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Los primeros pasos

De cuando Alejandro Agresti era sólo un asistente de dirección en Canal Once. Mario Bellocchio

De Izq. a der.: (?), Jorge Herráiz, Alejandro Agresti, Rubén Aldao, Paquita Muñoz, Elio Marchi, Andrés Aráoz y Alberto Rossi (Teleonce-c. 1983)

Cuando la “canaleta” (Teleonce) daba sus primeros vagidos como emisora de televisión en Pavón 2444 el 21 de julio de 1961, en una casa cercana del propio barrio ––San Cristóbal– un tal Alejandro Agresti berreaba solicitando cambio de pañales a sus 49 días de vida –había nacido el 2 de junio–. En aquel bebé estaba gestándose el productor y director de cine, guionista, escritor, artista visual y realizador de prestigio internacional que fue compañero nuestro allá por los inicios del color…, y la democracia.

Hace unos días, revolviendo arcones digitalizados, me topé con una foto de un alto de grabación de los copetes de aquel programa de los 80’s llamado “Nuestro cine” donde se ve a Rubén Aldao, Paquita Muñoz, Elio Marchi, los camarógrafos Jorge Herráiz y Alberto Rossi y el sonidista Andrés “Popeye” Aráoz –a quien debo el origen del “click” encontrado– y allá arriba un sonriente jovencito de barba y melena a quien identifiqué de inmediato: Alejandro Agresti en una de sus incursiones en la bautismal etapa televisiva.

Resulta que a Rubén Aldao, el conocido locutor y animador radial y de televisión, aquel del “Club de Barbas” –“Sin ustedes ahí, nosotros aquí…, ¿para qué?”–, se le ocurrió, en 1982, la excelente idea de conducir un programa de televisión en “homenaje al cine argentino” –según decía–, que contaba con la producción de Elio Marchi –gestor-pescador de los filmes que se proyectaban en el ciclo– y la colaboración de Paquita Muñoz y un joven asistente de dirección que por entonces changueaba con labores en la tele vinculadas al cine, su verdadero metier según demostraría pocos años después.

Ver en la foto a Elio Marchi como productor del ciclo televisivo, luego protagonista del primer éxito cinematográfico comercial de Agresti: “El amor es una mujer gorda”, me retrotrae a la curiosidad sobre sus relaciones profesionales. El interrogante sigue vigente.

Alejandro había recalado en nuestra tele contemporáneamente con este programa y de inmediato –creo que él lo solicitó– comenzó a desempeñarse como asistente. La dirección de cámaras estaba asignada erráticamente –en algunas oportunidades recuerdo haber switcheado– ya que se trataba de copetes cuya creatividad de realización transitaba sólo por lograr buenos efectos visuales generalmente vinculados a los recortes de chroma-key.

Recuerdo vagamente algún diálogo con Agresti, por entonces un pibe alegre y afable aunque ya asomaba en él cierta pizca de soberbia cuando vertía alguna opinión sobre las realizaciones cinematográficas.

“Es un tipo polémico, y lo sabe” –comentaría un par de décadas más tarde Martín Pérez en Página 12 en un reportaje al ya afamado dire– “Por eso cuestiona todas las preguntas, trata de no tomar impulso al responderlas, de escaparle a su naturaleza. Claro que generalmente no lo consigue. Alejandro Agresti incluso admite ser un tipo impulsivo y soberbio, como su cine. ‘Pero honesto’, apunta. ‘Y no me banco que intenten decir lo contrario’, dice desde el lugar del director talentoso y frontal que lucha solo contra todos” (1).

Pero a fines de la década de 1970 y comienzos de los 80’s, todavía Alejandro es un pendex veinteañero con ínfulas y más que claros propósitos fundamentados en sus incursiones como guionista de cortometrajes cinematográficos: El zoológico y el cementerio” (1978), “Sola” (1979), “La araña” (1980) y “Tú sabes mi nombre” y “Los espectros de la Recoleta” de 1981.

