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Padre Mugica. A medio siglo de su asesinato

Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe? (Ciudad deBuenos Aires, 7 de octubre de 1930 – Ciudad de Buenos Aires, Villa Luro, 11 de mayo de 1974)

A fines de 1954 comenzó a colaborar pastoralmente con el padre Juan José Iriarte en las misiones a conventillos y casas de la parroquia Santa Rosa de Lima. El propio Mugica describió aquella primera experiencia de contacto con “la gente humilde” y su religiosidad:

El padre Iriarte visitaba a la gente de la parroquia; no la esperaba, la iba a buscar. No se trataba solamente de ir con la palabra de Dios; se trataba de recoger la palabra de los hombres. Tratábamos de hablar con la gente, de comprender. Era un barrio popular y la gente humilde siempre tiene problemas; había por supuesto, que evangelizar, llevar a cada uno la seguridad de que todos eran hijos de Dios, pero aparte, había que tratar de llegar a todo lo demás. A fines de 1954 y durante todo el año 55, íbamos con el padre Iriarte a visitar a la gente en sus casas. Una vez por semana, íbamos a un conventillo que quedaba en la calle Catamarca y charlábamos con la gente. Yo preparaba unos muchachos que luego tomaron la primera comunión; los domingos jugábamos al fútbol.

?Una noche, fui al conventillo como de costumbre. Tenía que atravesar un callejón medio a oscuras y de pronto, bajo la luz muy tenue de la única bombita, vi escrito, con tiza y en letras bien grandes: “Sin Perón, no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos”. La gente del conventillo me conocía bien, yo había intimado bastante con ella durante todo ese tiempo (después seguí yendo, casi todo el año 56). Sin embargo, para mí lo que vi escrito fue un golpe: esa noche fue el otro momento decisivo en mi vida. En la casa encontré a la gente aplastada, con una gran tristeza. Yo era un miembro de la Iglesia y ellos le atribuían a la Iglesia parte de la responsabilidad de la caída de Perón. Me sentí bastante incómodo, aunque no me dijeron nada. Cuando salí a la calle aspiré en el barrio la tristeza. La gente humilde estaba de duelo por la caída de Perón. Y si la gente humilde estaba de duelo, entonces yo estaba descolocado: yo estaba en la vereda de enfrente.

 (https://elhistoriador.com.ar/el-padre-mugica-cuenta-su-historia/. mayo de 1973).

Yo fui antiperonista hasta los 26 años y mi proceso de acercamiento al peronismo coincidió con mi cristianización. Es decir, en la medida en que descubrí en el Evangelio, a través de la Teología que la Iglesia es de todos pero ante todo es de los pobres, como decía Juan XXIII y que Cristo evangeliza a todo sin distinción de personas, pero sí con distinción de grupos y prefiere a los de su propia condición, a los pobres, empecé a mirar las cosas desde otro punto de vista. (Padre Mugica, 1973).

El Concilio Vaticano II

Entre octubre de 1962 y diciembre de 1965 se desarrolló en Roma el Concilio Vaticano II, bajo el liderazgo de los papas Juan XXIII y Paulo VI. El Concilio buscó sacar a la Iglesia católica del “estado de virtual aislamiento respecto de su época”, para vincularla con los problemas, transformaciones e injusticias que atravesaban el mundo. Entre otros problemas el Concilio abordó temas tales como el papel de los laicos, la libertad religiosa, la admisión de los “errores” de la Iglesia, la vida sexual y la inequidad en la redistribución de la riqueza.

Fue el eje de una transformación de la Iglesia Católica que había empezado unos años antes y continuaría después, con experiencias sociales como los curas obreros franceses, algunos de los cuales emigraron a la Argentina amparados por el obispo de Avellaneda, Jerónimo Podestá, conocido como “el obispo de los obreros”, para inspirar la creación de los curas villeros, de los que Mugica sería uno de sus máximos exponentes. Encíclicas papales como Mater et Magistra (1958) y Pacem in Terris (1963), a las que luego se sumaría Populorum progressio (1967), consolidaron una línea de compromiso social y en cierta medida también político, para la acción pastoral. En particular, esta última abordó el tema de la lucha armada y la “insurrección revolucionaria” para combatir las injusticias, recomendando no ceder a la “tentación de la violencia” debido a que son mayores aún los males que crea, pero autorizándola “en caso de tiranía evidente y prolongada”.

