Igual… ¿Pero sin Milei?
Es que resulta muy difícil sostener a un tipo cuyo autocontrol no reconoce límite alguno y que no puede expresarse con la moderación verbal que requiere su cargo –acaba de llamar “mierda humana” a los periodistas discrepantes con sus decisiones gubernamentales– en un contexto donde desde su particular visión de la realidad manifiesta enfáticamente todo lo contrario de lo que le sucede al trabajador ya sumergido en el marasmo del endeudamiento ¡para comer! mientras él los arroja impúdicamente a las garras de la usura acusándolos de que “nadie les puso una pistola en la cabeza para pedir plata”, desconociendo cruelmente que el hambre es un arma.
Resulta llamativo observar cómo ejecutivos y dirigentes industriales que apoyan “logros” como el equilibrio fiscal y la baja de la inflación, comienzan a formular objeciones sobre los riesgos sociales y productivos de un modelo con más que prolongado estancamiento.
Desde el diario La Nación, publicación no precisamente opositora, señalan que “el círculo rojo debate qué hacer, si la continuidad del rumbo económico requiere nuevas figuras políticas”.
Se menciona la posible influencia de dirigentes tradicionales como Mauricio Macri o Patricia Bullrich, e incluso diálogos entre diversos actores políticos y económicos.
La pregunta que se hacen dentro de las estructuras del poder es qué garantías y reglas claras para la inversión y el orden macroeconómico da este presidente con sus exabruptos. Sin embargo, los alcahuetes oficiales como Martín Menem, sostienen que no existe una alternativa viable que se denomine mileísmo sin la presencia directa de su mentor Javier Milei, aunque esté a punto de desbarrancarse en el camino de cornisa.
Sectores afines al modelo económico consideran vital preservar las reglas claras para la inversión y el orden macroeconómico, aun sin depender exclusivamente del carisma o la confrontación de Milei.
Y tanto rememorando la “tercera posición” justicialista como aborreciendo la evocación aparecen sectores que intentan captar el descontento de votantes desencantados tanto con el oficialismo como con la oposición tradicional.
¿No habría que preguntarse si la alternativa que plantea “el poder” es sólo una cortina de humo para poder seguir minando desde el Congreso a un futuro gobierno opositor? ¿O quién va a poder sustituir al poder omnímodo del presidente del Banco Central si la votación del Senado dice que sí a lo que ya aprobó diputados?
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