¡Cómo está el mundo, Facundo!
De vez en cuando parece conveniente observar con otros ojos, con otro gracejo como el de Tomás Martínez, este mundo que nos tocó en el reparto, tanto como para no caer en un berrinche infantil, arrojarse al piso y comenzar a patalear.
De un tiempo a esta parte la cosa se ha puesto más fea y no hay día sin sustos, sin que alguien meta la pata tirando por la calle del medio, armando la marimorena. Entran ganas de hacerse astronauta o algo así, el caso es poner distancia hasta que escampe.
El Séptimo de Caballería, con o sin toque de corneta, carga contra todo bicho viviente y parece que encuentra sioux a perseguir por cualquier sitio. El jefe de esos Jinetes del Apocalipsis tiene grandes iniciativas para ensanchar sus horizontes liándola parda cada día, arruinando literalmente la vida a tirios y troyanos. O sea, a todo hijo de vecino.
No comprendo nada de lo que pasa o puede que lo entienda demasiado. Tengo que revisar mis entendederas, pero, en busca de certezas, pienso que este cenutrio que nos amarga vida, no sólo es un peligroso loco suelto qué confunde el culo con las cuatro témporas, sino el exitoso resultado del Sistema Imperante que lleva varias generaciones amasando el diseño de asesinos en serie y ahora nos ofrece este ejemplar que no para de decir tonterías y de crear nuevas víctimas hasta donde da la vuelta el aire.
Soy, como corresponde, de orientación variable. Al igual que la Parrala, unas veces digo que sí y otras que no. A la guerra, siempre no. Faltaba más.
¡Échale guindas al pavo!
