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Angelelli

El asesinato del 4 de agosto de 1976. Por María Virginia Ameztoy

Los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville fueron secuestrados, torturados y asesinados el 18 de julio de 1976 por personas que al detenerlos dijeron ser de la Policía Federal. El Obispo Angelelli, al enterarse de esto, comentó con personas de su entorno, “es mi turno”. Días después, el 4 de agosto, asistió a la misa celebrada en El Chamical en homenaje a los dos sacerdotes asesinados. Al regreso, conducía una camioneta acompañado por el padre Arturo Pinto quien, luego del atentado, refirió que los seguían varios autos, que encerraron a la camioneta hasta hacerla volcar. A raíz del golpe quedó inconsciente y al recobrar el sentido vio a Angelelli tendido en medio de la ruta, con la nuca destrozada por sangrientos golpes que le causaron la muerte.

La policía envió una ambulancia y el cuerpo de Angelelli fue trasladado a la ciudad de La Rioja. La autopsia reveló varias costillas rotas y una fractura en el hueso occipital causada por un golpe. Los frenos de la camioneta y el volante estaban intactos.

Pocos días después de la muerte de Angelelli, la fiscal Martha Guzmán Loza recomendó cerrar el caso, al que calificó de “accidente de tránsito”.

La postura de la jerarquía eclesiástica*

Tres días después de la muerte de Angelelli, un grupo de clérigos argentinos dirigió una petición a Raúl Primatesta, arzobispo de Córdoba y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, para que se pronunciara en defensa del clero. El cardenal, citando al Evangelio  aconsejó “ser prudentes como serpientes” y afirmó que “hay un tiempo para hablar y un tiempo para callar”. ?

El cardenal Juan Carlos Aramburu dijo que  para afirmar que se había cometido un crimen había que probarlo y que a él no le constaba que había sucedido. Sin embargo, algunos obispos como Jaime de Nevares, Jorge Novak y Miguel Hesayne denunciaron el asesinato. La Agencia Informativa Católica Argentina publicó un informe muy breve de la trayectoria de Angelelli, en tanto que el incidente jamás fue discutido por publicaciones oficiales de la Iglesia católica.

En el año 2009 se realizó una necropsia. El informe médico legal ratificó que las múltiples fracturas en el cráneo fueron la causa de la muerte.

El 4 de julio de 2014, casi 38 años después, Luciano Benjamín Menéndez  fue destituido de su cargo de General de División por crímenes de lesa humanidad y condenado a cadena perpetua acusado de haber causado el asesinato del obispo. Por su rol de jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, Menéndez era la máxima autoridad en Córdoba durante los años de la dictadura y estuvo a cargo de la represión en Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis, Santiago del Estero y Tucumán. Por ese motivo, Menéndez fue el militar de la dictadura con más condenas: 13 sentencias a cadena perpetua. Otros acusados, Jorge Rafael Videla, Juan Carlos Romero y Albano Harguindeguy, fallecieron antes del comienzo del juicio. ?

Enrique Ángel Angelelli Carletti

(Córdoba, 18 de julio de 1923/La Rioja, 4 de agosto de 1976) ?fue un obispo católico argentino, declarado beato en 2019.

Había sido padre conciliar en el Concilio Vaticano II, durante el cual apoyó las posiciones renovadoras. Caracterizado por su fuerte compromiso social, formó parte del grupo de obispos que se enfrentó a la dictadura cívico-militar iniciada en 1976. Su muerte, fue declarada por las autoridades militares como accidente automovilístico, aunque había fuertes sospechas de que  se había tratado de un asesinato.

Durante su permanencia en Córdoba, había sido nombrado vicario cooperador de la parroquia San José de barrio Alto Alberdi y capellán del Hospital Clínicas en 1951. Visitó las llamadas “villas miseria” de Córdoba y asumió como asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC), con sede en la capilla Cristo Obrero.

Fue profesor de Derecho Canónico y Doctrina Social de la Iglesia en el Seminario Mayor y profesor de Teología en el Instituto Lumen Christi.

