Piolín: pizza, matambre y barrilete
Memorias y viñetas de la ferretería vieja
Antes de entrar en la ferretería aclaremos que se trata de un americanismo (más bien argentinismo), así lo indica el María Moliner (1), confieso que me sorprendió la interpretación del diccionario de lunfardo. Piolín: vesre de limpio (2). Parecería más bien un diminutivo de piola, vocablo usado en el lenguaje marino para designar cuerdas utilizadas en los barcos. Palabras como seres, sufren, atraviesan mares, se adaptan, echan raíces en otros surcos, abren nuevas flores. Miren que bien se aclimató la palabra piola en las orillas del Plata, vaya a saber por qué ella y no otras ¿Por los barcos de nuestros ancestros? ¿Porque los inmigrantes tenían que quedarse piola como las cuerdas en cubierta? ¿O en realidad fingían quedarse piola? pero no lo hacían, trataban de pasar desapercibidos, que no los junen demasiado, todos los que fueron alguna vez inmigrantes comprenderán, entonces “se hacían los piolas”, se abría otro significado… y así se fueron abriendo las alas de esta palabra tan nuestra. ¿Qué pensarán los sabios de Boedo de estas cogitaciones?, daría para más de un debate acalorado en los bares del barrio.
Ahora sí pueden entrar. La cera virgen, el alambre o la gomalaca, requerían cierta maestría para despacharlos, el piolín no, tómelo y páguelo, se vendía por rollo o por paquetes de diez, tampoco necesitaba muchos consejos para su utilización, como en el caso de la anilina o de las estufas a kerosene: agregue tanto, espere que se enfríe, cuidado con… El interés del piolín residía del otro lado del umbral, ayudaba a entender que la ferretería era mucho más que una ferretería era un engranaje esencial de la sociedad barrial. Dos palabras alcanzarán para entender esto: pizza y matambre. A media cuadra, saliendo de la ferretería hacia el norte, sin cruzar, estaba la pizzería San Antonio, para ellos el de algodón, tenía que romperse de un tirón ¿ya vieron atar las cajas de pizza? Todavía pueden visitarla, esta pizzería atravesó las crisis, todavía siguen atando las cajas como hace sesenta años, intenten imitarlos, después me cuentan. Cruzando Boedo, en el pasaje Gallegos, estaba la fábrica de matambre, para ellos el piolín de cáñamo, tenía que resistir para enrollar con fuerza esta delicatesen criolla (3). Dejo a los especialistas boedónicos o al director del periódico instruirnos sobre el nombre de esta fábrica, se me borró, lo que nunca se me va a borrar es el aroma que impregnaba el pasaje Gallegos a esa altura.
Trato ahora de encontrar el aroma de la ferretería, el relato aquí me trajo, ya les decía, el piolín hilvana, reúne. Uno se puede olvidar de un apellido, del nombre de un lugar, pero la memoria de los aromas es otra, queda grabada en los subsuelos del disco duro, imposible borrarla ¿Cómo describir el aroma de la ferretería vieja? Esa mezcla de efluvios, de aguarrás, kerosene, masilla, aceite de lino, pinturas, sogas… ¡Sí señor! hasta las sogas tenían ese aroma típico de pasto seco. El yeso en polvo, la tiza, la cal, también lo tenían, estaban en barricas abiertas, olían, contribuían a formar ese perfume indescriptible. Shhhh! ¡Silencio! No batan la idea, se imaginan la marca: “Quincailler” (ferretero) lanzando una gama de perfumes y lociones francesas para hombres. Ya me estoy imaginando las imágenes publicitarias, no no les daré detalles, ya saben que soy medio degenerado. Es más, me estoy imaginando el slogan: Áspero, sobrio, un perfume para…, no, no, tampoco les voy a decir, después…
Ellos no compraban por veinte o treinta rollos como la pizzería o la fábrica de matambre, ellos venían con monedas contadas, ojitos chispeantes y esperanza fresca, esperanza de que las monedas alcancen. En general se dirigían a mí, no a mi viejo, ni a Simón, el empleado histórico. ¿Alcanza con un rollo de piolín para el barrilete? Preguntaban emocionados. Sí, con uno les va a alcanzar, pero primero enrollan el piolín en un palito de madera, así… y comenzaba la demostración, bueno, después lo terminan ustedes. Eso me gustaba, enseñar, transmitir algo, aunque a menudo me frustraban, ya sabemos ¿nos regalás el palito? Y se iban saltando, coleteando en el aire como si ya estuvieran volando. Barrilete trazando deseos en el cielo, volar, volar, volar, escaparse de terrestres pesadumbres, o jugar a volar lo que es lo mismo, pues la vida es un juego y el juego es vida. Barrilete, humanos sueños de viento y libertad danzando durante siglos (4). Mariposas, serpientes, águilas…, en celestes coreografías, delineando formas y palabras (5). Y así, tirando del piolín, seguimos hilvanando, reuniendo, descifrando el mundo y su historia en arabescos barrilete.
Pero no volamos, aquí permanecemos, de arcilla y fuego, de barro y muertos, de sangres sin dueño, anclados en muelles de tierra a pesar de aviones y parapentes, de piolines y barriletes.
[1]. María Moliner: Diccionario de uso del español, 1998, éd. Gredos, Madrid.
- Diccionario etimológico del lunfardo, Oscar Conde, 2004, éd. Taurus, Buenos Aires.
- El corte de carne matambre, que se encuentra entre el costillar y el cuero, es un término argentino, proviene de su uso como pago al faenador en los mataderos por ser un corte de baja calidad que no se exportaba. De allí su nombre, proveniente de “mata hambre“. http://cocinachic.net/origen-del-matambre-mataba-el-hambre/
- Fueron los chinos quienes inventaron este objeto volador que más tarde, hacia el siglo dieciséis, llegaría a Europa y que hacia mediados del siglo XVIII fue utilizado por Benjamín Franklin para demostrar la carga eléctrica de los rayos
- Interesante observar las palabras, inventadas para designar el barrilete en diferentes lenguas evocando formas vivas en vuelo: aquilone en italiano (de Aquila: águila), papalote en México de papalotl (mariposa en náhuatl), cerf-volant en francés (de serp-volante – serpiente voladora en lenguaje occitano), kite en inglés (en referencia al milano, un ave rapaz de grandes alas)… Me pregunto ¿de dónde sacamos la denominación barrilete? ¿qué evoca? (en España le llaman cometa). Se agradece enviar al diario vuestras sugerencias
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