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El Dorrego

Cuando un instituto para revisar la historia causó la furia de los “demócratas” del pensamiento único.
Por Fernando Del Corro

La historiadora María Sáenz Quesada (1), expresó unos años atrás en el matutino “La Nación” que la entonces reciente creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano, Manuel Dorrego, “tiene más relación con la política que con la historia, como se ve claramente por la denominación elegida, los objetivos propuestos y la composición de sus integrantes”.

El planteo expresa una postura según la cual la historia es una ciencia aséptica ajena a cuestiones como los intereses económicos, sociales y políticos, cosa que no sucedió a lo largo de estos seis milenios relativamente reconstruibles del transcurrir humano por el planeta Tierra.

Múltiples son los hechos históricos que quedaron asentados  teniendo en cuenta, primordialmente, las conveniencias del caso. Uno de ellos se relaciona también con dichos de la mencionada historiadora al referido matutino fundado por el ex presidente Bartolomé Mitre, paradigma de la historiografía oficial argentina a lo largo de bastante más de un siglo. “En el nuevo Instituto prevalece la antinomia historia popular versus historia elitista, y una idea del revisionismo que viene de los autores que, a partir de 1930, imaginaron la ‘patria grande’ si Rosas no hubiera sido derrotado en Caseros por otros caudillos con una visión distinta del federalismo, como era el caso de Urquiza”, fue su comentario.

Se trata de algo muy interesante porque todo se remite –según su parecer– a una lucha entre un caudillo bonaerense autócrata (Juan Manuel de Rosas) y otro entrerriano (Justo José de Urquiza) que entendió la necesidad de estructurar un país de una forma federal y democrática, en la que imperaran las leyes y no las “imposiciones de un déspota”. Siempre –según su punto de vista– no existían intereses en juego sobre esta zona del planeta, el ahora Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte no había ocupado en 1833 las Islas Malvinas como parte de su estrategia global de control de puntos claves de la navegación, como comenzaran con el Tratado de Utrecht de 1713 que les hizo quedarse con el Peñón de Gibraltar o Ciudad El Cabo, definitivamente, en 1814.

El bloqueo anglo-francés al Río de la Plata fue porque Rosas era “malo” y no porque se pretendía controlar el comercio de todo el hinterland de esa vía fluvial que es lo que terminó dando lugar a los numerosos combates como los de la Vuelta de Obligado o la Punta de Quebracho. Un bloqueo que se terminó cuando Rosas declaró el primer default de la historia económica argentina con lo cual los acreedores presionaron sobre sus gobiernos en Londres y París y forzaron el levantamiento del bloqueo que también habían sufrido sus contrastes militares, lo que facilitó acceder a los reclamos de los bonoleros, apelativo que se daba a los acreedores.

Claro que el “corajudo” Urquiza, que se rindió en Pavón ante Mitre sin combatir, tenía sólo la intención de fundar un país acorde con los tiempos que corrían en el mundo de gobiernos constitucionales respetuosos de la voluntad de los pueblos. Por ello aceptó la ayuda del Imperio del Brasil, el mismo que mantuvo la esclavitud hasta 1888, más de siete lustros después de la derrota de Rosas en Caseros. Por ello apenas convertido en el nuevo jefe de la Confederación Argentina comenzó su gestión autorizando la libre navegación de los ríos que también se había reclamado infructuosamente desde Río de Janeiro a Rosas. En ese entonces el tema era crucial para el Brasil en función del desarrollo que se estaba produciendo en la región del Mato Grosso, ya que el tránsito hacia la misma por vía terrestre era costoso y lento.

Pocos saben de la existencia de un señor llamado Irineu Evangelista de Sousa, nacido vizconde, diputado y principal financista del emperador brasilero Pedro II. Poderoso industrial que llegó a construir la mayor parte de la flota de guerra de su país en astilleros propios fue también el principal agente financiero de la Confederación Argentina de Paraná. Más conocido como barón de Mauá, título otorgado por Pedro II, que fue quién aportó los fondos para la creación del Ejército Grande que capitaneó Urquiza. Posteriormente, en 1857, fundó un banco en Montevideo y en 1858 la primera sucursal de una entidad bancaria en la Argentina, en Rosario, en apoyo a las complicadas finanzas de la Confederación Argentina. También prestó dinero a la Provincia de Santa Fe, que se cobró percibiendo los impuestos que se aplicaban en la misma desde 1864.

