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¡Virus al ataque!

Por Mario Bellocchio
“Tu computadora HA SIDO INFECTADA  por (13) virus en los (5) últimos minutos!”

–Recibo a diario, como millares de desprevenidos usuarios, la alarmante noticia que incluye el fatídico “13”, logotipo de Google y bip de alarma del microprocesador. Y sigue…

–“Esto puede haber sido causado por navegar en páginas inseguras de contenido adulto o ilegal”.

–Ahí va el metamensaje con pretendida argumentación de culpabilidad moralista: “adulto o ilegal”. Ahora que ya te sentís un delincuente masturbófilo te ponen en conocimiento de las consecuencias si no procedés rápidamente (¡Llame ya!!!)…

–“Si no eliminas estos virus, podrían infectar tus archivos de sistema y dañar tu equipo hasta descomponer el disco duro en menos de 10 minutos”.

–¡Mi Dios! ¿Y ahora qué hago? Como para que no te quepan dudas de cómo te tienen fichado, a continuación te informan cuál es tu sistema operativo “infectado” –aclaran–, tu ámbito de ubicación de residencia del equipo y tu Nº de IP  (número que identifica a cada dispositivo dentro de una red). Pero esta buena gente te tiene la solución a mano… Y ¡Gratuita!

“Haz clic en el botón ‘DESCARGAR’ para obtener un Antivirus Gratuito certificado por Microsoft”.  

Repentinamente la “voz de la conciencia” cambia el trato de “tú” al adusto “usted”…

–“Posteriormente ejecute la aplicación y realice un escaneo completo del sistema lo más pronto posible. DESCARGAR ANTIVIRUS GRATIS”.

–Solidarios, alertas y generosos… ¿Tanto?

“Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”, dice un viejo aforismo anónimo recelando sobre algún propósito oculto.

No es algo novedoso la oferta de protección. De hecho, las compañías vendedoras de alarmas acuden con presteza y hacen su negocio en los lugares donde –no se sabe cómo ni por qué y hay gente interesada en que no se sepa– ha recrudecido la ola de asaltos domiciliarios.

La Mafia, nacida en Sicilia, Italia, allá lejos y hace tiempo, exportada a Irlanda, Reino Unido y Estados Unidos, se dedicó, en principio, a la protección: vos padecés la delincuencia, yo te protejo de esos indeseables; vos tenés un virus yo te hago de antivirus.

Luego vino el crimen organizado y el tráfico de sustancias prohibidas, pero al comienzo, todo era la protección. Primero se generaba el miedo y luego se vendía la cobertura. A este tipo de accionar se lo conoce como “procedimiento mafioso”.

Un virus es un conjunto de programas, instrucciones y reglas informáticas (software) que permiten ejecutar distintas tareas en una computadora , cuyo objetivo es alterar el funcionamiento normal del equipo sin el conocimiento de su usuario. Hay una enorme cantidad de virus informáticos de una gama enorme de peligrosidad, desde los “inocentes” a los realmente peligrosos para el ordenador.

Los virus no proceden de generación espontánea, son producto de la tarea  de expertos en informática –crackers, hackers, sombreros negros y blancos– pelean por los títulos que les caben de acuerdo a su actividad, desde lúdica a altamente delictiva recorriendo todas las escalas.

El primer virus conocido se llamó Creeper y atacó a una máquina IBM Serie 360 en 1972. Periódicamente proyectaba su mensaje en la pantalla: “I’m a creeper… catch me if you can!” (“¡Soy una enredadera…, agárrame si puedes!”). A raíz de este problema se creó el primer programa antivirus denominado Reaper (segadora).

Después de la existencial duda del “Ser, o no ser” shakesperiano uno de los principales interrogantes que se le presentan al “homo informáticus” es: “¿Qué fue primero, el virus o el antivirus?” Hay sobradas razones para sospechar que primero se sembró la enfermedad y ahí aparecieron los milagreros para vender el antídoto. Los procedimientos mafiosos de publicidad como el que ilustramos parecen corroborarlo. Pero, ¡Cómo! ¿No es gratuito? –Sí, el antivirus básico, sí. Pero es como si se regalara un automóvil con las cubiertas y el volante como opcional. Lo demás hay que pagarlo.

Dicho sea todo lo dicho, informo que nunca le di pelota a esta amenaza de destrucción total y que, quitados de mi vista los alarmantes anuncios, seguí trabajando como si nada hubiera ocurrido. Salvedad importante: quien habla usa para su trabajo la computadora no menos de diez horas diarias y sabe de la existencia real de virus informáticos potencialmente peligrosos. De manera que como el vidrio no ha sido inventado para mascar, el susodicho aparato pasa sus reglamentarias horas de desinfección y de actualización sobre listado de nuevas “creaciones” de estos buenos muchachos a fin de ponerse a resguardo de sus cañonazos.

Eso sí, cuento con un buen antivirus1 –del que pude elegir calidad y precio– sin presiones mafiosas ni amenazas incumplibles, pero amenazas cazabobos al fin2.

 

  1. Inútil insistir sobre la marca del producto. Lo último que desearía es ayudar a uno de estos fabricantes de fantasmas a llevarse una moneda por un comentario mío.
  2. Los antivirus son programas altamente invasivos –de hecho deben estar presentes en todo lo archivado para poder actuar– por lo que no resulta recomendable tener instalado y en funciones más de un antivirus en el equipo con el riesgo de bloqueo de la actividad de uno sobre la del otro.

 

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