 Tentación de la violencia. Es cierto que hay situaciones cuya injusticia clama al cielo. Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en una tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de promoción cultural y de participación en la vida social y política, es grande la tentación de rechazar con la violencia tan grandes injurias contra la dignidad humana.

Revolución. Sin embargo, como es sabido, la insurrección revolucionaria –salvo en caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del país– engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas. No se puede combatir un mal real al precio de un mal mayor.

(Populorum Progressio)

(https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html)

El 7 de septiembre de 1970 mueren en un enfrentamiento con la policía, los líderes montoneros Gustavo Ramus y Fernando Abal Medina. Mugica es quien oficia el funeral, pronunciando la siguiente homilía:

Gustavo y Fernando Luis, que eligieron el camino más duro y difícil por la causa de la dignidad del hombre. No podemos seguir con indefinición y con miedo, sin comprometernos. Recuerdo cuando con Carlos Gustavo hicimos un viaje al norte del país y allí lo vi llorar desconsolado al ver la miseria y el triste destino de los hacheros. Fue fiel a Cristo, tuvo un amor concreto y real por los que sufren; se comprometió con la causa de la justicia, que es la de Dios, porque comprendió que Jesucristo nos señala el camino del servicio. Es un ejemplo para la juventud, porque tenemos que luchar para alcanzar la sociedad justa y superar el mecanismo que quiere convertirnos en autómatas. Que este holocausto nos sirva de ejemplo.

Padre Carlos Mugica (“Argentina. Memoria. 7 de septiembre de 1970: asesinato de Gustavo Ramus y Fernando Abal Medina, fundadores de la Organización Montoneros”. Resumen Latinoamericano. 6 de septiembre de 2021)

Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición.

Carlos Mugica, agosto de 1971.

 (Vernazza, Jorge (1989). “Para comprender una vida con los pobres: Los curas villeros” Buenos Aires: Editorial Guadalupe. p. 21)

En junio de 1972 fue entrevistado por la revista Siete Días en un extenso reportaje titulado “Un cura se confiesa”, que comienza diciendo: “Fue muchas veces señalado como un sacerdote subversivo”.

– SD: ¿Pero cuál es, cuál debe ser la actitud del cristiano ante lo que usted llama el desorden establecido, la violencia organizada del sistema?

-CM: Del Evangelio no podemos sacar en conclusión que hoy, ante el desorden establecido, el cristiano deba usar la fuerza. Pero tampoco podemos sacar en conclusión que no deba usarla. Cualquiera de las dos posiciones significaría ideologizar el Evangelio, que más que una ideología es un mensaje de vida. Pasará Marx, pasará el Che Guevara, pasará Mao, y Cristo quedará. Por eso pienso que es tan compatible con el Evangelio la posición de un Luther King como la ideología de un Camilo Torres.

-SD: ¿En cuál de esas tendencias se enrolaría usted?

-CM: Se me ocurre que actualmente en la de la no violencia. Como dijo Monseñor Devoto: “Yo no soy violento, pero no sé qué va a ser de mí si las cosas siguen así”. Pero ojo: pienso que hay muchos que exaltan la no violencia ignorando lo que es. Porque Luther King, uno de sus principales teorizadores, fue asesinado.

Es decir: la no violencia no es quedarse en el molde sino denunciar, poner bien de manifiesto la existencia de la violencia institucionalizada. Y para eso también hay que poner el cuero. Pero que esté claro: si yo ante el desorden establecido enfrento lo que llamo la contraviolencia y logró reducir la violencia total, es legítimo que la use. Pero si sólo exacerbo aún más la violencia del sistema contra el pueblo, no puedo menos que pensar que es contraproducente que la utilice. ?

El 7 de septiembre de 1973, Mugica pronunció el sermón en una misa de conmemoración del tercer aniversario de la muerte de los líderes montoneros Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus. Su mensaje tuvo como contexto el ataque al Comando de Sanidad por parte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) el día anterior, en plena campaña electoral que llevaría a Juan Domingo Perón a su tercera presidencia. En esa oportunidad Mugica volvió a insistir ante los militantes montoneros y de la Juventud Peronista en la necesidad imperiosa de “dejar las armas para empuñar los arados”:

Como dice la Biblia, hay que dejar las armas para empuñar los arados… Hechos como el de ayer, en momentos en que la Argentina expone su visión justicialista en Argel y el general Carcagno nos habla del ejército liberador y no opresor, resultan una provocación […] Es muy fácil gritar “¡Montoneros!”, o salir en manifestación. Pero no es fácil matar el egoísmo que tenemos dentro.