Recuerdo haberle oído contarme de sus relaciones afincadas en Holanda (Países Bajos) y sus propósitos emigratorios –que luego concretaría– relacionados con el cine para lograr coproducciones con ese país que le permitieron financiar sus primeros intentos.

Pero ya estaba en ciernes su primer estreno “comercial” sobre un tema caro a nuestra sensibilidad: la oprobiosa época de la dictadura y la desesperación de un joven periodista –Elio Marchi– que le toca transitar esos tiempos heroicos para la supervivencia. “El amor es una mujer gorda” estrenada comercialmente en 1987 que catapulta a Agresti al reconocimiento popular. Atrás había quedado –en 1984, inconcluso– su primer intento: La neutrónica explotó en Burzaco”.

Seguirían de su batuta y guionización: “Boda secreta” de 1988, “Luba” de 1990, “El acto en cuestión” de 1993 y “Buenos Aires viceversa” de 1996 que cuenta con la particularidad de su participación actoral en el papel del “ciego” y su labor de dirección de la fotografía del film. Se trata de la primera película de Agresti con una distribución más profesional que le permite convocar a 80.000 espectadores en Argentina previo lauro en el Festival de Cine de Mar del Plata, donde fue aclamada por el público. El film luce un notable elenco encabezado por Vera Fogwill y su banda sonora cuenta con temas de Pescado Rabioso y Sui Generis.

Fredy Friedlander, periodista de “Ultracine”, comenta: “La cruz”, producida en 1997 pero estrenada un año después, tuvo mucho menor éxito comercial y de críticas que la anterior. El rol central lo tiene Norman Briski (…), en un film que seguramente fue realizado aprovechando la disponibilidad de casi todos los actores de “Buenos Aires viceversa”.

“‘El viento se llevó lo que’ (1998) marcó cierto progreso tanto artístico como de taquilla comparado con ‘La cruz’, que fue su mayor fracaso comercial. Ganadora de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en su elenco participaron actores de films anteriores (Carlos Roffé, Sergio Povés Campos, Mario Paolucci) con dos figuras internacionales como Jean Rochefort y Ángela Molina” (2).

Vera Fogwill, Fabián Vena y Ulises Dumont completan la lista en la que este último se destaca en un recordado monólogo, en principio gracioso, sonrisa que se transforma en dolor cuando describe como sufrió la tortura en plena época del Proceso.

Ese mismo año la novela “Una noche con Sabrina Love” de Pedro Mairal gana el premio Clarín  otorgado por un prestigioso jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. El libro transformado en un suceso editorial y de ventas lleva a Alejandro a concretar su versión fílmica del tema aportando su propio guión-adaptación.

En 2000 el film homónimo del libro consigue superar la barrera de los 200.000 espectadores –la distribución de Disney parece pesar–, además de contar en su reparto con dos actrices consagradas de nuestra cinematografía, Cecilia Roth y Norma Aleandro, con el debut protagónico de Tomás Fonzi.

En los estertores del siglo –1999– Se muestra quejoso con las críticas, los críticos y sus propios colegas sobre quienes no vacila en pronunciarse: “No soy Javier Torre, que necesita presentar proyectos mediocres para ganar plata”. (3).

Son las épocas de Ménem, y Mahárbiz (Julio Márbiz) al frente del INCAA donde se producen algunos cortocircuitos de Agresti con Salvador Sammaritano y Rodolfo Hermida por la conducción de la Escuela de Cine los que lo llevan a declarar que:“Esa es la razón por la que pienso quedarme en Europa cuando vaya a filmar allá” (4).

“–Cuando regresó a la Argentina era visto como el futuro del cine. Tres años más tarde, se ha transformado en un personaje polémico para sus colegas y para la crítica, que ahora amenaza con regresar a Europa… ¿Se ha preguntado cómo es que llegó a esta situación?”

