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Nieve en la Ciudad

La nevada que vio Manzi hace 100 años (…y la que vimos nosotros en el Homero Manzi)

Por Horacio Cafferata

El día anterior –viernes 21 de junio de 1918– acababa de comenzar el invierno. En aquellos tiempos no acudíamos a los cálculos astronómicos sofisticados que hablan de solsticio y otras yerbas celestes. El invierno comenzaba el 21 de junio y se acabó. Así que el sábado 22, 24 horas después, el fresquete generaba sabañones de distinto calibre y comenzaba a acentuarse con condiciones inusuales para la Ciudad, tanto que a eso de las tres de la tarde los porteños vieron caer, por primera registrada vez, copos de nieve sobre la Capital durante una hora en que dejó pasmados –literalmente– a sus habitantes.

Luego de un parate de unas tres horas se reanudó el festival del copo durante buena parte de la noche con lo que nuestra ciudad amaneció con una espesa capa blanca. En ese lapso de la mañana del domingo se sacaron las fotos que inmortalizan el momento. La más célebre de ellas, anónima, rescatada del Archivo General de la Nación, muestra a la Plaza de Mayo cubierta por un manto blanco de unos diez centímetros de espesor, que se repite sobre el piso y la cabalgadura de la estatua a Belgrano.

De aquellos tiempos, Cátulo Castillo recordaría a Homero Manzi –su entrañable amigo– en una poética descriptiva que incluye a la nevada.

Dice Cátulo:

Homero era del barrio, aunque no propiamente, sino de otra avenida que tenía sus respetos y prestigio especial, porque había un dispensario médico de orden municipal “Hospitalito Bosch”, y además vivía el escultor Riganelli, con genio creador, cuando el gordo empezaba a pisar su adolescencia.

Lindante estaba el mundo de Vasena y la Semana Trágica, a una cuadra de casa, y cerca –inolvidable– “el tiempo de la nieva” en Buenos Aires, la guerra del 14 y la billarda con que Juan Pronzalino hizo añicos el ventanal grandote de una fonda, donde tocaba cosas el que fue “el viejo ciego” de nuestro primer tango con Homero y el flaco musical Sebastián Piana.

 

Y hace 11 años, la del 2007

Ochenta y nueve años después –un frío domingo soleado –el 1º de julio de 2007– inaugurábamos la 4ª Semana de Boedo a lo largo de la avenida. Con el escenario instalado frente al Banco Ciudad, entre Estados Unidos y Carlos Calvo, el Tata Cedrón y elenco aguantaban la baja temperatura desde las tablas templando dedos y garganta. Debajo, el fervor de la gente desfilando por la feria institucional y artesanal y deteniéndose a contemplar a los artistas era algo así como una estufita templada de cariño y admiración.

El despliegue continuó durante la semana en las instituciones de la Red. El número de actividades hizo difícil asistir a todas ellas. Este periódico estuvo presente en algunas como la deliciosa charla ilustrada de Aquilino González Podestá, organizada por la Asamblea de Boedo, y el debut del ciclo de cine nacional gratuito en La Balear, producido por María Virginia Ameztoy y organizado por Baires Popular donde se proyectó “Luna de Avellaneda” ante una concurrencia de alrededor de 150 personas.

El final de esa semana traería la sorpresa envuelta de blanco. El lunes 9 de julio, en San Juan y Boedo, Manzi estaría presente en otra nevada. El amplio salón de la esquina que lleva su nombre cobijaba –nunca mejor dicho ante el frío polar de la calle– al vecindario que despedía a la 4ª Semana de Boedo con la presencia de Cerda Negra y Fervor de Buenos Ayres en el escenario.

De pronto alguien ingresó al bar y comenzó a difundirse la versión de que estaba nevando. Será aguanieve –tiró un escéptico de los que nunca faltan– No, no… ¡son copos! –le contestaron. Fue la orden para el discreto desfile hacia las ventanas, a abrir los paños de sus cortinados de a poco y contemplar el espectáculo de la naturaleza compitiendo “deslealmente” con el del escenario. La música se detuvo y los músicos se sumaron, esta vez como espectadores. El inopinado final de esa Semana de Boedo volvía a la calle, a la esquina de las esquinas. Otra vez Manzi en una nevada, esta vez alfombrando de blanco a “San Juan y Boedo antigua…, y todo el cielo.”

Un par de años más tarde –2009–, la gripe de la extraña sigla (H1N1) empujaría a las celebraciones del barrio por el cumple de Marianito Boedo –25 de julio– hacia una más benévola primavera, contando con la comprensión de nuestro prócer de cabecera.

 

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