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Cine Cuyo. Entrevista a Liliana Mazure*

Debido a la amplia repercusión que ha generado la campaña vecinal de recolección de firmas para la recuperación como sala cinematográfica del Cuyo, “Desde Boedo” realizó una entrevista a la Diputada Nacional Liliana Mazure, de amplia actividad en el mundo de la producción y exhibición del cinematógrafo y ex presidenta, entre 2008 y 2013, del INCAA.

 

 Desde Boedo: Nos gustaría que hicieras una síntesis del desarrollo de las salas de cine en nuestra ciudad y en el país.

Liliana Mazure: En el país, las salas cinematográficas se desarrollaron –como en casi todo el mundo–, a través de familias de inmigrantes europeos que las instalaron en casi todas las ciudades de nuestro territorio, porque todas tienen su sala frente a la plaza principal. Muchas de ellas pertenecen a sociedades que representaban a sus países: italianas, francesas, españolas; en un nuevo espacio INCAA, en Maipú, provincia de Buenos Aires, la sala pertenecía a una sociedad italiana; en Necochea, el cine París era de los franceses. La historia de las diferentes comunidades instalando salas de cine en un momento en que el cine era el medio de comunicación por excelencia en el mundo entero, es muy rica. En nuestro país llegó a haber cerca de 3000 salas de cine y teatro.

–. ¿De qué año estamos hablando?

–. La mayoría de las salas comenzaron a construirse entre 1913 y 1915. El estilo arquitectónico las marca; todas las de principios del siglo XX eran más barrocas.

Pero el cine fue la gran novedad de la época; primero el cine mudo, con la música tocada en vivo, después el sonoro.

El Gaumont sufrió un incendio y se reconstruyó en la década de 1930. Hasta las décadas de 1940 y 1950 siguieron abriéndose salas grandes, de 3000 localidades, que se colmaban en las funciones ya que constituían la salida cultural. El cine, en un principio, era un negocio familiar, un buen negocio que se extendió a las cadenas de salas y al que luego los herederos siguieron administrando. A partir de la década de 1980, fundamentalmente en la del 90, las prácticas neoliberales cambiaron totalmente este sistema de salas y esto está relacionado con las políticas implementadas desde Hollywood. Paulatinamente el público comenzó a dejar de concurrir, en parte porque la video-casetera hogareña permitía ver las películas en casa pero, fundamentalmente, debido a las políticas cinematográficas llevadas a cabo durante esas dos décadas que impusieron, desde EE.UU., el sistema de multipantalla. Eran cadenas asociadas con las grandes distribuidoras de Hollywood que hasta el día de hoy producen, distribuyen y exhiben. Así van cerrándose las salas tradicionales en el mundo entero, donde se había vivido la misma historia que en nuestro país, porque también allí los propietarios eran familias. Yo recibí una gran sorpresa cuando estuve en delegación en Angola, cuando descubrí que en África había sucedido lo mismo.

–. ¿Y qué pasa con Bollywood, el cine de la India?

–. Ellos producen para su mercado interno, son muchos millones de habitantes. Pero sus películas son para el consumo cultural local, son todas parecidas, con un estilo muy propio, con una música muy propia, donde, por ejemplo, en medio de una escena se ponen a cantar.

Para ellos estas películas son muy emblemáticas e identitarias. El público local las consume vorazmente.

El cine en la India constituye una industria que se alimenta a sí misma. Por otra parte, hay países que tienen cuotas de pantalla limitadas para las películas de Hollywood. En Francia, en cambio, la restricción depende más del enorme fomento del Estado al cine francés. Entran pocas películas de Hollywood, tienen salas convencionales, no de multipantallas, sino propias. Cuando en el mundo comienza el cierre de salas empiezan a surgir las salas de multipantallas. En las salas “multi” el público participa de manera totalmente diferente: se consumen grandes cantidades de dulces y bebidas, vendidos por la propia empresa. En un momento llegó a ser más negocio la venta de estas golosinas que la de entradas. Hoy esto se ha modificado porque el público asiste masivamente al cine. En una época la competencia con los video clubes y la aparición de sutilezas técnicas como los home theatres hizo pensar que el cine iba a morir, cosa que no sucedió. La gente tiene cocina en su casa pero también va a comer a un restaurante. La experiencia vivida en una sala cinematográfica es otra cosa.

Lo que sí sucede en la Argentina, y no en otras partes del mundo, es el crecimiento que ha tenido el cine nacional debido al fomento estatal. La enorme cantidad de estrenos nacionales ha generado un considerable  incremento de la asistencia de público.

–. ¿También incidió el retorno al INCAA de la recaudación por los impuestos que se pagan con la entrada, en lugar de quedárselos Hacienda, como sucedía anteriormente?

–. Sí, eso fue en la gestión de Jorge Coscia cuando se logró promulgar la ley de autarquía.

–. Pero durante tu gestión es cuando se comienza a producir más cantidad de películas.

–. Sí, eso fue por el plan de fomento que se implementó y llevamos adelante, lo que democratizó y amplió la producción, aparte de la creación de los espacios INCAA, que hoy llegan a más de 100, aunque, de todos modos, nos están faltando salas. Hoy en la Argentina hay pocas salas de cine.

–. Precisamente íbamos a preguntarte cómo recuperar salas cerradas.

–. Justamente hoy hablaba con la persona que está al frente de la Cámara de exhibidores, y me decía que sólo a la ciudad de Buenos Aires le faltan por lo menos treinta salas, porque hoy, cada barrio, debería tener su sala y hay barrios que no tienen ninguna. Entonces se vuelve fundamental el tema de la recuperación de las salas. Y el Estado tiene que ocuparse de esto, obviamente con la participación de los vecinos.

