Imaginate

Hace más de dos meses que no se sabe nada de Facundo Astudillo Castro (22). Salió de su casa en la localidad de Pedro Luro rumbo a Bahía Blanca para ver a su novia, pero en el camino lo detuvo la Policía Bonaerense y le hizo un acta por violar la cuarentena

Según certifica perfil.com.

Imaginate que tenés un hijo. Ya es grande. Tiene 22 años.

Imaginate que vivís en un pueblo. Donde todos se conocen, donde dejas la bicicleta en la vereda, la reja abierta y nunca pasa nada.

Imaginate que tu hijo quiere ir a ver a la ex novia, a esa que no se sacó de la cabeza ni del corazón.

Imaginate que discutis y le decis que no se vaya, pero el es grande y decide ir igual.

Imaginate que no tiene un mango y decide hacer dedo. Pero en un pueblo, donde nunca pasa nada. Donde es común hacer dedo, porque siempre alguien en la ruta te levanta y te acerca.

Imaginate que hay cuarentena, y el pibe no tenía que salir, vos lo sabes y en el fondo él lo sabe. Se mandó una macana. En un pueblo, tranquilo, en el sur, en el frío, en la ruta, nunca pensó que pasaría algo, que sería grave, el tan solo quería volver a la casa de su ex, y tal vez pasar allí la cuarentena, y tal vez, compartir el frío de Bahía Blanca, los mates y el amor que a los 22 años estalla en las venas.

Imaginate que te llama la cana, y que te dice que lo detuvieron, pero que no pasa nada.

Imaginate que después te llama tu hijo y te dice que no lo vas a ver más. Y corta. Y nunca más te llama ni te atiende.

Y la cana te miente. Y la cana te dice mil versiones distintas. Y la cana te oculta información.

Imaginate que la última foto de tu pibe, es esposado, al lado de un patrullero. Esa foto que te dijeron que no existía, está. Y un diario local la comparte. Pese a que la cana te dijo que no. Que era imposible.

La última foto de Facundo

Imaginate que gritás y nadie te escucha.

Imaginate que los medios nacionales no repiten todo el día la noticia. Están ocupados en otra cosa.

Imaginate que nadie se espanta con vos. Que nadie grita con vos. Que nadie, absolutamente nadie hace algo para que tu hijo aparezca.

Imaginate que los que antes reclamaban por la desaparición de otro pibe como el tuyo, ahora especulan que esta vez no.

Imaginate que los que rompen el silencio, lo hacen en soledad como en otras épocas de pañuelos y rondas.

Imaginate que los nueve meses en la panza, que los años de escuela, que las tardes de merienda, que los bailes, que los partidos, que los goles, que los besos, los abrazos, los vieja llegué, los vieja me voy, los vieja te quiero… Todo eso ya no está. Todo eso desapareció. Te lo robaron.

Imaginate por un segundo todo eso.

Imaginate por diez minutos todo eso.

Yo no se vos, pero yo tengo un hijo.

Y me resulta intolerable, increíble, inaceptable, imaginarme todo eso.

Ahora, imaginate que el pibe que falta es el tuyo. Gritarías no?

Bueno. No seas parte del silencio. Gritá. Gritemos todos.

Nos falta Facundo. Queremos que aparezca. Se lo debemos a él, a su pueblo, a su gente y a su mamá. Porque cuando dijimos nunca más, era nunca más. Y era en serio.

 

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