(de La Serna, Eduardo. «Padre Carlos Mugica (1930-1974)». Cuadernos de la memoria, 2014).

El 1 de noviembre de 1973 Mugica fue entrevistado para una película sobre los Sacerdotes del Tercer Mundo, defendió el socialismo, como un modelo más cercano al ideal de la vida cristiana.

En un programa radial realizado en Chivilcoy el 11 de noviembre de 1973, Mugica criticó el uso de la violencia armada en democracia por parte de Montoneros, la Juventud Peronista y el ERP, condenando puntualmente el asesinato del secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, aún cuando fuera como respuesta a las ejecuciones de jóvenes militantes y actos armados provenientes de grupos sindicales o de derecha, como sucedió en la Masacre de Ezeiza:

[…] Creo que la guerrilla tiene pleno sentido durante la dictadura militar y ningún sentido durante el gobierno constitucional. No tienen que actuar como organizaciones armadas. No se tienen que disolver, por ahora. Para mí la ejecución de Rucci fue un gravísimo error que de hecho se tradujo en un desastre político para la JP… En este momento, ¡para nada las armas! En este momento el problema es entre las armas que tienen los sindicatos, las armas que tiene el CdeO (Comando de Organización Peronista) y las armas que tiene la guerrilla, el Ejército no tiene que ver para nada. Si para vos la burocracia sindical y el CdeO es el pueblo, allá vos. Y para mí muchos de los guerrilleros tampoco son pueblo, te aviso: son pequeño-burgueses intelectuales que aprenden la revolución en un libro y no en la realidad, ¡y juegan con el pueblo! ¡Juegan con el pueblo! ¡Le quitaron la alegría tremenda de experimentar a Perón presidente dos días después de haber sido elegido! Y crearon un clima imperdonable de miedo al pueblo […] un error tremendo de la burocracia montonera, la nueva burocracia […] ¿Quién mató a Rucci? ¡Los montoneros! No es que yo opino, ¡Lo sé! Los montoneros lo hicieron saber directamente. Una cosa es la violencia cuando se han agotado todas las instancias posibles de acción, y otra cosa es la violencia cuando hay un gobierno constitucional elegido por el pueblo. En este momento el ejercicio de la violencia es un ejercicio de la acción antipueblo. Es antipueblo… Entonces me tengo que preguntar: ¿nosotros vamos a golpear? ¿Y si golpeamos evitamos que avancen los asesinatos? Pero da la impresión que por cada reacción de la JP se acentúa mucho más… Entonces, a veces, por un purismo revolucionario lo que hacemos es garantizar la ejecución de cuatro compañeros más.

(Duarte, Juan Manuel (2014). “Entregado por nosotros: Montoneros y el asesinato del padre Carlos Mugica”. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.)

Hacia la misma época, en noviembre de 1973, Mugica reflexionaba sobre el pacifismo y la lucha armada en estos términos:

 Yo creo que al tema de la no violencia hay que verlo en cada lugar. Creo que en el Brasil puede tener sentido, en el sentido de que en este momento la conciencia política del pueblo brasileño no es la conciencia política del pueblo argentino, porque en ellos no existe el peronismo, entonces en este momento, pretender que es posible una insurrección armada, es una utopía. A lo mejor dentro de tres años no lo va a ser. Entonces Helder Cámara decía “no, en este momento el ejercicio de la defensa violenta, o de la defensa insurreccional, lo único que va a lograr es la exacerbación de la violencia sobre el pueblo”… Bueno, pero esa es la situación de Brasil. Acá en la Argentina si no hubiera habido insurrección armada todavía lo tendríamos a Lanusse en el gobierno, esa es la realidad. Con los no violentos seguiríamos con Lanusse, acá. Acá la que precipitó el proceso fue la guerrilla. Creo que toda persona que tenga dos dedos de frente lo advierte. Ni los Curas del Tercer Mundo, ni la CGT. Que todos esos factores también contribuyeron, sí, pero el detonante fue la guerrilla.

