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Ni una menos

Por Mario Bellocchio

“¡Ni una menos!”. “¡Vivas nos queremos!”. Un grito que desgarra la conciencia de los seres humanos que sustentan en la equivalencia de género la razón de ser de la existencia.

“Hoy me vestí de negro y desde el aula reflexionamos una y otra vez la problemática. Con mis alumnos del Colegio de los Telares, Santiago del Estero, adherimos a este reclamo nacional, una vez más”. Una maestra santiagueña, desde su modesta tribuna educativa, simboliza cabalmente el reclamo de justicia sobre los recientes sucesos aún impunes y protección sobre quienes “todavía” permanecen indemnes pero en riesgo creciente de ser víctimas.

“Vivas nos queremos”, enarbolan como consigna, subrayando con la inclusividad de ese “nos queremos” la brutal horfandad con que deben convivir las mujeres a causa del brutal incremento de los ataques que padecen por motivos de género.

El sábado pasado, Lucía Pérez, una adolescente de 16 años falleció en Mar del Plata. La fiscal de la causa, María Isabel Sánchez, denunció que la joven fue sometida a “una agresión sexual inhumana” y que su muerte se produjo por un “excesivo dolor” que le produjo un paro cardíaco, luego de un atroz “empalamiento”. “Estaba todo preparado para que pareciera una sobredosis, pero los resultados de la autopsia fueron contundentes: fue víctima de un atroz ataque sexual y no tiene en su cuerpo reflejos de haberse defendido”, indicó Sánchez, avalando su conocimiento de que Lucía fue, además, víctima de una sobredosis a fin de reducir su resistencia a la barbarie a que fue sometida.

María Pía López, socióloga, ensayista e integrante de “Ni Una Menos”, señalaba a los medios: “La indignación y desesperación que nos produjo el crimen de Lucía terminó en una reunión de urgencia organizada ese mismo día en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y de la que participaron alrededor de 50 organizaciones. Ahí decidimos hacer un cese de actividades y acompañarlo con un acto simbólico de estar todas y todos vestidos de negro”. “La dificultad está en transformar el sentido común de la sociedad porque el femicidio es la punta visible de un iceberg que se expresa de otras maneras cotidianas. Situaciones de acoso, inequidad laboral, trato misógino y cosificador hacia las mujeres. El crimen es la respuesta a una pedagogía de la crueldad”.

 

La protesta de hoy, que tuvo réplicas americanas –Chile y México entre otras– encontró en el caso de Lucía, para nuestro país, un brutal detonante incontenible.

Pero la bolsa del hartazgo se viene colmando desde hace rato: la Asociación Civil La Casa del Encuentro, a través del Observatorio de Femicidios en Argentina conducido por Adriana Marisel Zambrano, señaló que, entre el 1° de junio de 2015 y el 31 de mayo último hubo 275 femicidios.

Según El Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, vinculado con la Oficina de la Mujer, en la órbita de la Corte Suprema de Justicia, dos de cada diez mujeres asesinadas en la Argentina habían presentado denuncias por violencia de género

Otro organismo creado en 2006 dentro de la Corte Suprema de Justicia por iniciativa de la jueza Elena Highton de Nolasco, la Oficina de Violencia Doméstica (OVD), recibe unas 900 denuncias por mes. En el 71% de los casos, el agresor es o fue pareja de la víctima. El 58% de los homicidas fueron parejas o ex parejas de las víctimas, mientras que otro 12% fue cometido por familiares. De esa manera, 7 de cada 10 mujeres fueron asesinadas por personas de su círculo íntimo.

El año pasado se notificaron en territorio bonaerense más de 67.000 denuncias por violencia de género según la Procuración General de la provincia de Buenos Aires.

Son datos provenientes de entidades de probada idoneidad sobre el tema, no meras presunciones periodísticas elaboradas por encargos interesados.

Hoy por la tarde, la lluvia incentivó, en lugar de aplacar la concurrencia. Al fin y al cabo las convocadas eran víctimas acostumbradas a los infortunios, aunque esta vez fueran sólo climáticos.

“¡Ni una menos!”. “¡Vivas nos queremos!”. Un grito que desgarra la conciencia de los seres humanos que sustentan en la equivalencia de género la razón de ser de la existencia.

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