hogar obrero: persistencia de solidaridad
El 30 de julio de 1905 nace y se pone en marcha un sueño, un desafío solidario que dejaría una marca indeleble en nuestro derrotero social, y que –pese a ciertas piedras y turbulencias intencionadas del pasado–, se encuentra vigente y en permanente crecimiento: El Hogar Obrero. Constituida la Cooperativa, se propuso facilitar el acceso a viviendas dignas para la clase trabajadora a través del ahorro solidario y la ayuda mutua. El primer barrio obrero se levantó en 1911 en la localidad bonaerense de Ramos Mejía, al que se sumó el primer edificio colectivo de Martín García y Bolívar en Barracas. Más tarde llegarían las construcciones de Cangallo (hoy Perón) 2070 en Balvanera; un complejo habitacional en Villa Ortuzar; el imponente edificio en Caballito que recuerda el nombre de Nicolás Repetto; un barrio en Tapiales, y más aquí el Barrio Cooperativo de Paso del Rey, el edificio de Humberto Primo y Maza en Boedo y otro en el barrio de San Cristóbal con una iniciativa innovadora: la de residencias cooperativas. Con el tiempo, la Cooperativa amplió su oferta al crédito, el consumo, la producción industrial, la educación y la acción cultural. Según recuerdan sus autoridades, El Hogar Obrero, “ha concretado más de cinco mil soluciones habitacionales y otorgado unos treinta y cinco mil créditos hipotecarios. Su modelo de financiamiento solidario, basado en el ahorro genuino de los asociados, marcó un punto de inflexión en la economía de los trabajadores”.
Desde su inauguración, impulsó la creación de guarderías, centros de enseñanza, medios de difusión, y los célebres centros comerciales Supercoop (el primer almacén cooperativo abrió sus puertas en 1913), siempre sobre la base de la “promoción de soluciones inclusivas y sostenibles para un mondo mejor”, como señala la ONU al consagrar el 5 de julio 1992 como el Día Internacional de las Cooperativas. El Hogar Obrero fue un pilar de la economía solidaria en la Argentina, y un ejemplo para América Latina. Los Supercoop tomaron la delantera de lo que sería la explosión del fenómeno supermercadista que era furor en los Estados Unidos en los años sesenta. La Cooperativa avanzó con industrias propias, y más adelante, se hizo cargo del Shopping Spinetto e inició las obras del Abasto. En 1989 se la consideraba como la sexta empresa en importancia en el rubro servicios. Llegó a tener algo más de dos millones de asociados y una red de 300 supermercados en el país que daba trabajo a 14.500 empleados.
Su creciente expansión marcaba un rumbo sin pausa, pero en 1990 el Plan Bonex, con la impronta neoliberal del gobierno menemista, comenzó a acorralar al gigante de la cooperación. Ciertos intereses inconfesables pretendieron tomar el control de lo que era un enorme y seductor negocio comercial e industrial y cuando no pudieron hacerlo, embistieron para su liquidación. El Bonex llevó al Hogar Obrero a perder más del 70% de su capital y en marzo de 1991 fue obligado a llamar a concurso de acreedores. Algunos confabulados se apresuraron a decretar el “amargo final” de la imponente institución, pero, a poco de andar, les falló el cálculo.
Néstor Fiumano ingresó muy joven al Hogar Obrero como administrativo en 1970, y a lo largo de más de cuarenta años recorrió todo el espinel de responsabilidades hasta llegar a la presidencia en dos periodos. Hoy es vicepresidente y los recuerdos de décadas florecientes y momentos aciagos e inciertos, están intactos en su memoria. Cuenta Fiumano que en los años noventa el embate de las políticas económicas intentó poner en jaque al Hogar Obrero. Su expansión “molestó” a ciertos intereses. Señala el directivo: “Nosotros vivimos un déficit de crecimiento en medio de cambios drásticos que nos descolocó”. Y agrega que, “el ministro Cavallo no le tenía simpatía al Hogar Obrero, más aún, quería su desaparición porque no creía en la economía solidaria ni en el sistema cooperativo”. Era evidente que el plan de Cavallo no cabía la economía solidaria. Fiumano memora que la actuación de la justicia fue vergonzosa e inaudita hasta que, en el final del concurso, un juez honesto accedió a nuestra propuesta de rescate, y agrega: “muchos estudios jurídicos y contables solo querían sacar tajada, al igual que ciertos políticos voraces”. La lucha por sostener al Hogar Obrero fue ardua, quisieron exterminarlo, pero en mayo de 2005, “cancelamos la deuda del concurso y recuperamos la actividad… no fue nada fácil”, precisó el directivo. Pronto se retomó el rubro vivienda y en 2018 comenzó a cobrar fuerza la idea de volver al consumo y recuperar el tiempo perdido. La asociación con la Cooperativa Obrera de Bahía Blanca lo hizo posible. En 2024 el primer local de los renovados Supercoop abrió sus puertas en Independencia 456 (San Telmo); en 2025 se sumó el local de Avenida La Plata 541 (Caballito) y pronto comenzará a funcionar otro Supercoop en Perón 2070. El Hogar Obrero recupera así algo que nunca perdió, pese a los embates: el pensamiento de Justo que unió el espíritu de la solidaridad a las realizaciones concretas en favor de una mejor calidad de vida. Hoy, en medio de (ciclos pendulares mediante) una nueva coyuntura adversa, el ideario fundacional de los valores cooperativos sigue vigente.
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