–. ¿Cómo se va a hacer para recuperar salas?

–. Yo he pensado muchas cosas, pero es una decisión política. Creo que hoy estamos en condiciones, así como su momento pudimos comprar el cine Gaumont, hoy podemos ampliar este programa. Dada la recaudación que está teniendo el INCAA, podría hacerse, no es demasiado complejo. En este momento estamos hablando de cuatro salas a recuperar que están en la Ciudad.

–. ¿Cuál sería tu idea para recuperar el cine Cuyo?

–. En primer lugar el Cuyo está en excelente estado, eso es importante. Cuando recuperamos el Gaumont tuvimos un problema: quedaba personal que había trabajado para los anteriores dueños durante quince años y algunos de ellos ya estaban a punto de jubilarse. Hicimos una negociación por la indemnización, ya que los dueños no querían hacerlo; entonces nosotros nos hicimos cargo de todo ese personal. Se fue arreglando todo el tema y finalmente llegamos a un acuerdo. Pero en el caso del Cuyo es más sencillo, porque creo que los dueños son sólo dos hermanos. En cambio en el Gaumont eran muchos herederos.

El tema del Cuyo hay que pensarlo para adelante. Hay un medio compromiso de ocuparse de las salas de cine de la Ciudad de Buenos Aires por parte de la mesa de Scioli 2015. Esos cines son el Cuyo, el Urquiza, el Aconcagua y el Tarico, pero éste último está en muy mal estado.

–. En Boedo estamos llegando a las 5000 mil firmas de vecinos por la recuperación del Cuyo.

–. Eso es muy bueno, hay que seguir con las firmas y a partir de diciembre comenzar a trabajar en esto, como en tantos otros temas de la ciudad de Buenos Aires.

–. Parece que en el INCAA ya se juntaron con los dueños y quedaron en contestarnos por escrito qué trataron con ellos y cuáles fueron las conclusiones a las que arribaron y las acciones a seguir. La Asociación Todos por la Plaza de Boedo comenzó con ésto y luego se agregó la gente del Club cultural La Minga. Posteriormente se unieron otras asociaciones de la Red de Cultura Boedo como El Surco y muchas otras más.

–. Para cerrar, debemos recuperar la sala del Cuyo. Buenos Aires y el barrio de Boedo la necesitan y, reitero, en todo el territorio nacional se necesitan más salas. Este es un proyecto que tiene que prosperar. Hay que pedir a los vecinos que sigan teniendo presencia, porque eso es fundamental.

Y seguir con las firmas.

 

Entrevista realizada por María Virginia Ameztoy, Directora Sociocultural del periódico y Patricia Roselló, de la Asociación C. C. A. Todos por la Plaza de Boedo, para DESDE BOEDO.

 

 

 

*LILIANA MAZURE: Diputada Nacional por la Ciudad de Buenos Aires por el Frente para la Victoria, desde diciembre de 2013. Participa de las Comisiones de Cultura, Comunicación, Industria, Ciencia y Tecnología y Libertad de Expresión. Ya ha presentado tres Proyectos de Ley: 1) Cuota de Pantalla para señales internacionales, con dictamen positivo en Comisión de Comunicación en Octubre 2014; 2) Base de Transporte de Contenidos Audiovisuales a Salas con Empresas Nacionales; 3) Derechos de Autor de Reporteros Gráficos. Trabaja en la actualidad en varios proyectos para las industrias culturales.

De abril de 2008 a diciembre de 2013 fue Presidenta del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). El 9 de abril de 2015 presentó su libro “La creatividad desatada. Gestión Audiovisual 2008–2015” en el que relata las políticas llevadas a cabo durante ese período: triplicación de la cantidad de largometrajes de ficción, documental y animación y cortometrajes que se realizan anualmente; estrenos en salas, en esos 6 años, de 741 películas argentinas; debate y discusión en Foros en todo el país de la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, a partir de la cual se fomentó la producción de contenidos para televisión, que alcanzó -entre 2010 y 2013- 2500 horas de series de ficción y documental realizadas en todo el país; la creación de Ventana Sur, Negocios de Cine, destinado a las producciones Latinoamericanas; 43 Espacios INCAA en todo el país; la creación del canal INCAA TV; la creación del Consejo Académico y nombramiento del primer Rector de la ENERC, Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, dependiente del INCAA. Estos son algunos de los objetivos logrados en el marco de las políticas públicas nacionales durante su gestión. Ha sido productora de títulos como “Cobrador, In God we Trust”, 2006. “Nicotina”, 2004, en coproducción con México y España, la primera película producida en HD y ampliada a 35 mm del país. “La mala hora”, 200,  basada en el libro homónimo de Gabriel García Márquez, primera co-producción argentino-brasileña. Directora de “Van Van, empezó la fiesta”, 2000, sobre el conocido grupo musical cubano, con la que recorrió más de 30 festivales internacionales. Y “1973, Un grito de corazón”, 2007, sobre la historia Argentina y la incorporación de los jóvenes al peronismo revolucionario de la década del 70. Fue productora, guionista y dibujante animadora de la serie “El Compa Clodomiro”. Productora y dibujante animadora en “Tito el elefantito” largometraje dirigido por Rodolfo Pastor, dibujante animadora en “Caleidoscopio” de Sandra Filippi y “La Persecución de Pancho Villa” de Martín Salinas, que recibió el premio Coral en el Festival de cine de La Habana. Además, fue productora del Seminario de Sundance en Bs. As., 1999 y Productora General del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, BAFICI 2001 y del 19º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, 2004.

 

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