Los pibes de Yunque
San Juan y Boedo. Tres de las ochavas son puertas abiertas para tomar un café, reunirse con amigos, comer platos sabrosos y hasta escuchar algunos tangos. La cuarta es el acceso al banco, frente de impecable mármol gris que, sobre la Avenida mayor, sostiene en lo alto la placa con una leyenda simple: Esquina Álvaro Yunque.
Niños, el mundo no es perfecto, niños./Y por eso vosotros habéis nacido./¡Nacisteis, niños,/para hacer lo que nosotros, hombres, no hicimos!
Hablamos de (Arístides Gandolfi Herrero, 1889-1982). Él mismo explicó por qué eligió su seudónimo.
“Elegí el nombre de Yunque porque el yunque recibe todos los golpes y sigue siendo siempre el mismo”.
Nació en La Plata, pero su familia se trasladó a la Capital cuando él tenía siete años. Al final de la adolescencia comenzó a estudiar arquitectura, pero largó a los tres años para dedicarse de lleno al desarrollo de una carrera notable como poeta, dramaturgo, letrista, periodista, historiador, siempre con un nítido perfil que, lo ubica en el rol de auténtico “escritor militante “.
Podría suponerse que desde su propia niñez observó a la condición humana de manera aguda y comprensiva.
Allí, donde la urbe no llega todavía,/o donde dejó algunas casitas olvidadas:/ranchos de paja y barro, casuchones de latas,/que caminar parecen hacia ella /como para alcanzarla,/juegan los niños sucios y descalzos/de mejillas carnosas y brillantes miradas./¡Y son hermosos estos niños sucios/bajo el redondo sol, junto a la inmensa pampa!/En tanto muge la ciudad oscura por la nasal sirena de sus fábricas./Libres y hermosos y al sol juegan los niños;/como frutas maduran estos frutos con alma./Y frutas son, tan solo hermosas frutas/que en un festín de ricos han de ser devoradas,/los niños en la fábrica almorzados,/las niñas como postre y con champaña./¡Pienso en esto y los puños/Se me hacen dos garras;/Pienso en esto y los gritos hierven en mi garganta”
Para nosotros, por supuesto, sobresale su papel como figura central del Grupo de Boedo. Se sabe que el enfrentamiento con el Grupo de Florida constituye un período clave de la literatura argentina. Y a Yunque le bastaron pocas palabras para exponer la razón fundamental de esa guerra incruenta. Dijo: “Los de Florida se preocupaban más por los sonidos. Nosotros éramos revolucionarios y ellos vanguardistas”.
Sus ojos habían visto demasiadas injusticias, suficientes como para promover la intención reivindicatoria de su obra literaria. Una prueba de esa búsqueda es su poema “El chico limpiabotas”.
El cajón a la espalda,/roto, sucio, descalzo,/va el chico lustrabotas./Se me ofrece el muchacho:/¡Se lustra el caballero, se lustra: diez centavos!
Yo saco la moneda/Se la doy y me aparto./Él con cara de asombro/se me queda mirando./
¿Qué sabe el inocente de mi afán trasnochado/de hacer creer a los niños/que aún existen milagros?
Veamos un brevísimo recuento de su producción. Publicó más de cincuenta libros, colaboró en medios como La Protesta, Claridad, Los pensadores, Rumbo y el Suplemento de La Vanguardia. A partir de su incorporación al Partido Comunista escribió en sus publicaciones y se expresó con vehemencia contra el fascismo y la violencia.
La maestra a los chicos/les habla de los tiempos pasados./Los chicos así aprenden que “Patria”/es tronar de cañones,/alaridos de clarines/y lamentos de soldados;/tormentas de metralla y de polvo,/huracán de caballos,/visión de sufrimiento y de sangre/que los deja estupefactos./Los chicos al salir a la calle,/se cogen a puñetazos.
En 1932, Yunque fundó la Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores; durante el gobierno de Edelmiro Farrel sufrió cárcel y tuvo que exiliarse en Montevideo. Volvió al país con la amnistía que otorgó Perón al acceder a la presidencia. En 1964 ingresó a la Academia Porteña del Lunfardo. La última dictadura no lo dejó participar de la Feria del Libro 1977 y en 1979 la SADE le dio el Gran Premio de Honor.
Una mención especial merece su libro de relatos infantiles Barcos de Papel, varias veces premiado y que fue la base del guion de una película dirigida por Román Viñoly Barreto. Pero hay más libros dedicados a “sus pibes”. Los títulos son reveladores: Zancadillas, Los animales hablan, Jauja, Muchachos del sur, La barra de los siete ombúes, Ta te ti, Mocho y el espantapájaros, Niños de hoy, El amor sigue siendo niño y Las alas de la mariposa.
Los pibes… A cada paso los pibes… Para que el poeta los defienda y también les dedique caricias. Para hacerlo de una forma deliberadamente sencilla, como un cruce entre la inocencia y la dura realidad. Pinceladas de dulzura a un entorno desalmado, bocanadas de aire fresco sin perder valor literario.
Este chiquillo pobre nunca tuvo un juguete;/Pero él, contento juega./De un tacho hace un tambor,/de su puño en la boca la más clara corneta/y de unos diarios viejos un saltarín balón…/
¡Si la naturaleza, más buena que los hombres,/le hizo el regalo de una linda imaginación!
Imposible sintetizar aquí toda la obra de Yunque y su contribución a la literatura, la sociología y la cultura en general. Mucho más fácil es expresar la satisfacción que significa considerarlo uno de los nuestros. Sin dudas, es uno de los “grandes”. Baste decir que su trascendencia, entre incontables agasajos y reconocimientos que recibió, figura la muestra que el año pasado tuvo lugar en la Biblioteca Nacional. Fueron reunidos en esa oportunidad numerosos textos y documentos, en un espacio donde quedó expuesto su compromiso con el arte ligado a lo social. El acontecimiento llevó un título que resulta ideal para cerrar este espacio:
“Álvaro Yunque. El Profeta de Boedo”.
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