Objetivos del golpe de 1976

La columna de Virginia AmeztoyPrimera plana

El golpe del 24 de marzo de 1976 fue apoyado por diversos sectores… Por María Virginia Ameztoy

…entre ellos miembros de la cúpula eclesiástica. La lista de religiosos eliminados entre 1974 y a lo largo del “proceso” militar es de tal magnitud que su detalle escapa al objetivo de este artículo; baste nombrar al padre Carlos Mugica, los sacerdotes palotinos y Monseñor Angelelli, asesinados por el Lopezrreguismo y la dictadura procesista.

La cúpula de la reacción eclesiástica tuvo intelectuales orgánicos surgidos de sus propias filas, con recordar a Von Wernick está todo dicho. La desaparición y asesinato de 30.000 argentinos y argentinas fue una herramienta utilizada para cumplir con el superobjetivo de implementar en la región un modelo económico de transferencia de ingresos al centro de poder económico, a través de la entrega del país a capitales trasnacionales. De este modo aniquilaron a personas, ocultaron sus cuerpos y quisieron borrar en la sociedad la lucha por un modelo más justo.

Los militares que llevaron a cabo el golpe fueron la mano ejecutora que respondía a grupos políticos y sectores sociales opuestos a gobiernos de corte popular, a la inclusión de las mayorías y a la redistribución del ingreso.

Militares derrocando a gobiernos elegidos por el pueblo, golpes contra la inclusión de las mayorías y su derecho a participar en la redistribución del ingreso, contra la distribución del mismo en el sector secundario –la industria– por los que consideran que sólo debe favorecerse al sector primario –el agroganadero–, golpes fogoneados por los beneficiarios de la transnacionalización de la economía, de la transferencia de fondos nacionales a los centros de poder económico, golpes a favor del capitalismo financiero y la privatización de los ingresos. Golpes que benefician a los mismos de siempre y que apoyan algunos que jamás serán beneficiados, pero que no lo saben. O no quieren saberlo.

Los países de nuestra región fueron diezmados en las décadas de 1970 y 1980 por el plan sistemático de coordinación de operaciones entre las dictaduras del sur de América Latina –Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia– y la CIA: el Plan Cóndor, una operación clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las dictaduras. Cumplido el propósito genocida, durante la década de 1990 los países de la región fueron despojados de sus riquezas por los gobiernos neoliberales,  privatizadores de todo el capital generado durante años por las naciones.

La violencia física se transmuta en violencia simbólica: el discurso de los medios hegemónicos es el nuevo Plan Cóndor, con los mismos objetivos y la misma sistematización del viejo. Pero con otro plumaje, tan feroz como el de las armas de guerra, en este caso apuntando al pensamiento de los receptores del mensaje. Lanzado desde la masividad de los medios concentrados de comunicación difusores del ideario del capital financiero internacional, el “nuevo Cóndor vuela” en cada país llevado a la práctica por medio de sus personeros locales.

La dictadura genocida instaurada a partir del golpe de 1976. Invasión y usurpación de las vidas y de los cuerpos, clausura del espacio público como lugar de expresión de todos, prohibición de las manifestaciones políticas, persecución y muerte de artistas, intelectuales, militantes y científicos…

En 1983, durante la transición democrática, se promovió el pluralismo, la participación y la apertura del espacio público y político. Pero los saqueadores estaban muy cerca. Pocos años después se reimplantó el ideario neo-liberal que difundía la “conveniencia” de la retirada del Estado, su reemplazo por la privatización de todo, la introducción del capital financiero internacional y la transferencia de ingresos hacia el centro del capitalismo.

Objetivos: restaurar viejos privilegios perdidos y retornar al colonialismo del capitalismo salvaje disfrazándolo con otros ropajes. Porque los pueblos sojuzgados a partir de la instauración del capitalismo de la producción han pasado a ser pueblos devastados por el capitalismo financiero internacional, el capital al que no le interesa la producción, ni la distribución, ni el consumo, sólo manejar al mundo desde el centro del poder financiero de los bancos.

 

 

 

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