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Hace 2018 años

Con la llegada de Jesús, que para algunos puede que sea Dios, para otros simplemente un hombre, hay que discutir algo más, que en realidad se viene discutiendo en la Iglesia pero se oculta bastante.
La columna de Fernando Borroni

Llegamos al momento de las Fiestas para meternos en la complejidad de las religiones. O de alguna de ellas. Particularmente la Cristiana. O aquella que se dice Cristiana. Quería preguntarme, para quiénes tienen fe ¿Qué se celebra hoy? ¿El nacimiento de quién celebramos? ¿Qué tipo de hijo era ese Jesús, hijo de un dios, que algunos así lo creen? Entonces para quienes no, poder detenerse y asegurar que esta noche se celebra el nacimiento de un líder político, un militante revolucionario del cual nadie duda de su existencia y que se lo puede concebir, o no, como el hijo de un dios pero no se lo puede desconocer como un luchador en un contexto determinado. Pero, como suele pasar en todo movimiento político, porque, digámoslo de una vez, el Cristianismo es y ha sido un movimiento político, aunque un sector de la Iglesia quiera disfrazarse de una inmaculada pureza ante todos los quehaceres del mundo y quieran disfrazarlo como una especie de hombre gris, que ni blanco ni negro, que nunca se la jugaba por nada, más que por la palabra de Dios. Un dios con amor angelical, lejos de rechazar el odio que el imperio disfrutaba por aquellas épocas. De un dios que se compadece de los pobres pero lo único que les proponía era prometerles “el reino de los cielos”, siempre lejos de la tierra. Este Jesús que construyó un sector de la Iglesia, fue la construcción de un símbolo, de un estandarte, de una identidad con la que enquistarse en el poder. Sosteniendo una lógica a través de un perdón para todos. Una comprensión equitativa, una mirada misericordiosa a todos por igual, como si todo valiese uno. Esa idea quedó confrontada para construir una Iglesia que no confronta y de esta manera estar convidada a los manjares del poder. Esta es la Iglesia mayoritariamente hoy. Por más que me digan “la Iglesia somos todos”, claro, pero la conducen algunos, no todos.

Esta Iglesia Católica y Apostólica que no debería llamarse Cristiana, aunque le saque frutos a su líder. Esta Iglesia que ocultó a un Jesús que enfrentó al imperio hasta su muerte.

Que predicó en Galilea donde habitaban todos los que habían sido expulsados por el poder delirante de los romanos, donde además estaban los enfermos, los leprosos, que auscultaron a un hombre que fue un militante de un proyecto político. Esa Iglesia ocultó a ese hombre que destruyó un templo a patadas porque ese templo era la síntesis de un gobierno autocrático que en nombre de Dios sometía de todas las formas, desde lo económico también.

Con la llegada de este hombre, que para algunos puede que sea Dios, para otros simplemente un hombre, hay que discutir algo más, que en realidad se viene discutiendo en la Iglesia pero se oculta bastante.

Hoy leía que la Conferencia Episcopal Argentina mencionó en un mensaje al Gobierno, que por favor atienda a los pobres que son los que más sufren. Y no tenía más que agradecerle a la Conferencia Episcopal Argentina esta noticia “tan reveladora”, esta noticia que desnuda una realidad de la que, sabemos todos, este sector de la Iglesia se hace bastante poco cargo.

Esta Teología de la Dominación que hoy conduce la Iglesia se sigue sosteniendo en viejos mandamientos y sigue confrontando con la Teología de la Liberación que trae esta lógica bienaventurada de un dios bastante más sensato, de un dios bastante más con los pies en el barro y no con los mensajes escritos alejados de la realidad.

Esta Teología de la Dominación que está, hoy, de la mano del poder económico, sigue en un profundo enfrentamiento con la Teología de la Liberación, de la mano de los pobres. Por eso esa Iglesia tradicional y colonizadora se contenta con llamar a los curas que meten las patas en el barro, “curas con opción por los pobres”, a quienes en realidad son simplemente curas cristianos. Toda iglesia que se diga cristiana y no milite todos los días por y para los pobres, que no denuncie a los poderes fácticos que les roban derechos a todo el pueblo y que concentre el poder en pocas manos, no es otra cosa que ese templo de mercenarios al que una vez el propio Jesús destruyó a palazos.

Que nadie dude que los Saguier y algunas estructuras de esta Iglesia, hoy lo crucificarían a Jesús, sobre todo si se entiende que Jesús es la síntesis de ese pueblo que tiene hambre, de ese pueblo pobre. Pero hoy en las vísperas de la Navidad es bueno celebrar que también nace ese Jesús libertario, en el padre Paco, en lo que fue monseñor Angelelli,  en lo que fue monseñor Romero, en Camilo Torres, en De Nevares, en Leonardo Boff…

En esta Navidad debería nacer ese Dios “que se mete en la historia para transformarla”, como dice el padre Paco. Esta Iglesia que calla el origen del hambre, que encubre a sus responsables, que no combate al neoliberalismo con profundidad, crucifica a Jesús todos los días.

Ojalá que en esta Navidad, para quienes creen, nazca o renazca el único Jesús de la historia que fue el revolucionario y el comprometido, no el que luego disfrazó el poder de la Iglesia.

Y para quienes no creen, ojalá sea una noche en la que piensen que las revoluciones existieron desde hace mucho tiempo y algunos las hicieron religión.

Claro, el problema del Cristianismo es que buscó liberar y el problema de las religiones es que suelen buscar todo lo contrario.

 

  • Editorial de Fernando Borroni sobre Navidad
  • La mañana con Victor Hugo (AM 750)
  • 24 de diciembre, 2018

 

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