La matriz del 17
El celebérrimo Día de la Lealtad popular, como se conoce al movimiento del 17 de octubre de 1945, se produjo como respuesta a la detención y encarcelamiento de Juan Domingo Perón y al intento del sector conservador de las Fuerzas Armadas y la clase dirigente de revertir las reformas laborales y sociales que Perón había impulsado.
Tras el golpe de Estado de 1943 –aquél que solía denominárselo como la contratapa del execrable libro de la “Década infame” iniciada con el derrocamiento de Yrigoyen en 1930–, Perón asumió la titularidad de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Desde allí estableció una relación directa con la clase trabajadora e impulsó derechos inéditos en el país: convenios colectivos de trabajo, vacaciones pagas y jubilaciones, aguinaldo, estatuto del peón de campo, tribunales de trabajo y salarios mínimos.
Estas medidas le otorgaron un apoyo popular masivo entre los obreros y los llamados “cabecitas negras”*, pero generaron un fuerte rechazo en las patronales, la oposición política y algunos sectores del Ejército.
A finales de 1945, la oposición (partidos tradicionales, algunos sectores universitarios y empresariales) se unificaron en la Marcha de la Constitución y la Libertad exigiendo el traspaso del poder a la Corte Suprema. Ante la creciente tensión, la cúpula militar opositora dentro de Campo de Mayo presionó al presidente de facto, Edelmiro Farrell.
El 8 y 9 de octubre de 1945, Perón fue forzado a renunciar a todos sus cargos (Vicepresidente, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo). El 10 de octubre pronunció un discurso de despedida por radio desde la Secretaría de Trabajo que encendió el descontento de las bases obreras. Pocos días después, el 12 de octubre, fue detenido y trasladado a la isla Martín García.
Ante la detención de Perón y la inacción de la conducción formal de la CGT (que había convocado a una huelga recién para el día 18), la base trabajadora se organizó de forma espontánea:
Desde la madrugada del 17 de octubre, columnas masivas de obreros procedentes de los centros industriales del Gran Buenos Aires (Avellaneda, Berisso, Lanús, San Martín, entre otros) marcharon hacia el centro de la Ciudad de Buenos Aires.
La multitud ocupó la Plaza de Mayo exigiendo la liberación inmediata de Perón.
Ante el volumen incalculable de la manifestación y la negativa de las tropas de represión a actuar contra el pueblo, el gobierno militar cedió.
Perón fue trasladado desde el Hospital Militar (a donde había sido derivado horas antes) a la Casa Rosada, y al final de la noche se dirigió a la multitud desde el balcón. El movimiento demostró la irrupción definitiva de la clase trabajadora como actor político central en Argentina y selló la convocatoria a elecciones libres en febrero de 1946, en las que Perón se consagró presidente.
(*) Cabecita negra es una expresión utilizada históricamente como un término despectivo y discriminatorio hacia los trabajadores migrantes internos, de piel más oscura o rasgos mestizos e indígenas, que llegaron a los centros urbanos –principalmente a la Capital, la ciudad de Buenos Aires– a partir de los comienzos del siglo XX.
Feinmann (el bueno), el filósofo José Pablo Feinmann (Buenos Aires, 29 de marzo de 1943-Buenos Aires, 17 de diciembre de 2021) Había dejado una breve nota “inesquivable” a la hora de definir aquel 17: “Pocas veces el proletariado fue tan decisivo y auténtico”
“La fecha del 17 de octubre debe ser recordada en lo esencial que tuvo, que fue la movilización popular. La CGT había declarado un paro el 18 de octubre porque el coronel Juan Domingo Perón había sido apartado de su cargo. Un cargo que había ejercido muy bien, favoreciendo mucho a la clase trabajadora, ganándose el afecto y la adhesión de la masa popular.
Si bien la CGT había decretado el paro para el día 18, el 17 las bases populares decidieron salir por su cuenta a pedir por la libertad del coronel. Es un acto libre, casi espontáneo, de gran potencia. Quienes lo protagonizan saben muy bien por qué van y qué es lo que quieren.
Ese día vienen obreros de todo el conurbano a la capital a pedir por la libertad del líder de los trabajadores. Ese 17 de octubre se dio inicio al peronismo y de un modo brillante. Ese fue el mejor momento de Perón y del pueblo peronista. Es una movilización pacifica, numerosa, fervorosa y políticamente muy lúcida. Nadie estuvo detrás de la organización de esta movilización, sino que fue autónoma.
Fue una movilización genuinamente popular que logró su cometido. Perón estaba detenido en el Hospital Militar y al ver una movilización como nunca antes en la historia los militares lo mandan a llamar. Farrel le pidió a Perón que mande a toda la gente a su casa y Perón le dice que para hacerlo debía anunciar las elecciones libres. Farrel le dijo que les diga lo que quisiera pero que saque de la plaza. Ahí es cuando Perón sale al balcón de la Casa Rosada y por primera vez tiene un contacto directo con el pueblo peronista.
Perón alza sus brazos a lo campeón, como va a ser su costumbre y le dice trabajadores que pronto van a haber elecciones y esto satisface mucho a la clase obrera. Esto queda como acto mítico y fundacional del peronismo. Salió todo muy bien ese 17 de octubre y Perón consigue, junto con el apoyo de ese pueblo, elecciones para febrero de 1946. Ahí gana las elecciones y se establece la costumbre de que cada 17 de octubre Perón se reúna con su pueblo.
Pocas veces el proletariado urbano fue tan decisivo y auténtico como cuando decidió movilizar ese 17 de octubre a la plaza. La movilización no fue manipulada en absoluto. Fue una movilización autónoma que tuvo su centro en la misma clase obrera”.
El 17 de octubre fue un día festivo y militante a la vez. Cada militante que llegaba a la plaza confirmaba la presencia del otro en ese acto y se potencian. Una movilización es el conjunto de las voluntades libres y autónomas que deciden ir en una misma dirección y ejercer sobre ese punto una fuerza masiva, política, lúcida que realmente puede conseguir sus frutos.
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