25 años de Desde Boedo
En octubre de 2001, chapoteando en medio del barro que De La Rúa confundía con “buenas noticias”, Mario Bellocchio intentaba reencauzar su vida profesional, desechada ya la dirección de televisión y Germinal Marín (padre) trataba de prolongar su primitivo Pan & Teatro, de Muñiz y Las Casas, en un local en pleno Boedo, esta vez, Pan & Arte.
Así las cosas en un encuentro casual –en función parental de ambos– en la “Calesita de Tatín” de Parque Chacabuco, floreció la idea de promocionar las actividades culturales del nuevo “boliche” con un periódico que se ocupara de difundirlas en un barrio con “cuna de libros” como Boedo.
Luego de una breve gestación creativa, el 14 de noviembre de 2001, el nuevo “pibe boedense de papel”, era voceado por primera vez en Boedo 878. Y brindis con buen vinito mendocino mediante nacía “Vida y Arte en Boedo”, que así se llamaba –hasta junio de 2002– el primitivo “Desde Boedo”.
Queremos comunicarles que el festejo será creativo:
Ya estamos editando el primer fascículo –de 5– de la “Historia del Barrio de Boedo”. Un ejemplar que resulta la concreción de un lejano sueño que concebimos con mi amigo Diego Ruiz un par de años antes de su temprana muerte –2 de septiembre de 2016– y que esa absurda partida postergó tantos años.
Basándome en aquellos primitivos cálculos de Antonio Zamora para poner el libro al alcance del pueblo –“libros al precio de un boleto de tranvía”– aumentando el contenido mediante una diagramación a dos columnas en tamaño “carta” (hoy, A4).
Claro que, como ya no existen los tranvías, habrá que tomar otros parámetros (nunca mejor dicho) como el pasaje del subte (hoy a $ 1887/ 2500).
Hechos los cálculos de un fascículo A4 de 32 páginas, podremos entregarlo a un precio similar al pasaje de subte, en la mesa de publicaciones de los sábados, en la vereda de Boedo 855. Sin otro fin especulativo que cubrir el costo de la impresión.
Con un adicional del que Zamora no pudo disponer: el vínculo QR para recibirlo gratuitamente en el celular.
Pasaron veinticinco años. Cuando nos metimos en la aventura, ni Germinal Marín ni yo sabíamos –aunque lo presentíamos– en qué se desbarrancaría el país en los siguientes meses y mucho menos la caótica actualidad. A pesar –o a favor– de esa presunción, quisimos valorizar las raíces para fortificar los frutos. Veinticinco años de aquel inicio, tratando de seguir la huella fecunda de quienes nos precedieron; creciendo, intentando que los nuevos pasos revaloricen viejos logros.
Gracias por ayudarnos en el trayecto.
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