Otro préstamo fue para la Provincia de Entre Ríos  también financió al propio Urquiza. Con ese dinero éste adquirió toda la caballada existente en Entre Ríos que vendió al gobierno de Brasil (para ser utilizada en la guerra contra el Paraguay) que pagó con un préstamo del propio Mauá, quién hoy tiene en su homenaje el nombre de una calle en la ciudad de Rosario. Sin embargo, según la óptica de la historiadora, el derrocamiento de Rosas por Urquiza fue nada más que una cuestión destinada a poner fin a una “sangrienta tiranía”.

Revisionismo no significa adoptar un nuevo credo y establecer a priori quiénes fueron malos y quiénes fueron buenos. Es precisamente, como su etimología lo indica, llevar adelante una práctica de revisar. En el mundo proliferan los revisionismos históricos y de otros tipos, como en el caso religioso sionista que se generó en Polonia hacia 1935, o en el filosófico con los diversos revisores del marxismo. Por lo tanto revisionismo, en el caso de la historia argentina, significa tener la posibilidad de analizar a la luz de crecientes conocimientos y nuevas interpretaciones los dogmas heredados de los mismos que establecieron un modelo socio-económico dependiente y cuyos actuales sostenedores se niegan a reconsiderar(2). Y tampoco se trata de establecer otros dogmas opuestos, ya que no faltan revisionistas que justifican el genocidio cometido contra los pobladores aborígenes con argumentaciones racistas, pro colonialistas y pro oligárquicas.

Por lo dicho, lo bueno es poder revisar todo y hasta recordar que así como en la Argentina se conmemora el “Día de la Soberanía” los 20 de noviembre, aniversario de la Vuelta de Obligado, simultáneamente con Brasil, en ese país se conmemora el “Día de la Conciencia Negra”, en homenaje a la memoria de Zumbí dos Palmares (asesinado el 20 de noviembre de 1695), el gran y último jefe de la República de los Palmares, el casi desconocido primer estado independiente de América, que entre circa 1600 y su caída en 1695, rechazó los ataques de las tropas colonialistas de Portugal y de los Países Bajos.

Ayer la ira de los difusores de la leyenda hasta entonces oficial cuando el 17 de noviembre de 2011 fuera creado el Instituto Dorrego, una de las primeras víctimas de la administración macrista (3). Hoy un instituto resurgido de manos de algunos de los que fuimos partícipes del original en 2011 –como el ahora presidente Osvaldo Miguel Vergara Bertiche–, bajo la forma cooperativa, ha retomado aquella propuesta (4) recobrando vigencia las palabras de Litto Nebbia (5)   Si la historia la escriben los que ganan, / eso quiere decir que hay otra historia: / la verdadera historia, /quien quiera oír que oiga.

 

REFERENCIAS:

  1. María Sáenz Quesada es una historiadora y escritora argentina. Licenciada en Historia, es egresada de la Universidad del Salvador, especializada en historia Argentina y latinoamericana. Es miembro de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina. Es una historiadora sistémica, a pesar de que en la revista “Todo es historia”, a la que está ligada, tiene una apertura mayor.
  2. Un caso paradigmático es el del Instituto Sanmartiniano que se niega a tomar en cuenta la posibilidad de que José Francisco de San Martín haya sido mestizo, tal como lo plantean algunos investigadores, en particular Hugo Chumbita.
  3. El gobierno del presidente Mauricio Macri asumió el 10 de diciembre de 2015 y permaneció hasta igual fecha de 2019.
  4. El Instituto Dorrego ya ha editado algunos libros y tiene en proyecto otros que para quienes gusten conocer la verdadera historia les serán de utilidad.
  5. “Evita: Quien quiera oír que oiga”, (1984), Litto Nebbia.

 

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