“–No lo sé del todo bien. Sólo sé que no me merezco que me critiquen impiadosamente, como creo que pasa. ¿Acaso los engañé, les di mal cine, soy un ladrón? “Buenos Aires Viceversa” ayudó a cambiar estéticamente el cine argentino, soy un tipo que exporta cine, gana premios para el país…, pero acá no creo tener el reconocimiento que merecería. Una cosa es ser la esperanza de que las cosas cambien en el cine de un país y otra sentirse mal en ese país. Y si yo me siento mal en un lugar no tengo ganas de quedarme. Prefiero irme, porque más allá de todo hago cine porque me gusta. Es lo que más amo en la vida, algo que creo que queda claro en “El viento…”, le guste o no a los críticos, lo entiendan o no mis colegas” (5).

Pero nada, hasta ahora, en la carrera de Agresti consigue superar en nuestro medio su éxito artístico y de taquilla –300 mil espectadores– de “Valentín” (2002) con la fulgurante aparición de Rodrigo Noya el pibito surgido en un programa de Dady Brieva, “Agrandaditos”, como hermanito “cuida” de su hermana. Hay que valorar el talento de Alejandro para dirigir y acompañar –como padre en la ficción– al pibe, contando su biografía. Valentín “tiene abuela”, y nada menos que Carmen Maura la interpreta. El film resultó ovacionado en el Festival de Mar del Plata.

La tercera producción del sello Disney (Buena Vista) fue “Un mundo menos peor” (2004), en la que quizá sobreestimando el par de éxitos anteriores Agresti injerta papeles secundarios para sucesos ya transcurridos: Ulises Dumont y Rodrigo Noya por caso. La realización resulta sin embargo, materia de mérito y el Festival Internacional de Cine de Venecia le otorga un destacado galardón al que el público no responde equivalentemente.

En un alto de filmación de “The lake house” (2006) con Keanu Reeves

En el año 2000 aparece “Siwolae” (“Il mare”), una película surcoreana dirigida por Hyun-Seung Lee. La Warner decide producir una remake en inglés y convoca a Alejandro Agresti para, hasta el momento, dirigir su único film íntegramente rodado en USA: “The Lake House” (La casa del lago, 2006) con un reparto encabezado por Sandra Bullock, Keanu Reeves y Christopher Plummer. La película, de cuidada realización, recoge la poética belleza y contenido de la original a la que agrega un notable éxito de taquilla que triplica sus costosa realización (40 millones de U$S).

No tengo sala de estreno, bueno, la película también se puede proyectar en funciones especiales –parece decir Agresti en 2014. Y de tal modo estrena su nuevo filme, la comedia “No somos animales”, una coproducción argentino-estadounidense protagonizada por John Cusack, Paul Hipp y Lucila Solá. Una historia que transcurre en nuestro país y en la que Agresti también interpreta un rol principal en el filme escrito por él y Cusack.

“Según ha explicado Agresti, debido a problemas legales entre el productor Pablo Bossi, John Cusack y el abogado de éste, la película no se pudo estrenar con normalidad.  A pesar de ello, desde 2017, la película está disponible en Netflix” (6).

“ ‘Mecánica popular’, su última película presentada por Disney (2016), es minimalista cuando se la compara con obras anteriores ya que transcurre mayormente en interiores (empresa editora de libros) y con un reparto reducido. Agresti construye aquí un film que no se parece en casi nada a sus obras anteriores, aunque nuevamente haya mención al tema de los “desaparecidos” y también a los libros, lo que no debe sorprender ya que él ha escrito varios incluyendo el guión de esta película” (6).

El reparto encabezado por  Alejandro Awada se completa con Marina Glezer, Patricio Contreras, Diego Peretti y Romina Richi.