(Jorge Rulli y M. Mendoza (18 de mayo de 2014). “A 40 Años del Asesinato del Padre Mugica”.

En un programa de TV, el cura aseguró que, en su visión, el marxismo y la lucha de clases eran “un colonialismo cultural” en la Argentina, ya completamente enfrentado en lo ideológico con los sectores de izquierda dentro del Justicialismo.

Tras el ataque del ERP a la Guarnición Militar de Azul (integrada por el Regimiento X de Caballería Blindada y el Grupo de Artillería Blindado 1) realizado el 19 de enero de 1974, Mugica aseveró:

[…] la violencia ejercida contra un regimiento del ejército, cuyo comandante en jefe es el Teniente General Perón, presidente plebiscitado por los argentinos, además de absurda, y antipueblo, es inhumana y anticristiana.

(Duarte, Juan Manuel (2014). “Entregado por nosotros: Montoneros y el asesinato del padre Carlos Mugica”. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.)

Carlos Mugica creó varias oraciones propias. Entre ellas se cuenta la siguiente de 1969, reiterada hoy por los «curas villeros»:

Señor, perdóname por haberme acostumbrado
a ver que los chicos parezcan tener ocho años y tengan trece.
Señor, perdóname por haberme acostumbrado
a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.
Señor, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de aguas servidas,
de las que puedo no sufrir, ellos no.
Señor, perdóname por encender la luz y olvidarme que ellos no pueden hacerlo.
Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre.
Señor, perdóname por decirles ‘no solo de pan vive el hombre’ y no luchar con todo para que rescaten su pan.
Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí.
Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.
Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz.

(Premat, Silvina. “Curas villeros: De Mugica al Padre Pepe. Historia de lucha y esperanza”. Buenos Aires: Editorial Sudamericana. 2010).

Revista “Las Bases” (págs. 3 y 4 del artículo citado)

En una consulta enunciada como encuesta de la revista “Las Bases” del 30 de abril de 1974, “¿Por qué estamos conformes?”. Las recuadros de la diagramación incluían las opiniones de Jorge Porcel, Silvia Gil Arcay, Pepe Biondi, Arturo Jauretche, Juan Carlos Gené, Mariano Grondona, el RP Ismael Quiles, Nélida Roca, Juan Carlos Colombres (Landrú) y exponentes anónimos del campo popular (un mozo, un obrero, una empleada…) todos ellos, con distintos matices, en tono laudatorio y de conformidad por lo llevado a cabo por el Gobierno nacional.

“Las Bases” fue una revista argentina editada entre noviembre de 1971 y agosto de 1975. Era una publicación partidaria del Justicialismo, y presentaba contenidos de orientación peronista. El director general de la revista era José López Rega, y su hija Norma López aparecía como directora de las relaciones políticas y gremiales de la publicación. Juan e Isabel Perón eran presentados como colaboradores exclusivos.

Revista “Las Bases” (págs. 1 y 2 del artículo citado)

“Yo, fundamentalmente, creo que a un gobierno hay que juzgarlo por sus hechos. En ese sentido sería imposible resumir en pocas líneas todo lo que se hizo. Pero es importante saber que el Gobierno del General Perón ha demostrado una preocupación por los ancianos y los niños, que no son los que más producen, pero sí los que más exigen de nosotros una respuesta humana. Esta preocupación revela un profundo sentido cristiano. Veamos también las viviendas que se están haciendo y las que ya se entregaron. Los aumentos a los jubilados. El deporte propulsado para las grandes masas populares. Veamos también la clara, firme y digna actitud frente a los Estados Unidos, que ha convertido a la Argentina en un  país líder de Latinoamérica. Veamos, por otro lado, la defensa que el Gobierno hace en Costa Rica de la organización demográfica para que aumente el número de hijos argentinos, para que tengamos abiertas las fronteras a los hermanos latinoamericanos y europeos. Y otra más: haber logrado la concertación de voluntades, la coincidencia entre las grandes mayorías nacionales hacia la unidad. Todo esto indica, claramente, un criterio cristiano. Por eso estoy conforme”

Al día siguiente de ver la luz esta publicación –el 1º de mayo de 1974– Perón descalificaba a los “estúpidos imberbes” en la Plaza de Mayo. Y once días después, el 11 de mayo, Mujica era asesinado en Villa Luro.

“Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz…”

Mugica recibía críticas de diferentes sectores, incluyendo amenazas de muerte y atentados contra su vida. El 11 de mayo de 1974, después de las 8 de la noche, fue emboscado cuando se disponía a subir a su Renault 4 azul estacionado en la puerta de la iglesia de San Francisco Solano de la calle Zelada 4771 en el barrio de Villa Luro donde acababa de celebrar misa. Mugica estaba acompañado por su amigo, Ricardo Capelli. Fueron atacados con armas de fuego por dos hombres: Mugica recibió cinco balazos de frente disparados con una ametralladora, mientras que Capelli recibió cuatro.

Los testigos del hecho, en particular Capelli, sobreviviente también atacado, identificaron como autor material a Eduardo Almirón, un policía miembro de la Triple A, que había estado sentado en los bancos traseros de la iglesia, mientras Mugica celebraba la misa.

Rodolfo Almirón, policía y miembro del grupo parapolicial de extrema derecha Triple A reconocido como el asesino de Mugica

Tanto Capelli como Mujica conocían al asesino, porque trabajaba como guardaespaldas del ministro José López Rega en el Ministerio de Bienestar Social, donde también habían trabajado ellos hasta poco meses antes.

Ambos fueron trasladados al hospital Salaberry del barrio de Mataderos, donde fueron operados por el doctor Marcelo Larcade. El propio Larcade ha relatado que Mugica insistió en que primero fuera atendido su amigo:

“Yo no quiero que me operes a mí antes que a él.”

En el quirófano había al menos unas 300 personas, de uniforme y de civil:

“Había una banda de mafiosos adentro del quirófano que lo único que buscaba era la certificación de la muerte de Carlos. Al fallecer Mugica hubo como una especie de desbande y luego salieron. El objetivo estaba cumplido. Era la certificación”.

(Sucarrat, María (11 de mayo de 2014). “Los guardianes de Mugica”.)

Dice el doctor Larcade que la operación de Mugica duró aproximadamente dos horas, pero por la gravedad y cantidad de las heridas sus posibilidades de sobrevivir eran muy pocas. El doctor Larcade ha contado que el parte quirúrgico y la historia clínica que confeccionó inmediatamente después de la operación, desaparecieron y que nunca fue citado a declarar, algo completamente inusual cuando se trataba de muertes violentas.

Capelli fue trasladado a Rawson donde recibió la visita de Jorge Conti, yerno de José López Rega, acto que Capelli tomó como una amenaza de muerte. A partir de ese momento Capelli fue perseguido, amenazado e incluso mantenido como detenido-desaparecido en 1978.

(Sucarrat, María (11 de mayo de 2014). “Los guardianes de Mugica”.)

En octubre de 2020 Patricia Bullrich afirmaba temerariamente que “a Mugica lo mataron los Montoneros”, afirmación que produjo la inmediata reacción de Ricardo Capelli.

“Desmiento rotundamente lo manifestado anoche 3 de octubre de 2020, en el programa de Canal 13 ‘La noche de Mirtha’, por la ex-ministra Sra. Patricia Bullrich y el periodista Ceferino Reato, con respecto a que el Padre Carlos Mugica fuera asesinado por Montoneros. Yo fui testigo y víctima en esa noche, donde me impactaron cuatro balas desde otro frente y nos llevaron juntos al Hospital Salaberry, en Mataderos”.

(Ricardo Capelli, amigo y testigo de la muerte del Padre Mugica, desmintió a Patricia Bullrich. TN. 4 de octubre 2020, 17:20hs)

Sus compañeros de siempre, sus villeros, llevaron el féretro en hombros desde la Villa de Retiro hasta el cementerio de La Recoleta, donde fue inhumado.
El 9 de octubre de 1999 los restos de Carlos Mugica fueron trasladados desde el cementerio de la Recoleta a la capilla Cristo Obrero del barrio Comunicaciones de la Villa de Retiro. Acompañó la ceremonia la murga Los Crotos de Constitución, hecho que conmueve a todo el barrio y que lleva a un grupo de jóvenes a crear la murga Los Guardianes de Mugica.
Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre.

Señor, perdóname por decirles ‘no solo de pan vive el hombre’ y no luchar con todo para que rescaten su pan.

Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí.

Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.

Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz.

 

 

 

 

 

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