay que hacer, que es defendernos de un delincuente”. “Quedate tranquilo porque hiciste lo que hay que hacer y te vamos a ayudar a resolver tu situación”. Fueron las palabras con que el presidente de la Nación Mauricio Macri recibió –el jueves 1º de febrero– a Luis Chocobar, el policía bonaerense que el 8 de diciembre del año pasado, en el Barrio de la Boca, vestido de civil, cuando se dirigía a su trabajo, disparó a un joven de 18 años, Pablo Kukoc, mientras huía después de asaltar a un turista norteamericano. En primer término le tiró a distancia y lo derribó con un impacto sobre las piernas. Así caído, según lo atestigua una filmación de cámara de vigilancia, le efectuó un disparo fatal que le afectó el cólon, el hígado y el intestino delgado. El delincuente recibió ese mortal balazo por la espalda, según determinó el peritaje, circunstancia que guió al juez que investiga el caso para caratular el suceso y determinar el proceso y el embargo al agente policial por el presunto delito de exceso en la legítima defensa, es decir, por homicidio doloso.

El juez de Menores 1 porteño, Enrique Velázquez, quien tiene a su cargo la causa señaló en sus fundamentos con respecto a las declaraciones del agente Chocobar “En punto a la falta de recaudos al momento de efectuar los disparos, cabe destacar que el propio Chocobar expuso que al disparar lo hizo blandiendo su pistola con una sola mano, ya que con la otra se cubría el rostro para defenderse ante una posible agresión de Kukoc, situación que lo coloca en un obrar, cuanto menos, alejado de una actitud profesional exigible a cualquier personal policial”.

Parece ser que en el match judicial que se percibe entre “garantistas” y “mano dura”, los que sostienen la necesidad de no tener contemplaciones con la delincuencia, han recibido el espaldarazo nada menos que del presidente de la Nación. Entiéndase bien que estamos hablando de la delincuencia de pungas, arrebatadores y chorros de medio pelo para abajo. No vaya uno a soñar con que aparecieron las rejas rodeadas por cofrecitos donde dejar los guantes blancos antes de calzarse los grillos. Así Cacho y María(1) podrán proclamar histéricamente que por fin tenemos en la presidencia a alguien que gestiona que las comisarías no tengan “puerta giratoria” y la justicia se ocupa de las garantías “de los que trabajamos en lugar de las de los que delinquen”. De que las decisiones judiciales las deben tomar los jueces –y no el Ejecutivo– y de que la tentación de los “Sérpicos” nacionales estén convenientemente bajo la lupa del Estado, ni hablar.

Hay una connivencia vecinal con sacarse de encima al delincuente callejero, a como dé lugar, que el presidente apoya sin eufemismos.

Bueno, por estas playas de Larreta, la “inseguridad”  de Cacho y María pagan alto rédito cuando le pegan un tiro al raterito ocasional o al chorro de coches, antes de entrar en las “innecesarias trabas burocráticas” de procesamiento y encierro.

Es un clásico encontrarse con reflexiones de café como “cuando sale vuelve a afanar” o “estos negros son incurables” que algunos filósofos graduados en la famosa universidad de la calle pretenden empardar con la condena a los violadores.

En tanto, la ministra Patricia Bullrich, convencida de que los laureles la esperan al finalizar su tarea o, por lo menos, con la expresión de estarlo, declaraba a su salida de la reunión “glorificante” de Casa de Gobierno: “Ayudaremos a Chocobar con la defensa legal”. “Desde el principio de nuestra gestión lo hemos dicho, vamos a cuidar a los que nos cuidan”. “El agente Chocobar actuó en cumplimiento deber policial, frente a una situación en la que había una persona agredida con múltiples heridas, a los gritos, dio la voz de alto, persiguió al delincuente hasta hacer cesar el delito con el objetivo de que esa persona no agreda y mate a otro”. Dicho el “cesar el delito” con la lapidaria sinonimia de “cesar la vida”.

No conforme con estas declaraciones, abiertamente coercitivas para el juzgado que procesa al policía, posteriormente informaría, como si ello constituyera un motivo de orgullo y entrega profesional de su parte, que visitó al juez actuante, una verdadera confesión de parte sobre la presión del Ejecutivo sobre la presunta independencia del Poder Judicial. ¿El Estado de Derecho? Mal, gracias por su interés.

“Quiero agradecer la atención del Presidente conmigo. Estuvo escuchando mis palabras. Sabe que actué como todo policía tenía que actuar. La verdad que muy feliz de haberme recibido él personalmente. Muy agradecido, muy agradecido” –decía el agente Chocobar requerido por la prensa al salir de Casa de Gobierno. Definirlo como un representante del “gatillo fácil” policial sería ignorar el mensaje de cobertura para ese procedimiento que le brinda nada menos que el presidente de la Nación.

 

(1).  Cacho y María son un par de jubilados imaginarios de los que Macri se pasó hablando durante su campaña como personajes representativos del argentino medio.

 

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