Hojeando su publicación, haciendo ab-uso de la amistad feibuqueana concedida, me encuentro con la agradable sorpresa de que acaba de concluir el rodaje de un nuevo filme “Lo que quisimos ser”, del que Gustavo Nielsen –el arquitecto vikingo peronista, según su propia definición– participa en una breve intervención y relata que al abordar el guión –“intenté leerlo rápido, pero tuve que parar. Para llorar, digo, de lo emocionante que es. Una película chiquita y tierna, casi un juego. Basada en las vidas imaginarias que todos solemos probarnos cuando describimos ese deseo que casi nunca coincide con lo que hacemos. (…) La película es un homenaje a los intérpretes que pasaron por las horas de filmación de Alejandro; gente haciendo eso que quisieron o no quisieron ser, siempre como vidas ajenas. Haciendo de otros, digo. No de uno, como cuando alguien escribe su propia semblanza” (7).

Los protagonistas son Eleonora Wexler y Luis Rubio.

Hoy que Pavón 2444 es una reserva natural con demolición, Alejandro Agresti recuerda con cariño su tránsito televisivo. Él, que en más de una oportunidad incursionó en la cámara de sus realizaciones: en “Buenos Aires viceversa” de 1996 y en “La cruz” (1997). O en la musicalización de sus películas como en “Buenos Aires viceversa” o en “El hombre que ganó la razón”, recuerda y agradece:

Agresti grabando un copete para el noticiero; el de bigote, a la derecha… (completan el encuadre: la silueta de Rojo, microfonista, Juan Carlos Roussellot tras el pupitre y Jorge Herráiz operando la cámara 3)

“Mis comienzos como el más joven asistente de dirección del viejo canal 11. Tenía 22. (…) Tanto me enseñó hacer tele. Más allá de ver y analizar pelis a mi manera, esa fue mi primera laburante escuela técnica. Me quedaba a dormir en el bunker de asistentes, aprovechaba los estudios vacíos para calcular luces, lentes, distancias, escenografías. Pensar e imaginar en intimidad lo mío… Encima me pagaban, en vez de yo pagar para que me contagiaran tendencias o moditas efímeras a disimuladamente replicar. A algunos no les gustaba que experimentara con dos cámaras en el mismo eje, algo que no obstante seguí haciendo desde Pavón 2444 hasta Hollywood; y claro que recomiendo, según el momento y escena. ¡Gracias compañeros de aquel Leoncio!”

 Aquí quedamos aguardando fecha de estreno de su última realización, aunque nada es seguro sobre todo tratándose de Agresti, lejos del simpaticone concesivo que suele convencer al grupete de la conveniencia de “otorgar butacas” en tiempos de la decadencia de las salas oscuras de pantalla enorme y sonido envolvente arrastradas por la irrupción de las plataformas Netflix, Qubit…, y sus sociedades de responsabilidad limitada, muy limitada.

 

PALMARÉS DE ALEJANDRO AGRESTI

Alejandro Agresti se ha hecho acreedor de numerosas distinciones:

  • “Premio Nuevos Realizadores” de los Palmarés de la 35º edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián por El amor es una mujer gorda.
  • El “Cóndor de Plata” al mejor director y mejor guión por sus películas Buenos Aires viceversa (1996) y Valentín (2002).
  • El viento se llevó lo que fue galardonada en 1998 con la “Concha de Oro” a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.
  • En 2001 recibió el “Diploma al Mérito” de los Premios Konex como uno de los 5 mejores Directores de Cine de la década en Argentina.
  • Y en 2004, el Festival Internacional de Cine de Venecia le otorga el Premio “CinemAvvenire” por Un mundo menos peor.

 

1/3/4/5. Martín Pérez: entrevista al cineasta Alejandro Agresti; “Yo no necesito chupar medias”; Página 12; Buenos Aires, sábado 17  de abril de 1999.

2/6. Fredy Friedlander, “Ultracine”, 2021

  1. Gustavo Nielsen; El ensayo en cuestión; Revista Agenda; 2023

 

 

 

 

 

 

 

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