El circo de la crueldad

No hay un hombre que toque la campana en la puerta de este circo. Por Edgardo Lois

No. No lo hay. Sin embargo, pasen y vean. El circo de la crueldad montó su carpa. Todos adentro. Los viajeros que pasen y vean. La función lleva dedicatoria. Para el pueblo. Una obra que acentúa anteriores. Una obra que se reescribe para que el hijo del barrendero muera barrendero. Todos de parado. De pie los avisados. Los atentos. Los informados. De pie las víctimas mayores. Los desesperados. Los que ignoran el pasado mientras se los lleva puestos la urgencia del día. Los que no saben de ideas. Los hombres crédulos que compran la receta del poder. No defenderás ideas porque todo es lo mismo. Aquellos que creen que mejor es no tener ideas. Ni de uno. Ni de otro. Ser y estar moralmente orgulloso de creerse apolítico. Pues ahora, todos, pasen y vean. Tenga el pueblo querido la certeza de que verá la obra que se eligió representar bajo la carpa de este circo. Sí. Todos de pie. Todos nosotros. Toda queja será reprimida ni bien el pueblo pise donde no deba. El protocolo del circo lo autoriza. Por decreto, ley de dudosa factura, o porque sencillamente se les canta. Así lo mandan las fuerzas del cielo. Limpiarás las calles de todo aquel que se exprese en su defensa.

Las sillas del palco son para los verdaderos dueños del circo. La mejor vista. La mejor manera de pelechar la riqueza. Los que escriben el guión del payaso asesino. Sí, claro. Ese mismo. El de la tv. El que parecía tan impresentable. El que amenazaba con la motosierra. Pasen y vean. Todos, menos ellos, los del palco. Porque ellos ya saben de qué se trata la función. Ellos están de regreso. Otra vuelta en la calesita de mandinga. No llegaron desde una lejana galaxia. Vienen de acá nomás. ¿Quiénes son ellos? Los autores, los que idearon el guión. Ellos. Los Ellos. Los que cobran la entrada. Los dueños de las rejas. Los que alquilan trabajadores para que apaleen a otros trabajadores. Y en estas herramientas de alquiler ni una duda. En automático el disparo en el ojo del otro. Gas hasta que no puedas ver ni respirar. Una vez en el piso molienda gruesa entre tanta patada. ¿Los Ellos? Los dueños. Los cipayos. El poder económico. Los que cada vez construyen la llave que abre de par en par la puerta de la colonia soñada. Renovados los bríos de la colonia cuando exige el imperio. Así transcurre la obra en el circo de la crueldad. Apenas un puñado de meses lleva su mientras tanto. Pasen y vean. Que nadie cierre los ojos. Pasen. Que todos vean para que esta vez nadie olvide la función. Que después de sufrir el circo de la crueldad nadie, nunca más, olvide.

Agotadas las escaramuzas en el pasado reciente del payaso, el susodicho entró a pista. Desde ayer prometía el desierto. He ahí el origen de la arena que va colmando esta pista de circo cruel. Y ganó. Payaso que promete y cumple. En funciones desde hace unos meses el payaso electo se exaspera y amenaza. Cumple desmembrando la esperanza. Pasen y vean al payaso. Que nadie lo olvide. Ya que estamos dentro del circo, aprovechemos la oportunidad de aprender de una vez por todas. Será la obra dispuesta un canto a la crueldad. Mientras tanto el dolor. La destrucción. El temor. El horror. El hambre. La miseria. La no memoria. La mentira que encierra la burla. Hay que vernos en el susodicho circo. De pie todos. Muchos esperando una especie de milagro. Pero esta obra no sucede en el cielo. Ocurre sobre la arena donde habita el león. En el corazón del desasosiego el que de a poco deja de ir al mercado. Claro que sí, hablo de no tener la moneda necesaria para comprar la comida. Hablo de vivir lejos de la carnicería. La verdulería. Hablo de morir lejos de la farmacia donde los remedios aumentan tanto como el precio del asado. Hablo de la tarifa de la luz y el gas. Hablo del precio del pan. De mínima esos pequeños horrores cotidianos. De eso se trata. Así algunos de los actos de esta puesta en escena. Pasen y vean. Condena de mientras tanto en el circo de la crueldad. Todos de pie. Ellos sentados. Tildan, los Ellos sí, de memoria –los Ellos nunca olvidan–, los actos de esta obra que apuntala las vicisitudes de su historia de sangre. Esa necesidad de que el hijo del barrendero muera barrendero llevó a bombardear al pueblo en la plaza. Esa necesidad de desaparecer a aquellos hijos que se resistieron al sistema que siempre defiende al dios del mercado. Esa necesidad de entregarse al poder económico del imperio cuando los tiempos del miserable de Anillaco. Esa necesidad de dar porque es tan lindo dar buenas noticias. Esa necesidad del rey de amarillo de destruir la vida desde su altura de reposera. Entonces la aparición del payaso de esta obra de circo cruel, no es la llegada de un marciano que hoy se le ocurre paralizar la tierra, y transformarla en arena. Pasen y vean. Mientras a todos nos dejan de a pie. Ah, cierto. No a todos. No olvidar. A los del palco, no. A los Ellos no. Ellos tildan orgullosos el accionar histórico de sus mandaderos. Con casco o con Ferrari. Atención, vista al pasado. Ahora vista al frente. Pasen y vean. Los Ellos no se pierden detalle. Ya lo dijo el poeta Josecito de la ferretería. En estos tiempos crueles, el poeta acuñó el término destructivismo. Luego, el payaso, un destructivista. Y los Ellos, apologistas de la gorra y del sálvese quien pueda, también destructivistas. Los Ellos medran y se reproducen en la ignorancia que funda al individualista, que nace en la negación de la memoria. Los Ellos festejan, afirma Josecito de la ferretería, dentro de las prácticas asesinas de la barbarie de mercado. Entonces pasen y vean. Aquí estamos. Aquí nos trajimos y también nos trajeron. Salú a los medios de comunicación.