El entonces Papa Juan XXIII lo nombró obispo titular de Listra y, en 1960, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Córdoba. A fines de ese año fue nombrado Vicario General. Al año siguiente asumió como prelado del Cabildo eclesiástico de la Iglesia Catedral de la capital cordobesa. Fue rector del Seminario Mayor y como obispo auxiliar se involucró en los conflictos laborales gremiales (Fiat, IME, Municipales). En 1963 realizó campañas de solidaridad para luchar contra el hambre y la exclusión de los más necesitados.

Posteriormente participó de la primera sesión del Concilio Vaticano II, en 1962, de la tercera, en 1964 y de la cuarta, en 1965. Debido a los cambios conciliares hubo fuertes tensiones en la Iglesia cordobesa. Angelelli apoyó públicamente las posturas renovadoras, lo que causó su exclusión del gobierno eclesiástico, hasta que en 1965  lo restituyeron como obispo auxiliar.

En 1968 el Papa Pablo VI lo nombró obispo de La Rioja, obispado desde el que movilizó a los sectores riojanos postergados promoviendo la generación de cooperativas de campesinos y la organización sindical de los peones rurales, los mineros y las empleadas domésticas. Una de estas cooperativas solicitó la expropiación de un latifundio. El entonces Gobernador Carlos Menem prometió que iba a transferir dichas tierras a la cooperativa.

Pero en 1973, Angelelli fue a Anillaco, y fue recibido a los piedrazos por comerciantes y terratenientes, quienes irrumpieron por la fuerza en la iglesia y Angelelli tuvo que suspender la misa.

El gobernador retiró su apoyo a la cooperativa debido a la “agitación social” que se había desatado.La Santa Sede envió a La Rioja a sacerdotes de la Arquidiócesis de Santa Fe para apoyar a Angelelli, afirmando que “los poderosos manipulaban la fe para tomar ventaja de la “mano de obra barata”.

Ya iniciada la dictadura, luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, solicitó al militar interventor de La Rioja información sobre la situación de varios activistas desaparecidos, entre ellos el Vicario. No recibió ninguna respuesta, por lo que viajó a Córdoba para hablar con  Luciano B. Menéndez, comandante del III Cuerpo de Ejército. Menéndez amenazó a Angelleli diciéndole que debía tener cuidado.

Y cumplió con su amenaza.

 

*A partir de la década de 1970 las Fuerzas Armadas ponen la mira en los sectores progresistas de la Iglesia Católica, a los que consideran subversivos, ocupándose especialmente de las diócesis de Neuquén, La Rioja y Goya, cuyos obispos, Jaime de Nevares, Enrique Angelelli y Alberto Devoto, son considerados sospechosos.
Entre 1974 y 1983 fueron asesinados o desaparecidos otros quince sacerdotes. Ellos fueron: Carlos Dorniak, asesinado en Bahía Blanca el 21 de marzo de 1975. Nelio Rougier, detenido en Córdoba en septiembre de 1975, desaparecido. Miguel Angel Urusa Nicolau, detenido en Rosario el 10 de enero de 1976, desaparecido. Pedro Fourcade, detenido el 8 de marzo de 1976, desaparecido. Pedro Duffau, asesinado en Buenos Aires el 4 de julio de 1976. Alfredo Kelly, asesinado en Buenos Aires el 4 de julio de 1976. Alfredo Leaden, asesinado en Buenos Aires, 4 de julio de 1976. Gabriel Longueville, asesinado en Chamical, La Rioja, el 18 de julio de 1976. Carlos de Dios Murias, asesinado en Chamical, La Rioja, el 18 de noviembre de 1976. Héctor Federico Baccini, detenido en La Plata el 25 de noviembre de 1976, desaparecido. Pablo Gazzari, detenido en Buenos Aires el 8 de abril de 1977, desaparecido. Carlos Armando Bustos, detenido en Buenos Aires, el 8 de abril de 1977, desaparecido. Mauricio Silva lribarnegaray, detenido en Buenos Aires el 14 de junio de 1977, desaparecido. Jorge Adur, detenido el 7 de enero de 1980, desaparecido.
Es necesario agregar a esta lista a los obispos Enrique Angel Angelelli, de La Rioja, y Carlos Ponce de León, de San Nicolás de los Arroyos, quienes mueren en “accidentes” automovilísticos ocurridos, respectivamente, en agosto de 1976 y en julio de 1977.

 

 

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