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El cierre de 14 escuelas nocturnas

Bajo la excusa de la obsolescencia de los planes de estudio, la escasa matrícula y la baja “terminalidad”, las escuelas se cierran. Algo así como cortar la cabeza de los que padezcan cefalea. 
Por: Mario Bellocchio

Se halla en curso el larvado cierre paulatino de escuelas nocturnas porteñas por decreto. Aunque la ministra de Educación de la Ciudad Soledad Acuña se respalde en el eufemismo de que “Estas escuelas que no están iniciando el año que viene tienen una orientación comercial, con planes de estudios viejos, muy baja matrícula y una tasa de egreso escasa. Nada más que 36 por ciento de terminalidad (SIC)”,  y que “Mi interés es dar una oferta más realista, que otorgue la opción de terminar a los jóvenes o adultos que no han podido terminar la escuela en otro momento y ahora lo necesitan por un tema laboral.”.

Un caso de mercantilismo explícito donde el lenguaje –precisamente en Educación– deja en evidencia la intencionalidad: donde dice “oferta” léase “opciones”. Moraleja: cuando desde el macrismo se hable de “calidad de vida” inmediatamente interróguese “a la calidad de vida de quiénes se refieren”.

“En general casi todos los funcionarios de este gobierno están vinculados con fundaciones que se proponen diseñar e incidir en las políticas públicas de la mano de los intereses privados que las asisten financieramente”. Quien presenta este severo cargo a las manipulaciones de Gobierno es Darío Balvidares, profesor y licenciado en Letras, egresado de la FFyL de la UBA, investigador en política educativa y ex rector de la Escuela de Comercio Hipólito Vieytes. Y agrega: “Son estos mismos funcionarios los que siempre esgrimen como argumento para el “cambio”, la temática de la obsolescencia del sistema en general y de la educación pública en particular para concretar sus proyectos de vaciamiento y apropiación“.

“Siendo la resolución (4055/2018) del ministerio de educación la que dispone el cierre paulatino de las escuelas comerciales nocturnas, mientras ella sobreviva no hay manera de parar ésto” señalaba un grupo de docentes frente a la Legislatura el pasado 27 de diciembre cuando el oficialismo no dio quórum para el tratamiento sobre la vigencia de la disposición.

Lo cierto e indiscutible es que se cierran –cuando menos– 14 escuelas, circunstancia que hasta la propia ministra admite: “Está confirmado que vamos a cerrar 14 escuelas de adultos”, bajo la excusa de la obsolescencia de los planes de estudio, la escasa matrícula y la baja “terminalidad”, las escuelas se cierran. Algo así como cortar la cabeza de los que padezcan cefalea.

Al parecer, desde el Ministerio de Educación nadie se pregunta si la baja de la matrícula no la produce precisamente la obsolescencia de los planes de estudio. Y la solución debería cursar el camino del cambio a planes más contemporáneos y su consiguiente difusión con información sobre dónde y cómo se ofrecen y –por supuesto– con sostenimiento del profesorado que los dicta, resguardando los puestos de trabajo.

Finalmente, señala Balvidares: “Destruir derechos, cerrar escuelas, degradar institutos de formación, despreciar universidades públicas, precarizar la docencia más aun, instalar la competencia entre docentes y centros educativos, es la manifestación de lo perverso. Incluso anunciar el cierre de los primeros años de las escuelas nocturnas, comprendidas en esa resolución para el 2019, en diciembre de 2018 es meramente cinismo ministerial o debería decir gubernamental”.

“Acá lo que se quiso hacer fue instalar la idea de que se cierran escuelas y no cerramos escuelas, estamos construyendo 54 edificios escolares nuevos en estos cuatro años”, declaraba la ministra a mediados de enero en un reportaje emitido por Radio 10, ya desdibujada por la polvareda que levantó su resolución. “Se quiso instalar la idea” es la más clara expresión del cinismo ministerial.

 

 

 

 

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