Cine argentino hoy
La lucha continúa.
En 1908 otro inmigrante –esta vez italiano–, Mario Gallo, rueda el primer corto argentino de acción dramática, El fusilamiento de Dorrego y, un año después, el 23 de mayo, estrena La Revolución de Mayo, el primer largometraje, proyectado en el Teatro Ateneo de Buenos Aires, razón por la cual se considera esa fecha como “Día del cine nacional”.
En 1909 se construyen los primeros estudios y laboratorios cinematográficos. El mercado externo se abre para la naciente industria con la película del período mudo más famosa en la Argentina y América Latina, Nobleza Gaucha, que, De la Pera, Gunch y Cairo rodaran en 1915. Nobleza Gaucha había costado a sus productores 20.000 pesos y les dejó una ganancia de 600.000. Durante la Primera Guerra Mundial, la Argentina es el más importante exportador de películas de Latinoamérica.
El primer film animado del mundo, El Apóstol (1917), una sátira sobre Hipólito Yrigoyen, realizado por Chirino Cristiani, de 58.000 fotogramas y realizado en doce meses, es anterior al primer film norteamericano de animación –El hundimiento del Lusitania de Mc Cay– de extensión menor a la mitad del argentino, que demoró más del doble de tiempo en llevarse a cabo.
En 1939 la Argentina gana los primeros premios internacionales obtenidos por Latinoamérica. Comienza la edad de oro del cine argentino, con treinta estudios en actividad, fuente de trabajo estable para 4.000 trabajadores.
En 1957 se crea el Instituto Nacional de Cinematografía, el organismo que fomenta, regula y promueve la producción cinematográfica y audiovisual y gestiona el fondo de fomento.
En 1968 se sanciona la Ley del Cine, modificada en La Ley de Cine 24.377, sancionada en 1994, que reestructuró el Instituto Nacional de Cinematografía transformándolo en el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (INCAA). Este marco legal clave fortaleció el financiamiento a través de un fondo específico, impulsó el Nuevo Cine Argentino, las coproducciones y el fomento a la producción nacional, consolidando una industria más competitiva.
Además, realiza concursos de cortos, documentales y largometrajes, entre otras muchas funciones. Bajo el amparo de la Ley creció en gran manera nuestra industria y se constituyó la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) que tiene sedes en varias provincias, aparte de su sede central en la Ciudad autónoma de Bs. As., Moreno 1199.
Nuestro cine tiene desde hace mucho gran relevancia en el plano internacional, obteniendo premios en los mejores festivales europeos, además de los Oscar por La historia oficial (1986), El secreto de sus ojos (2010), aparte de los obtenidos por rubros como mejor Música, por ejemplo y nominaciones a películas como Relatos salvajes (2014) y Argentina 1985 (2022).
Es importante destacar que el INCAA se autofinancia principalmente por medio del Fondo de Fomento Cinematográfico que se nutre de impuestos al cine (10 % de las entradas), videogramas y un 25 % de la recaudación del ENACOM sobre servicios de comunicación audiovisual.
Con la asunción del gobierno que se inició en diciembre de 2024, comienza la gestión del economista Carlos Pirovano, que no posee ningún tipo de experiencia en cine y que a menos de 24 horas de haber asumido como nuevo presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales firmó el despido de más de 140 trabajadores monotributistas.
La crisis que atraviesa hoy el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) no es un hecho aislado. Es parte de un proyecto político que desprecia la producción nacional, que recorta donde hay derechos, que ajusta en nombre del “déficit cero”.
El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) atraviesa una parálisis que mantiene suspendida la aprobación de nuevos proyectos cinematográficos.
Tradicionalmente el instituto otorgaba subsidios antes, durante o después del rodaje de las películas, bajo diferentes líneas de apoyo. Sin embargo, hoy el financiamiento se ha trasladado casi por completo a un esquema de validación posterior: si la película ya está realizada y el organismo estima que tiene potencial de audiencia, puede recibir apoyo.
En este sentido, el Espacio Audiovisual Nacional (EAN), que reúne a diversas organizaciones de la industria, denunció recientemente que, bajo el actual Gobierno, no se ha aprobado ni un solo proyecto nuevo con fondos del INCAA.
Carlos Pirovano se ha convertido en el único presidente del INCAA en tener el récord histórico de cero películas argentinas aprobadas. En su defensa Pirovano ha asegurado que sí se han aprobado 236 proyectos, lo que no es cierto ya que éstos se refieren a proyectos iniciados y desarrollados durante gestiones anteriores.
No es nuestro propósito soslayar la actitud anti industrial y anti educación, salud y cultura llevada a cabo sostenidamente por el Gobierno iniciado en 2024, simplemente que este artículo refiere a ilustrar sucintamente, lo que sucede con nuestro cine, una expresión e industria cultural primordial. Como afirmaba el escritor, director e historiador Luigi Chiarini (1900-1975) El cine es una industria, el film un arte.
La historia de nuestro cine siempre estuvo indisolublemente unida a nuestra historia como país, donde la actividad cinematográfica atravesó por muy variadas etapas: de impulso estatal, de desarrollo como industria cultural, de retracción en su apoyo por parte de las políticas gubernamentales de turno, de apertura temática, de censura, de auge y de fracaso, de progreso y retroceso. Su camino tiene tantos atajos, idas y regresos como los sufridos por el orden constitucional y el estado de derecho; en las épocas represivas, el cine argentino –como muchos hombres y mujeres de la cultura– fue enviado al exilio. Y retornó para reconstruirse, para seguir subiendo una dura cuesta.
El cine argentino, regresando siempre de sus exilios.
(*) María Virginia Ameztoy es Socióloga (UBA) especializada en Cultura y Directora sociocultural de Desde Boedo.
Ilustración: fotograma de La Revolución de Mayo, el primer largometraje argentino, dirigido por Mario Gallo.
