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¡Liiibertaad! ¡Liiibertaad! ¡Liiibertaad!

CRÓNICAS POÉTICAS DEL TERCER MILENIO. Muestrario de hechos verídicos, otra mirada sobre los tiempos presentes para los habitantes del futuro. Por José Muchnik

Septiembre 2023

¡Basta de manipular el lenguaje! ¡Basta de disfrazar las palabras! De ponerles coloretes rojos y minifaldas, de prostituirlas al servicio de los mafiosos de turno. ¡La libertad de nuestro himno nacional! ¡Esa es la que queremos! ¡La libertad de apropiarse de nuestro destino, la libertad de ser solidarios para construir nuestra historia, una patria de mujeres y hombres libres! ¡¡¡¿“La libertad avanza”?!!! ¿Hacia dónde pretenden llevarla? ¡Hacia el precipicio! Agitan fórmulas seductoras, mientras afilan guillotinas. Me hacen acordar de la fórmula “Arbeit macht frei”, “El trabajo hace libre”, encabezando portones de los campos de concentración nazis. ¡Sí falsos libertarios! ¡Sí falsos liberales! Otros ya pensaron antes que ustedes en la manipulación de esa bella palabra. Y detrás de los portones, los asesinatos, los hornos crematorios, la negación de la condición humana. ¿Y qué hay detrás de vuestra fórmula –La Libertad Avanza–? Ustedes lo explicitan, no hay que buscar mucho: el sometimiento del individuo a las leyes del mercado, en su concepción más ortodoxa, diría aterradora. Reducir las instituciones reguladoras del estado a su mínima expresión y dejar a los ciudadanos libres de ser esclavizados por el Mercado. Para ello eliminar la moneda nacional, erigir el dólar en divisa omnipotente, cerrar el Banco Central… es una cuestión de método, nada debe obstaculizar el funcionamiento de los mecanismos del Mercado, en él creen, o simulan creer, de manera religiosa.

Disculpen, salí con los botines de punta. “Chinches, ratas y fachos” era el título de la nota que había preparado. Pensaba informar a los habitantes del futuro sobre la invasión de chinches que vive Francia en estos momentos. Cunde el pánico, escuelas cerradas, transportes públicos bajo la lupa, la intendenta de París interpela al presidente Macrón, preocupada  por los Juegos Olímpicos 2024: Pese a la modernidad, a la conquista espacial, a la inteligencia artificial…, las chinches están de regreso…, y ya no se puede combatirlas con DDT, sería como matar moscas con un cañón, ejemplificó un especialista en medioambiente. Pensaba hablar también de la proliferación de ratas en New York, pueden buscar en internet, quedarán admirados por la inventiva yanqui: ya organizaron “Rata tours” en barrios como East village, Chinatown o Harlem, tienen mucho éxito. Las chinches de París y las ratas de New York me hubieran conducido a la “Gran Peste” que se difunde actualmente: los fachos. Hubiera preguntado ¿Qué hay de común entre gente como Meloni, Trump, Bolsonaro, Milei, Abascal, Zemmour, Le Pen … etc… etc…? … Fue en ese momento que recibo un mensaje del Dire –Josecito entramos en imprenta el lunes, no te olvides de que vivimos en período electoral. Entonces se me desinflaron las metáforas sobre el reino animal. Retomemos la batalla del lenguaje, resistamos el robo de la palabra Libertad, tal vez podamos recuperar algún voto extraviado. La patria está en peligro, hay que pelearla palabra a palabra, voto a voto.

¡La libertad de nuestro himno nacional! ¡Ésa es la que queremos! Desde la antigüedad el ansia de libertad fue inherente al ser humano. La oposición entre seres libres y seres esclavos marca la historia de la humanidad. La condición de ser libre, de no ser propiedad de un amo, es la condición de base para poder disfrutar de la libertad, de tu tiempo, de tu vida, de tus amores. Así fue en la Roma y en la Grecia antigua, así fue más tarde en los territorios de las potencias coloniales, en África, en América Latina y más allá, donde el desarrollo económico se apoyó en regímenes esclavistas. Pero entre ser libre y ser esclavo, existieron siempre una diversidad de matices y estructuras sociales. Así sucedía con los siervos en la Rusia zarista, o en la Europa medioeval, cuyas tierras pertenecían a los señores feudales a quienes debían rendir impuestos exorbitantes por el derecho a utilizarlas. Al pueblo no le quedaba mucha libertad para disfrutar.

