El “poder” aprieta

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Una de las viejas “manías” de los editores periodísticos es revolver archivos. Y en esas andaba cuando tropecé con una foto donde Maradona estrecha la mano de Videla en la visita que el campeón juvenil del mundo en 1979 concurre a satisfacer la especulativa invitación del asesino serial a cargo –de facto– de la presidencia de la Nación. De inmediato vino a mi mente como se le está dando manija, con la aviesa intención de disimulo de las otras actividades del criminal de guerra a cargo de la presidencia del país bélicamente más poderoso de la Tierra, a la similar circunstancia de Messi con Trump y pensé: “si hasta Maradona cayó en la celada del poder ¿por qué no Messi?” Y publiqué la foto en mi Facebook personal –¡menos mal que no se me ocurrió hacerlo en el periódico “Desde Boedo”!– sin otro comentario que un epígrafe descriptivo: “Maradona –llevando la copa– estrecha la mano de Videla luego de conseguir como capitán de la Selección Juvenil el título mundial de esa categoría (1979)”.

¡¡Para qué!! De inmediato una pléyade de fanáticos maradonianos me saltó a la yugular con los epítetos más degradantes en ¿defensa? del “Dié”. ¿Y quién lo atacó? Puede que la comparación de situaciones no tolere la del personaje. Y es verdad que Messi está cerca del retiro y Maradona –entonces– era un pendex de 18 años. Pero es absolutamente comparable –y esa fue la intención– la situación de indefensión del crack ante el poder. Ambos “no tuvieron más remedio que…”. 

Por otra parte soy de los que sostienen, a pesar de los años –muchos– que llevo encima, que en fútbol el tiempo archiva sólo los recuerdos de fútbol, como incomparables. Decía, vez pasada, que Fioravanti tuvo que recurrir al eufemismo “gramilla”, para hacernos creer que alguna vez hubo pasto en las áreas del Viejo Gasómetro, ese estadio donde en 1946 se floreó –y salió campeón– un equipo que convirtió 90 goles en 30 partidos, una marca impensable de ahí en más: ¡tres goles por partido de promedio! (Y en esos potreros donde se jugaba comparados con las “mesas de billar” de césped actuales).

Como ídolos inigualables –en su tiempo– Maradona y Messi son “tan comparables” como Maradona con Distéfano, por ejemplo. Las técnicas, los campos de juego, hasta el mismo fútbol era distinto. Y ni hablar de los pesos, dólares que movilizaban aquellos y que hoy moviliza Lio. No hay modo de decir éste es el mejor “de todos los tiempos” porque las circunstancias son distintas. Sólo hay algo a lo que siempre tuvieron que someterse “todos” y es “al poder”. Y el poder tiene sus cláusulas y protocolos ineludibles. Nadie reniega de sus convicciones por verse obligado a estrechar la mano de un presidente que detenta el cargo (y un periodismo gráfico que “escracha” con voracidad de primicia), sea un criminal de guerra, un pedófilo confeso o un asesino desaparecedor de adversarios políticos. 

Nadie está a cubierto de que usen su celebridad en una foto como cortina de humo para disimular el asesinato de un centenar de niñas iraníes en un bombardeo “por error” (sin querer queriendo, decía el Chavo). ¿O alguien cree que el bateparche de Messi-Trump tiene otra intención?

Lo demás, para mí, es lo de menos. El fanatismo nos ha hecho demasiado daño como para seguir dándole prensa –si piensa distinto a mí es un “Hdmps”– a los insultadores seriales que se dan el lujo de amenazar a los que están en su propia vereda confundiendo discrepancia de sutilezas con enfrentamiento de ideas.

Siempre habría que recordar que: “a las derechas las unen sus intereses tan sólidamente como a las izquierdas las separan las sutilezas ideológicas”.

Y se vienen tiempos de recoger barriletes minimizadores y remontar los nuevos de intereses comunes… 

O nos devoran los de ajuera.

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