¿Dónde estás con tus ojos celestes? 

La columna de Tito VaccaroNoticia importante

Vienen desde Colombres caminando por San Juan. El Flaco y Daniel –su amigo experto en tango– van a tomar un cafecito. Y a discutir un poco, como siempre.  Se detienen en la vereda del bar, frente a la placa: “Enrique Maciel –13-7-1897/24-1-1962– Guitarrista, pianista y compositor. Habitante de Boedo antiguo. Su música está asociada a los nombres de Héctor Pedro Blomberg como compositor y a Ignacio Corsini como guitarrista. Compositor entre numerosos temas, del vals La pulpera de Santa Lucía (1929). ‘Era rubia y sus ojos celestes reflejaban la gloria del día y cantaba como una calandria la pulpera de Santa Lucía’… Homenaje de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo. Esquina Homero Manzi, Boedo, 23-7-2001”. Avanzan los metros que faltan hasta la Avenida Mayor, entran al bar y, apenas se sientan, el flaco dice como al pasar:

–La placa está muy bien, pero sin ese letrista no habría pulpera famosa… La cuestión es la letra…

–¿Qué te pasa, de dónde sacaste eso? –contesta Daniel levantando las cejas.

–La gente canta Sur por lo que escribió Manzi, Tinta Roja por Cátulo, Uno por Discépolo… Y La Pulpera… por Blomberg…

–Ah sí, Pichuco no tuvo nada que ver, ni Piana, ni Mores… Ni Maciel… Dejate de pavadas.

Sin esas magníficas piezas musicales, las letras sólo hubieran sido poemas impresos en algún papel. Muy buenos, sí, pero nunca hubieran sido cantados por la gente…. Un tango, un vals, como cualquier canción, son letra y música. La gente, como decís vos, cuando canta en la ducha, canta música y letra. Al silbar, silba la letra; no recita. Si hasta cuando se baila, salvo en los temas instrumentales, se va pensando en la letra.

–No exageres, che, no exageres.

–No exagero nada. Y menos en este caso. La cosa empezó cuando Blomberg le llevó sus poemas a Corsini, y el gran cantor, que estaba en un momento de pleno éxito, le dijo que se los diera a Maciel para que les pusiera música.  Así empezó la dupla.

–Parece que Corsini no se equivocó…

–Para nada.  Maciel fue un gran guitarrista y un compositor excepcional. Ya por el ‘20, aparece su tango La tipa, con letra de Enrique Maroni, que graba Rosita Quiroga… Y en ese tiempo arma una orquesta que actúa en dos radios: Porteña y Argentina. Fijate que lo contrata la RCA Víctor para acompañar a varios cantores. A tal punto anduvo bien esa agrupación que animaba los bailes del Luna Park.

–Algo debía tener…

–¿Algo? Era muy bueno. Y cómo compositor, anotá los nombres de autores cuyos tangos tuvieron música de Maciel: Cadícamo, el Cele Flores, Batistella, Sanguinetti, Brancatti, y tantos otros…

– Sí, todo muy lindo, pero la fama le llegó gracias a la etapa con Blomberg.

–Dejate de embromar.  Antes de eso la trayectoria de Maciel era más que importante. Como guitarrista había acompañado nada menos que al dúo Magaldi-Noda. Hasta que se cruzó con Corsini, quien le presentó a Blomberg, que era un reconocido periodista, dramaturgo y, claro, un gran poeta. Entonces se convirtió en letrista casi exclusivo de Corsini y toda su obra famosa es precisamente junto al Negro Maciel. Seguí anotando.

–Dale, dale…Dejate de hacer el erudito y dale…

–Son treinta y seis obras… Te digo algunos títulos, además de la Pulpera: La que murió en París, China de la Mazorca, Rosa Morena, El triunfo de Rosas, Bailecito del sur, La Parda Balcarce, Flor de Pajonal, Violines Gitanos, La Guitarrera de San Nicolás, El Adiós de Gabino Ezeiza… Y bueno… Es cierto que formaron una dupla magistral, especialmente con ese ciclo dedicado a las historias de unitarios y federales.

–Ves que tengo razón… Por qué en el cuadrito de la pared están juntos…

–Es cierto que fueron una pareja extraordinaria. Podrían ingresar al cuadro de honor con Cobián y Cadícamo, Gardel y Lepera, Piana y Manzi, los hermanos Expósito…

–¿Te das cuenta de que Blomberg era un fenómeno?

–Si nadie lo niega. Cómo no reconocer su talento poético.  Y gracias a Dios que se acercó a la música popular. Así pudo llegar a todos. Cómo no tener en cuenta sus libros de poesía, sus relatos radiales de calidad, sus artículos periodísticos… Pero hay que aceptar que el esplendor y la permanencia, llegaron con La pulpera. Y no se puede negar que su presencia en la memoria colectiva se produce por su encuentro con Maciel…

–Al final, parece que estamos de acuerdo.

–Y sí. Claro… Mirá, no sé en qué barrio nació Blomberg, pero hubiera merecido nacer en Boedo. ¿No te parece? Bueno, hoy te toca pagar a vos. Me voy porque se me hace tarde. Chau…

El flaco pide otro café y mientras espera que se lo traigan mira por la ventana y, casi sin mover los labios, canta muy bajito:

¿Dónde estás con tus ojos celestes / Oh, pulpera que no fuiste mía? / Cómo lloran por ti las guitarras / Las guitarras de Santa Lucía.

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