Muerte al Estado. Meta tajo de motosierra y a la bolsa. Da lo mismo el recorte en jubilaciones y moratorias, en salud, educación, cultura, ciencia y técnica. Acá tienen ustedes lo prometido. La obra pública ha muerto. El payaso, en el centro de la pista avisa que por ello siente orgullo. Quién se atreve a contar a los sin trabajo. Así el acto rabioso en el circo de la crueldad.

Desde el costado de la pista, la primera écuyère del payaso, evalúa nuestra cara. La caripela de los viajeros condenados. La écuyère ladra, alienta, y el payaso ahora habla de héroes. Nada que ver con los muchachos obligados a ser héroes en Malvinas. No. Los héroes a quienes se refiere el payaso son los fugadores de dólares. Aquellos que logran zafar de los controles del Estado. El payaso se babea de feliz ante su ocurrencia. La écuyère aplaude ardida en seducción. El drama para el pueblo está planteado.

Desarrollado el puñado de personajes. Vueltas a escena fueron las recetas liberales de ayer. Cuando no quedó una fábrica en pie. Miles los desocupados. Los condenados. Es cierto. Jamás con el descaro, la ignorancia y la burla del payaso que sigue de show en el centro de la pista. Función en el circo de la crueldad. Pasen y vean. Sí, ustedes, los de a pie. Y que nadie venga a decir que ojalá al payaso le vaya bien. Porque es un error. Si le va bien al verdugo, peor para el condenado.

Todo parece controlado bajo la carpa. Sin embargo, la palabrita aparece. Pero…, y entonces sucede un chiflido general en diversas sintonías. Aparece el chiflido que viene desde la memoria de la última dictadura cívico militar. Un chiflido desde los 40 años de democracia cuando, de repente, el payaso pinta su cara en un decreto que intenta pasar sobre el Congreso. Un chiflido en las calles del paro y movilización de trabajadores. Y de todos los condenados de la cultura, la educación. De todo aquel que transita su vida en el mundo del trabajo. Pasen y vean cómo nosotros, los condenados, resistimos la condena. Uno al lado del otro. Y en el otro la patria. La resistencia después de la motosierra y la licuadora. Acaba de terminar la primera  y la segunda parte de la obra. De la misma manera que sucedía en el circo criollo mientras perseguían a Juan Moreira. Moreira ha muerto. Que viva Juan Moreira desde esta nuestra oposición al circo de la crueldad. Para poner fin a tantas injusticias. Que viva lo inesperado en este nuevo quehacer después de la derrota. Solidarias jornadas donde el pueblo bajo la carpa rompa el silencio de lejanías. Que baje a la pista. Que grite resistencia y esperanza. Como sucede. Como ha empezado a suceder en estos meses. Juntos. Todos juntos. De pie por elección y no por mandato. De pie el vecino, el profesional, el universitario, el director de cine, el colectivero, el obrero, el recolector de residuos, el cartonero, el poeta, el que vive en la calle, el comerciante. Todos juntos. La mano tendida hacia el otro tratando de asir lo mejor de nuestra condición humana.

El payaso asesino estalló furioso. Alcanzó a decir que él era tan, pero tan grande, que se habían tenido que juntar todos para enfrentarlo. Ceguera y soberbia. El circo de la crueldad tiene final abierto. Así parece. A pesar de la compra de voluntades en la renovada intentona por ser colonia. Así parece. Ojalá. Permanecer en la resistencia es, debe ser la idea. Todos juntos.

Edgardo Lois / Mayo 2024 / Buenos Aires

www.delaescritura.blogspot.com.ar

(Ilustración de Mario Bellocchio tomando como base u fragmento de "El circo Une écuyère un caballo, un payaso y acróbatas". 
Pintura de Georges Seurat)
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