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Una nueva moda policial: la victimización
Por Mario Bellocchio

Parece que en la escuela de Patricios al 1100 los aspirantes a cadetes de la Policía de la Ciudad cursan una nueva materia: “Cómo victimizarse”. Entre las particularidades inherentes a la represión de manifestaciones figuraría “Periodismo gráfico” como uno de los grupos de altercados más fácilmente culpabilizables dadas las características propias del oficio sobrecargado por la necesidad de involucrarse en los forcejeos para ubicar el encuadre usando su “arma” –la cámara–  para dar testimonio de los hechos: un “bocadillo fácil”, dirían los atorrantes que paran aquí a la vuelta.

Antes de la detención Ávila fotografía a su acusador

Cuentan las malas lenguas que el instructivo de enseñanza de “Cómo victimizarse”, subrubro “Periodismo gráfico”, incluye videos futboleros donde el propio Ricardo Centurión explica cómo rodar espectacularmente al sentir el primer contacto y cómo lloriquear haciendo señas de tarjeta roja al árbitro. En este tramo –dicen– los profesores se encargan de señalar que el árbitro sería el oficial encargado del operativo y la tarjeta roja que exige el futbolista debe reemplazarse por el pedido de detención por “resistencia a la autoridad y agresión”, una acusación de fácil probatoria con un par de perejiles curiosos que hayan observado la escena tomados en espontáneo muestreo vial, que tienen la obligación de testimoniar bajo la ruda presión de la comisaría más cercana –la elección de los candidatos a atestiguar es otra de las materias que se cursarían en Patricios–.

La detención de Ávila

Si este caso tuviera como objetivo la cacería para escarmiento que, si ésto fuera el far-west –y no estamos muy lejos de serlo– podría observarse en profusa difusión de cartelería del tipo “¡Wanted, dead or alive!; se coloca un marcador que siga por toda la cancha al “buscado” y espere pacientemente el momento  de “sentirse agredido” por el audaz reportero gráfico que, obnubilado por grabar testimonio, roce con su frágil, atesorable e imprescidible instrumento de trabajo al “abnegado servidor público”. Como el disfraz de tortuga ninja impide el fingimiento de una lesión auténtica, todo se reemplaza por el escándalo verbal: “¡Me golpeó con la cámara! ¡Fue ése, ése, ése…!!!” mientras se señala a un tal Bernardino Ávila

–“Y ahí empiezan a aparecer todos los policías a intentar agarrarme y yo mientras le intentaba hacer fotos al tipo, porque se me viene corriendo con el palo en la mano”–  …pero, ¡qué casualidad! Este es el fotógrafo que acaba de obtener notoriedad mundial por uno de sus clicks, el de la viejita recogiendo berenjenas, mientras un par de esbirros armados, por detrás de la anciana, sacan su propia foto mental para aprobar “Identikit II” en el examen, cuando el profe los interrogue: “¿Quién fue el hijo de mil putas que sacó esta foto?”.

 

 

Bernardino recupera su libertad

Todo este calvario lo pasó Bernardino durante el “cuadernazo” de la cooperativa Madygraf frente al Congreso, donde resultó detenido junto a otras tres personas entre las que se encontraba Pablo Barrientos, de nuestra colega la “Revista Cítrica”.  Después de casi once horas de detención, Ávila fue liberado y declarará este viernes ante el fiscal Walter López tras ser acusado de “lesiones y resistencia a la autoridad”.

Lo cagan a palos, le dan “paran que tenga y reparta” y se lo llevan en un celular hacia Lugano para tenerlo medio día en cana. A él, justo a él, luego de veintipico de años de profesión, cuando acaba de tener un logro profesional notable. Resulta, con esfuerzo, dejando de lado todas las conspiraciones imaginables, algo muy sugerente.

 

FOTOS: Página 12

 

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