El liberalismo, el verdadero, nace en Inglaterra, con John Locke hacia mediados del siglo XVII. Se trata de un liberalismo filosófico, que defiende las libertades individuales, los derechos “naturales” del ser humano: vida, libertad y propiedad privada, frente al poder monárquico absoluto que se los negaba. Podemos afirmar que en la Inglaterra del siglo XVII este liberalismo era revolucionario. La Revolución Francesa, con su conocido emblema “libertad, igualdad, fraternidad”, se sitúa en esta corriente, de defensa de las libertades individuales frente al absolutismo monárquico. En el artículo 1º de la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789” se establece que: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común”.

El liberalismo económico, con Adam Smith, se apropia de los principios del liberalismo filosófico, defiende el “libre mercado” que en realidad devendrá en “absolutismo de mercado”. Nada debe obstaculizar las libertades de los individuos para desarrollar sus actividades económicas. El desarrollo del capitalismo en el siglo XVIII. El nacimiento de las grandes fábricas y manufacturas, pone en evidencia que el ejercicio de la Libertad está asociado al progreso tecnológico. Miles de personas que debieron abandonar las zonas rurales debido a la mecanización, no tuvieron otra opción que hacer uso de la porción de libertad que el sistema les otorgaba: vender su fuerza de trabajo en las industrias nacientes. Tres siglos de desarrollo del mercado capitalista muestran que el “mercado libre” no es libre, sino todo lo contrario, muestra que está sometido a la voluntad y presión de poderes económicos concentrados. Muestra la exclusión y la miseria social. Muestra las desigualdades internacionales y las guerras a repetición. Muestra las catástrofes ecológicas y climáticas que vivimos fruto de ese “libre mercado”, nada debe obstaculizar su libre funcionamiento en búsqueda de una mayor rentabilidad financiera, constituye el dogma fundador del neoliberalismo. Hacia fines del siglo XX, con Reagan y Tacher se acentúa la ola neoliberal que dura hasta nuestros días, los resultados están a la vista. La privatización de los servicios de salud, de la educación, de la seguridad pública, de las pensiones para jubilados… El “absolutismo de mercado” produce la exclusión social, millones de ciudadanos falsamente libres.

¿Qué pasa con la Libertad en el siglo XXI, frente al nuevo salto tecnológico? Informática, redes internet, ciber comercio, geo-localización, reconocimiento facial, inteligencia artificial… Estamos fichados en los mínimos detalles, desde nuestros problemas de salud, nuestras vacaciones, hasta nuestras películas preferidas. ¿De qué somos libres? Desenmascarar la manipulación de la Libertad realizada por personajes como Milei es esencial, con ellos la libertad no avanzará, los ciudadanos quedarán desamparados, sometidos al poder del mercado y los monopolios, sometidos a poderes judiciales cómplices del sistema, sometidos a los grandes medios fabricantes de verdades a medida.

Frente al poder concentrado de los grandes bancos, de los grupos financieros, de las grandes corporaciones, frente al poder concentrado en lo económico, en lo político y también en lo cultural, la única alternativa para defender un espacio de libertad individual es organizarse socialmente, organizar un proyecto común como individuos, como sociedad, como país, en el cual la mayoría de los ciudadanos se vea reflejada.

Queremos la libertad de los poetas, la libertad del amor, la libertad de la vida, la libertad de comer y educarse, para todos, no la libertad de los modernos predicadores del odio.

 

ILUSTRACIÓN:

Eugéne Delacroix, “La Libertad guiando al Pueblo”. Óleo sobre tela, 1830.

 

 

 

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