Como somos…
“…O no somos nunca más.”
Más allá de detalles cartográficos, lo cierto es que para afirmar la propia identidad no alcanzaba con decir “soy porteño”. Aún hoy muchos suelen presentarse diciendo: “Soy de… Y va el nombre del barrio correspondiente. Según Alberto Castillo eran “Cien barrios de amor, perdidos en mi corazón”. En nuestro caso, naturalmente, el foco está puesto sobre Boedo y su hermano siamés, Almagro.
Ahora bien, en estos tiempos “líquidos”, en que las identidades parecen diluirse, resulta oportuno –en realidad, necesario– afirmarse en rasgos que nos ubiquen dentro de un grupo determinado. La propuesta no supone una cofradía discriminadora ni una casta excluyente (¡Dios nos libre de ser casta!), sino a un ámbito dónde revisar cómo somos para no ser abducidos por la nada misma.
Entre las notas distintivas que caracterizan a nuestro territorio, sobresale una con probada contundencia: el vínculo inquebrantable con el tango. Se trata de una ligadura –podría decirse atávica– cuya vigencia se sostiene desde hace largo rato.
Veamos.
Con música de Julio De Caro, Dante Linyera escribió el tango “Boedo”. En su primera estrofa dice “Sos barrio del gotán y la pebeta, el corazón del arrabal porteño, cuna del malandrín y del poeta, rincón cordial, la capital del arrabal”.
Cadícamo, en “Boedo y San Juan” se preguntaba “Dónde quedó la ilusión de mi niñez, con cielo azul de rayuelas. ¡Barriletes de color, ilusiones de papel, que ya el viento se llevó!”.
Claro que en “Sur”, Manzi inmortalizó la esquina celestial: “Ya nunca me verás como me vieras, recostado en la vidriera y esperándote… Las calles y las lunas suburbanas, y mi amor y tu ventana, todo ha muerto ya lo sé…”.
En la letra de “Boedo calle linda” –con música de Antonio Tanturi–, Rodríguez Bustamante dijo sobre nuestra Avenida: “Hay de todo en ella, como en la botica, gente de trabajo, mundo intelectual, quinieleros buenos que fían, novias que se plantan, fugaza y fainá”.
La orquesta de Enrique Rodríguez también hizo su aporte. Grabó el tango “Chiclana y Boedo” que, con la voz de Roberto “el chato” Flores, le cantó a “la esquina de ochava corta y el café La Puñalada: Mesa de escolazo sin un rezo, cuna de hombres guapos sin bostezo”
Por estos días, Alfredo Rubín, “El Tape”, en Bluses de Boedo dice: “Hay otro Buenos Aires prendido de esa esquina que no salió en los diarios, que no vio ningún botón… Dos manos que se aprietan, chamuyo que te arruina…”.
Y hace muy poco, Enrique Martín, claro referente del periodismo deportivo, con música de Osvaldo Tubino, describió el sentir de muchos: “Volver a Boedo: a un cielo de santos, tablón y escenario de la esquina sur… Volver a Boedo y en nombre del padre clavarse un pecado de tinto y azul…”. (¡Qué tal!)
Pero claro, cómo no mencionar la otra mitad del corazón: Almagro.
Gardel entonó la letra de Iván Diez con música de un napolitano que adoptó el seudónimo de Vicente San Lorenzo(!): “Eres el sitio donde he nacido y eres la cuna de mi honradez, barrio del alma fue por tus calles donde he gozado mi juventud…Almagro, Almagro de mi vida, tú fuiste el alma de mis sueños. Cuántas noches de luna y de fe a tu amparo yo supe querer…”. Este tema entrañable también lo interpretaron entre otros Oscar Larroca con De Angelis y Adriancito Guida con Pugliese.
Armando Laborde, por su parte, cantó: “Y rumbeando para Almagro, está el guapo San Lorenzo … Aquel cuadro que, con Farro, con Pontoni y con Martino, en el fútbol argentino lució el nombre de Campeón”.
Pero además de ir para atrás en el tiempo, es bueno hablar del presente. Entre las mejores expresiones del tango actual, con una propuesta de eficaz renovación, surge la notable cantautora Marisa Vázquez. Ella habla de “este tiempo que nos toca y no se aguanta…” y entona: “…Almagro que antes fue su vida, ahora se desangra en tangos… La noche y solo vos Almagro…”.
Cabe preguntarse qué nos lleva a acumular voces y palabras para hablar de nosotros mismos. Puede haber mil respuestas. Pero habrá que elegir una que resulte apropiada para cada alma. Lo cierto es que este tipo de análisis dispersos, de búsquedas caprichosas, buscan hacer frente a una época de inteligencias artificiales y sentimientos desplazados por el consumo, los incentivos al individualismo extremo, las tormentas de indiferencia y la meritocracia impiadosa.
Vale la pena no claudicar y acercarse a los más jóvenes para practicar juntos el valioso ejercicio de la resistencia. Y en este caso, el tango es el sonido convocante.
Pase, entonces, Eladia Blázquez. Cierre estas líneas con su talentosa autoridad. Porque como Ud. dice, a veces nos sentimos “como un niño acobardado…”.
Y nos advierte:
“Vamos, aprendamos pronto el tono, de asumirnos como somos, o no somos nunca más…”
