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Un Biden “populista”

USA: a los 100 días de mandato el presidente anuncia su propuesta. María Virginia Ameztoy

El 28 de abril, a los primeros 100 días de haber asumido el cargo, el presidente norteamericano Joe Biden pronunció un discurso ante el Congreso invitando a los legisladores a aprobar una serie de inversiones a fin de ampliar la educación gratuita, crear millones de puestos de trabajo para fomentar la compra de productos nacionales, reducir la pobreza infantil y que las grandes empresas y fortunas del país “paguen lo que es justo”.

Con esa finalidad pidió al Congreso que apruebe un ambicioso plan de 2300 millones de dólares para modernizar y ampliar la infraestructura del país, además de un plan nacional para crear trabajos y otro para las familias estadounidenses.

Anunció además recortes impositivos por hijo ya que, aclaró, “las políticas implementadas se dirigen a la clase media”, que junto con los sindicatos construyeron al país y “no Wall Street”. Respecto a los impuestos afirmó que no aumentarán para quienes ganan menos de cuatrocientos mil dólares anuales y sí para las grandes fortunas.

Quienes ven en estas medidas una avanzada de política de corte popular deberían advertir que la crisis mundial obliga a repensar ciertas medidas económicas porque, de no hacerlo, el capitalismo financiero se fagocitaría al capitalismo industrial mediante la especulación y la concentración de capitales a fin de aumentar el de los grupos de la banca privada sin invertir en el desarrollo de las fuerzas de producción. El capitalismo industrial, por lo contrario, se asienta en la economía de mercado y la ganancia proviene de la producción, circulación y consumo de bienes y servicios, actividades interrelacionadas y determinantes de todo proceso económico. Y estas tres etapas son interdependientes.

En una sociedad diezmada y castigada en su capacidad económica no se cumplen las premisas básicas de toda sociedad capitalista. Y eso ve Biden, no es que se haya convertido en lo que no es.

La crisis no es una más del sistema capitalista, es la mayor que ha sufrido Estados Unidos luego del crack de Wall Street de 1929. Ante un país y una sociedad literalmente hundidos por los efectos del crack el candidato demócrata de aquel entonces, Franklin Roosevelt, planteó una larga serie de reformas que se dieron a conocer como el New Deal”, leyes, programas de inversión pública y creación de agencias especiales algunas de las cuales aún hoy están en vigor. Roosevelt no sólo puso freno a un modelo de capitalismo ultraliberal, sino que además estableció en el país un Estado de Bienestar, intervino los mercados financieros, otorgó pensiones, derechos sindicales y, entre otras cosas, realizó una enorme inversión pública, y todo esto en su primer mandato presidencial.

Rossevelt gobernó entre 1933 y 1945, recién había asumido su cuarta presidencia cuando murió de un derrame cerebral con todo el desgaste de la Segunda Guerra Mundial sobre sus desvalidas espaldas.

La intervención del Estado en la política económica como mejor instrumento para salir de una grave crisis fue propuesta por John Maynard Keynes y expuesta en su obra Teoría general del empleo, el interés y el dinero, una respuesta a la gran debacle de 1929. Su política económica consiste en aumentar el gasto público para estimular la demanda agregada y así aumentar la producción, la inversión y el empleo. Roosevelt siguió a Keynes y realizó algo impensable, se enfrentó al capitalismo financiero.

Volvamos a Biden y algunas de sus afirmaciones:

  • “El efecto derrame en economía nunca funcionó, es tiempo de hacer crecer a la economía desde abajo”.

Subiendo los impuestos a los más ricos Biden se propone financiar el plan familiar, con medidas sociales por miles de millones de dólares. Y con el aumento del tributo de las grandes empresas apunta a concretar un Plan de Empleo multimillonario en dólares.

Si bien asombran otras declaraciones de Biden como:

  • “Wall Street no construyó este país”,
  • “Muchas empresas también evaden impuestos a través de paraísos fiscales en Suiza y Bermudas y las Islas Caimán, y se benefician de lagunas fiscales y deducciones para deslocalizar puestos de trabajo y trasladar los beneficios al extranjero. Esto no es correcto”.

A no engañarse, el Tío Sam no ha abandonado su dedo en ristre: en materia de política exterior el imperio sigue actuando como tal. Biden sigue sosteniendo la idea de conservar una fuerte presencia militar estadounidense en el Pacífico e impulsar el desarrollo tecnológico y el comercio considerando que hay que desafiar estratégicamente a China y otros países. Biden cuestionó duramente al presidente chino, Xi Jinping, tratándolo de autócrata contendiente de lo que él considera “la democracia”. Y, mientras tanto, la fabricación y venta de armas continúa, las intervenciones en países extranjeros continúan, los ataques a Siria continúan, la permanente depreciación del gobierno de Maduro en Venezuela continúa, el bloqueo a Cuba continúa…

 Sucede que con millones de norteamericanos en la miseria ¿quién consumiría? Producción, circulación, consumo…, capitalismo. Es el sistema lo que defiende Biden. Ni más ni menos.

 

 

 

 

 

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