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Eladia*

A 16 años de su partida. María Virginia Ameztoy

Suele decirse que los grandes artistas permanecen siempre en el recuerdo de su pueblo. Que su talento, sus obras, sus hechos configuran un legado que no se olvida. Pero el mero recuerdo es apenas un hermano menor de la memoria, ésa que no solo nos hace decir: “¿te acordás de…?”, sino la que nos conduce al autorreconocimiento, al crecimiento y desarrollo del pensamiento crítico. Y solo algunos artistas pertenecen a esta categoría.

Ella trascendió el calificativo de artista ampliando el círculo de sí misma a través del trabajo y el compromiso descartando todo relato pintoresquista de la Buenos Aires tanguera, pulsando al máximo las cuerdas de su espíritu poético y su alma de trovadora.

No es lo mismo hablar de la ciudad que expresarla, escribir poemas descriptivos, que bucear en el barro y los pantanos de la propia identidad para luego sacar a la superficie dignidades y deshonores, más allá de la queja llorona o la mera protesta sin alternativa. En sus propias palabras:

“…todo tiene un mensaje que va dirigido al cambio. No sé si tiene la fuerza para lograrlo, pero lo intenta”.

Y de eso se trata, de intentarlo.

Mucho se ha discutido acerca del arte como propulsor de los cambios sociales, desde las posturas negadoras que creen en un arte incontaminado, situado en algún lugar de la estratosfera y ajeno a toda lucha terrenal, hasta las que afirman que el verdadero arte sólo es el revolucionario. El arte, como expresión cultural de los pueblos –y esto en sentido amplio–, no está por debajo ni por encima de la sociedad, sino que la refleja.

Los inicios del tango-canción representaron un incentivo para los poetas y muchos se inspiraron en la ciudad, algunos románticamente, los mejores testimoniando el tiempo que les tocó vivir. Se ha dicho que el mejor artista es aquel que más fielmente representa a su época.

Y ella en labrar surcos en la memoria fue maestra.

Por eso el homenaje.

Por custodiar la memoria.

 

(*) Eladia Blázquez fue una cantante, poeta y compositora argentina.

Nacimiento: 24 de febrero de 1931, Avellaneda

Fallecimiento: 31 de agosto de 2005, Buenos Aires

Algunos de sus composiciones más conocidas: «El corazón al sur», «Sueño de barrilete», «Mi ciudad y mi gente», «Honrar la vida», «A un semejante», «Si te viera Garay», «Con las alas del alma», «Si Buenos Aires no fuera así», «Somos como somos», «Sin piel», «Prohibido prohibir», «Convencernos». Puso letra al famoso tango instrumental de Astor Piazzolla «Adiós Nonino».

Recibió el Premio Konex de Platino en 1995 y en 2005, ambos como mejor autora/compositora de tango de la década en la Argentina.

Murió el 31 de agosto de 2005 en la Ciudad de Buenos Aires, a los 74 años, debido a un cáncer terminal.

 

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