Inhumanos
Nuestro país, hace décadas que está sumido en una crisis profunda. La sociedad, nosotros, somos parte de la misma.
Viene de arrastre, miramos el celular y no tomamos café con el amigo, ni hablamos en casa o en el club. Es mundial y viene de arriba hacia abajo. Nos están convirtiendo en inhumanos. Lo individual es lo primordial. Por eso esta sociedad, la nuestra, eligió lo que eligió aún ante la advertencia de que venían a hacer lo que hicieron: destruir a la clase media que era lo que nos había diferenciado de otros sistemas.
La crueldad, la perversión y el destrato de los funcionarios se han convertido en cosa de todos los días, y la sociedad lo soporta. Hace unos años decíamos, tres tapas de tal medio de comunicación voltean a cualquier gobierno y ya no pasa –por suerte– porque ningún medio, ni ningún cuartel debiera tener ese poder.
Pero la reacción de la sociedad no llega. Te reprimen –y a nadie le gusta que lo fajen–, pero que todavía haya quiénes quieren darle tiempo. O que te digan a éstos no los quiero pero a los otros tampoco sin buscar alternativas es seguir soportando.
Soportando que hay muchos argentinos bajo la línea de pobreza, directamente en la indigencia. Soportando que otros muchos argentinos no lleguen a fin de mes. Soportando que otros tantos recortaron descanso y esparcimiento. Soportando que debimos resignar una forma de vida austera pero tranquila. Con las necesidades básicas satisfechas.
Soportando que si opinás distinto te digan “zurdo de mierda”, que si sos adulto mayor y jubilado te digan “viejo meado” y si analizás los disparates que hacen, te llamen “ensobrado”.
Empezaron con el macrismo cuando la ocultada vicepresidenta Michetti se ufanaba al decir que querían un país de servicios, o sea, estar al servicio de las potencias.
Por eso, más desfinanciamiento de la salud, de la educación, abandono de los jubilados, de los discapacitados son parte de su política. Por eso alardean la ausencia de valores, al punto de decir que los evasores son héroes y cobijar dentro de su gobierno a delincuentes.
¿No basta con un Spagnuolo en la ANDIS? ¿No basta un Espert vinculado al narcotráfico? ¿No basta un porcentaje instalado para las licitaciones del Estado? ¿No basta con las criptomonedas? (LIBRA). ¿No basta con las coimas que están en Paraguay llevadas por senadores o los lingotes de oro que no sabemos dónde están?
Sólo puede ser entendible porque no hay nadie que seduzca, no hay nadie que enamore, pero es aún peor, no existen partidos políticos, los que había se dividieron mil veces, se pelean por egos y hasta se vendieron.
No exigimos programas de gobierno que nos puedan servir para chequear qué promesas han intentado cumplir o no. Somos una sociedad dormida y resignada.
Miramos con devoción una marcha por el financiamiento universitario o por el Día de la Memoria o porque un presbítero que pasa discos llena la Plaza de Mayo, o por la congregación de fieles por San Expedito. Pero nos mostramos incapaces de juntarnos alrededor de la mesa para aunar proyectos. Grietas siempre hubo, desde Rivadavia hacia acá, pero casi siempre hubo reacción.
El Presidente viaja al exterior, no siempre en misión oficial, y recorre poco el país. Hubo reacciones diversas, a favor y en contra, siempre manejadas por aparatos. Por decretos cambia parte de la Constitución o con la complicidad de los poderes legislativo y judicial avasalla derechos.
Nuestras reservas de petróleo, de carbón están acechadas, la pesca nunca fue ocupación del Estado, el agua, el litio están al alcance del país del norte. Nuestro futuro está más cerca del genocidio que de la libertad y la democracia, siempre imperfecta, pero hasta hoy no se conoce nada mucho mejor.
Quizás con el tiempo, implementar realmente la revocatoria de mandatos y los juzgados populares, que pueden fallar, pero no lo harán adrede.
Si se creyera en el gobierno, el cinismo estaría al tope. Consideran hoy oportuno volver a tratar el proyecto de “ficha limpia”.
Después de la renuncia de Guillermo Francos –en las antípodas de mi ideología, pero sí, un tipo honesto–, no queda uno.
Y mucho cuidado con los salvadores. Aprendamos.
Ya suenan los nombres de un dirigente de fútbol, justo del rival del que ya nos afanó, pero con el que podrían ser socios, y de un pastor electrónico y productor de varios programas de televisión que vive fuera del país.
Ser ciudadanos no es para para votar cada cuatro años y desentenderse. Debemos ser responsables. Debemos dedicar parte de nuestro tiempo para controlar a nuestros representantes, reclamarles, cuestionarlos, hacerles sentir que están donde están por el sufragio que uno ha emitido.
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